Firmas Rincón Litúrgico

El Misterio Pascual

El Misterio Pascual, por el sacerdote Valerio Galayo López       

   (Llamados a proclamar, a celebrar y a vivir la muerte y la resurrección del Señor)

 

El Misterio, los Misterios

Cuando hablamos aquí de Misterio o misterios, nos referimos a los misterios que encierran o contienen los acontecimientos decisivos de la Historia de la salvación, especialmente de la vida del Señor, y que, ahora, los celebramos litúrgica y sacramentalmente para participar de esa permanente gracia salvadora, especialmente del acontecimiento salvífico por excelencia: la muerte y resurrección de Cristo, el llamado “Misterio Pascual,” tema que nos ocupa en este trabajo.

El Concilio Vaticano II, a este respecto, nos dice:

“La redención humana y la perfecta glorificación de Dios, Cristo la realizó principalmente por el Misterio Pascual.” (Sacrosanctum Concilium, 5). Por el Bautismo los hombres son injertados en el Misterio Pascual de Jesucristo (…) La Iglesia nunca ha dejado de reunirse para celebrar el Misterio Pascual, leyendo lo que se refiere a él en toda la Escritura y celebrando la Eucaristía, en la cual se hace de nuevo presente la victoria y el triunfo de su muerte” (SC 6).

Dios es un misterio que supera, sobrepuja y trasciende infinitamente nuestras facultades y sentidos, y, cuando queremos explicarle, no podemos expresarlo de una manera completa, agotadora o “unívoca,” como dicen los autores de la “teología negativa.” De Dios es más fácil decir lo que no es que lo que es. Por “analogía”, desde las realidades más perfectas, que conocemos en nuestro limitado espacio humano, damos un salto y decimos, sí, son perfectas, son buenas, son bellas, son…, pero Dios es más perfecto, más bueno, más bello, infinitamente mayor: el “Dios siempre mayor” de la Teología.

El libro sagrado del “Eclesiástico” dice así:

“Los que ensalzáis al Señor, levantad la voz, esforzaos cuanto podáis, que aún hay más (…) quedan cosas más grandes escondidas, sólo un poco hemos visto de sus obras…” (Eclo 43, 30-33).

-S. Justino (s. II). Iª Apología en defensa de los cristianos (61: PG, 6, 419-422):

“Nadie, en efecto, es capaz de poner nombre al Dios inefable, y si alguien se atreve a decir que hay un nombre que expresa lo que es Dios es que está extremadamente loco”. 

-Hans Urs von Balthasar (s. XX).La verdad es sinfónica, Ediciones Encuentro, Madrid 1979, pág. 111.

“Sean cuales fueren las imágenes de Dios (en su inseparable pluralidad) que las religiones humanas y las teologías puedan formarse, ninguna de ellas puede reivindicar para sí una aproximación auténtica al misterio, si no tiene presentes las palabras de Agustín, válidas para el tiempo y para la eternidad: Si decimos que le conocemos, ése no es Dios: “Si comprehendis, non est Deus…”.

Por más que el Padre se nos ha revelado y por más que el Hijo, Jesucristo, nos ha dicho y el Espíritu Santo nos ha inspirado, Dios es un misterio inabarcable en su ser y en su modo de manifestarse: Su persona, su amor, su bondad, su belleza, su sabiduría, su poder…¡un misterio insondable!

¿”Dios es un ser infinitamente bueno, sabio, justo poderoso, principio y fin de todas las cosas”, como afirmaba y definía el Catecismo de Ripalda, y solamente eso…? Sí, pero, siendo esto verdad, no es toda la verdad ni la mejor verdad de Dios. Ésta es una definición esencialista, metafísica y muy incompleta… muy pobre.

Pero, antes de nada y por encima de todo“¡DIOS ES AMOR!”, nos dice S. Juan (1 Jn, 4,8). Y, si Dios es amor, ese misterio de Dios es un misterio de amor infinito. Éste es su ser esencial, su naturaleza, y todas las demás propiedades que le atribuimos

Como quiera que la muerte y resurrección de Cristo es la mayor expresión y manifestación del amor infinito del Señor, el Misterio Pascual -la muerte y la resurrección de Cristo- es, antes que nada, UN MISTERIO DE AMOR, el mayor misterio del amor de Dios en la Historia de la Salvación.

El Misterio Pascual es el mayor de los misterios de la vida de Cristo y el mayor de los misterios de la historia salvadora: El Dios, infinito en su amor, lo manifiesta y lo expresa hasta el extremo de la muerte d su Hijo. Cuando hablamos del “Misterio Pascual” de Cristo, su PASO al Padre a través de su muerte y resurrección (Jn 13,1), que nos disponemos a celebrar próximamente, estamos hablando de ese misterio del amor infinito de Dios, que, en Cristo su Hijo, ha llegado a ser su máxima expresión y manifestación conocida en la Historia de la Salvación. Es el Misterio Pascual, en que el Señor nos introduce en su PASO, conduciéndonos de la muerte a la vida, de la tierra al cielo. Y para que, a su vez, nosotros podamos vivirlo cada día de nuestra vida.

EL TIEMPO del Misterio Pascual

El Misterio Pascual es “LA PLENITUD DE LOS TIEMPOS.” Efectivamente, la muerte y la resurrección de Cristo son los acontecimientos cumbre de la vida del Señor y de toda la historia salvífica: con la maravilla de la Encarnación y la muerte y la resurrección del Señor ha llegado la plenitud de los tiempos. (Gal 4,4-5); (Mc 1,15; Lc 4,21 y 19,44; 1P 1, 18-21; Ef 1,10), la mayor intervención de Dios en la historia de la salvación humana, la mayor maravilla entre las “MIRABILIA DEI.” ¿Por qué? Porque el amor de Dios, a través de su Hijo, le llevó hasta morir de amor por todos los hombres. “No hay mayor amor que dar la vida por los amigos.”, nos ha dicho el mismo Jesús (Jn 15, 13).

– Casiano (s. V).

“…aquel verdadero sacrificio vespertino que el divino Redentor instituyó precisamente en la tarde que cenaba con sus apóstoles, inaugurando así los sacrosantos misterios, y que ofreció al Padre en la tarde del día supremo, que representa LA CUMBRE DE LOS SIGLOS…” (De institutione caenae I,3) (OGLH 39b).

-S. León Magno (s. V).

“Nos disponemos a celebrar aquel misterio, que es EL MÁS EMINENTE, con el que la sangre de Jesucristo borró nuestras iniquidades…” (Sermones de san León Magno, Sermón 10 sobre la Cuaresma, 3-5: PL 34, 299-301). (Segunda lectura del Oficio litúrgico del martes de la semana 4ª de Cuaresma).

-Oraciones colectas que siguen a las lecturas de la gran Vigilia pascual:

“Dios todopoderoso y eterno, admirable siempre en todas tus obras, que tus redimidos comprendan cómo LA CREACIÓN DEL MUNDO EN EL COMIENZO DE LOS SIGLOS NO FUE OBRA DE MAYOR GRANDEZA QUE EL SACRIFICIO DE CRISTO, NUESTRA PASCUA IMMOLADA, en la plenitud de los tiempos…” (Misal Romano, tercera edición, página 304. Oración después de la primera lectura que narra la creación).

EL DIA

El día esperado de la mayor acción salvadora de Dios. Con frecuencia en el Nuevo y Antiguo Testamento se alude al “día de Yahvé”, como a una intervención salvadora definitiva de Dios: por ejemplo en Jeremías, 31, 31:

“He aquí que vienen días, oráculo del Señor, en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva”.

Con razón la liturgia de la Pascua tiene como canto de entrada preferido el salmo 117:

                                 “Éste es el DÍA, en que actuó el Señor…”

LA HORA                                                                                         

El Misterio Pascual fue la HORA siempre soñada y esperada por Jesús. Este deseo de amar y entregar al Padre y a los hombres hasta el extremo de la muerte le devoraba a lo largo de su vida, y aparece expresado en distintos momentos, a lo largo de su existencia:

Ha llegado la hora de que este hombre sea entregado en manos de los pecadores”. (Mt 26, 45). “Sabía Jesús que había llegado para él la hora de pasar de este mundo al Padre” (Jn 13, 1). “Todavía no había llegado su hora” (Jn 7, 20). “Padre, ya ha llegado la hora” (Jn 17, 1).

Esperaba impaciente esa hora, porque era el momento en que iba a manifestar el mayor amor, la mayor obediencia y entrega a Dios, su Padre, y a los hombres, sus hermanos.

Era, igualmente, la hora en que se verían más honrados y glorificados el Padre y el Hijo

Así nos los dicen san Juan, san Pablo, la carta a los Hebreos y algunos autores antiguos:

-“Padre, ha llegado la hora, manifiesta la gloria (honra u honor) de tu Hijo, para que tu Hijo manifieste la tuya” (Jn 17, 1 y 2).

“Apareciendo como un hombre cualquiera, se rebajó, haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el nombre sobre todo nombre…” (Flp 2, 7,11).

-“Vemos a Jesucristo coronado de gloria y honor por su pasión y muerte…” (Hebreos 2, 9).

-“Pues que el Señor saliera llevando el leño de la cruz; ese leño que habría de convertirse en cetro de soberanía (…) Este gloriosísimo vencedor del diablo llevaba muy significativamente el trofeo de su triunfo (…) Que nuestro ánimo, iluminado por el Espíritu de la verdad, reciba con puro y libre corazón la gloria de la cruz” (S. León Magno [s. V]. Sermón sobre la pasión 6-8: PL. 54, 340-342).

-“Reinó Dios desde el madero. Árbol hermoso y resplandeciente, adornado con la púrpura del Rey…” Versos del himno litúrgico “Vexilla Regis prodeunt,” de Venancio Fortunato, (s. VI), a quien pertenece también el himno “Pange lingua gloriosi lauream certáminis”), con igual argumento.

Oración de Vísperas del viernes de la segunda semana del Oficio:

“…concédenos contemplar con tal plenitud de fe la gloria de la pasión de tu Hijo que siempre nos gloriemos confiadamente de la cruz de Jesucristo”

La Iglesia celebra el 14 de septiembre la fiesta de La EXALTACIÓN de la Santa Cruz.

-“Adoramos tu cruz, Señor; recordamos tu GLORIOSA pasión” (2ª antífona de la segundas Vísperas de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz).

En la muerte del Señor llegó a la mayor plenitud y se manifestó su amor

Su fidelidad y su obediencia; su entrega y su ofrenda al Padre y a los hombres, sus hermanos, condujeron al Señor al límite de un amor infinito y a la muerte. ¿Qué más pudo hacer el Señor por los hombres…? En los himnos litúrgicos que acompañan la adoración de la Cruz, el Viernes Santo, encontramos esta queja infinitamente amarga puesta en los labios del Señor, aludiendo a la parábola de la viña, a los viñadores homicidas, de que nos hablaron el profeta Isaías, los Salmos y el mismo Jesús: “¿Qué más pude hacer por ti?.” “Yo te planté como viña mía, escogida y hermosa…” (Misal Romano, 3ª edición, Viernes Santo, “Improperios”). 

El poder y fuerza del Misterio Pascual

Aparecen en los prefacios de la Pasión y Pascua:

“…Porque en la pasión salvadora de tu Hijo el universo aprende a proclamar tu grandeza y, por la fuerza de la cruz, el mundo es juzgado como reo y el Crucificado exaltado como juez poderoso…” (Prefacio 1º de la Pasión, Misal Romano, 3ª edición).

“…Porque se acercan ya los días santos de su pasión salvadora y de su resurrección gloriosa; e ella celebramos su triunfo sobre el poder de nuestro enemigo y renovamos el misterio de nuestra redención…” (Prefacio 2º de la Pasión, Misal Romano, 3ª edición).

“…Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida…” (Prefacio pascual 1º, MISAL Romano, 3ª edición).

“…Pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolada. Por él, los hijos de la luz amanecen a la vida eterna, los creyentes atraviesan los umbrales del reino de los cielos; porque en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida y en su resurrección hemos resucitado todos…” (Prefacio pascual 2º, Misal Romano, 3ª edición).

– Aparecen igualmente en este texto de San Máximo de Turín (s. V):

“La resurrección de Cristo destruye el poder del abismo, los recién bautizados renuevan la tierra, el Espíritu Santo abre las puertas del cielo (…) Así, con un solo y único acto, la pasión del Salvador nos extrae del abismo, nos eleva por encima de lo terreno y nos coloca en lo más alto de los cielos. La resurrección de Cristo es vida para los difuntos, perdón para los pecadores, gloria para los santos.” (Sermón 53, 1-2.4: CCL 23, 214-216). (Oficio Monástico, 2ª lectura del sábado de la cuarta semana del tiempo pascual, ciclo impar).

Presencia, proyección y desarrollo del Misterio Pascual en el Año Litúrgico

El Misterio Pascual lo seguimos celebrando durante la Octava de Pascua y a lo largo de la cincuentena pascual. Al domingo le llama la Iglesia “la Pascua semanal”. Ya el historiador cristiano Eusebio de Cesarea nos transmite la práctica de la Iglesia antigua: “Cada semana celebramos nuestra fiesta de Pascua, el día del Señor y día de nuestra salud, realizando los misterios del verdadero Cordero, por quien hemos sido redimidos.” Y, en otro lugar, añade: “Cada día del Señor celebramos nuestra Pascua”.

Todas las celebraciones del Señor, de la Virgen y de los santos, que tienen lugar a lo largo del año, son fruto y memoria de la Pascua de Jesús. Las celebraciones de la Stma. Virgen y de los santos tienen su base en que ellos imitaron y vivieron el Misterio Pascual de forma ejemplar e incluso heroica.

En todos los momentos de la vida, en un acto litúrgico o en cualquier otro momento, puedo por la fe, participar en su pasión, muerte y resurrección, en su Misterio Pascual y vivir una existencia “pascual”.

Las riquezas del Misterio Pascual

-S. Pablo nos habla de:

“la longitud, la anchura, la altura y la profundidad.” (Ef 3,1-4. 14-19. Col 2,2 y 4,3. 1,26).

-S. Juan de la Cruz (s. XVI), leemos en la 2ª lectura del Oficio de su fiesta (Liturgia de las Horas):

“Por más misterios y maravillas que han descubierto los santos doctores y entendido las santas almas en este estado de vida, les quedó todo lo más por decir y aun por entender, y así HAY MUCHO POR AHONDAR EN Cristo, porque es como una abundante mina con muchos senos de tesoros, que, por más que ahonden, nunca les hallan fin ni término…” (Del Cántico Espiritual de S. Juan de la Cruz, presbítero, Cántico 37, 4 y 36, 13, declaración).

“El HOY” de los misterios y del MISTERIO PASCUAL

Los Misterios de Cristo han tenido un momento histórico, pero tienen una vigencia y una actualidad de gracia salvadora para nosotros siempre permanente y actual. Es el HOY de las celebraciones sacramentales y litúrgicas en el transcurso del Año sagrado. La voluntad de Jesucristo, sus actitudes y sentimientos, sus efectos de gracia y de vida de aquellos momentos perviven y se extienden al ahora y al hoy de los que anunciamos, celebramos y tratamos de vivir tales acontecimientos del Misterio Pascual de Jesús, a través de la oración litúrgica de la Iglesia y la presencia y la acción del mismo Espíritu de Jesús.

Con toda verdad podemos decir el Viernes Santo: “Hoy muere el Señor por mí;” y el Sábado Santo: “hoy resucita el Señor por mí…”

Odo Casel (s. XIX-XX), considerado el teólogo del Movimiento Litúrgico, en su obra “La Teología de los Misterios”, recuperando la mejor doctrina de las Sagradas Escrituras, de la Liturgia y de los Santos Padres, olvidada desde la Edad Media, nos habla del “MEMORIAL”, como la conmemoración de los Misterios, sobre todo del Misterio Pascual, pero en un sentido activo y actualizador: son un “acontecimiento”: pasan, ocurren HOY, aquí y ahora, para nosotros, gracias a la presencia del mismo Jesucristo y por el Espíritu Santo invocado en la oración (epíclesis) de la Iglesia en la Eucaristía y en los demás sacramentos y acciones litúrgicas. No son un recuerdo meramente sicológico o una memoria muerta:

Liturgia de las Horas (Navidad y Sta. María en sábado):

“El que era la Palabra sustancial del Padre, engendrado antes del tiempo, HOY se ha despojado de su rango, haciéndose carne por nosotros” (Antífona tercera de las Primeras Vísperas de Navidad).

-S. León Magno (s. V) en sus Sermones nos dice respecto de la Navidad:

“HOY nos ha nacido nuestro Salvador…” (Sermón 1 en la Natividad del Señor, 1-3: PL 54, 190-193). (Oficio de la fiesta de la Natividad, 2ª lectura).

-S. Proclo de Constantinopla (s. V) escribe, hablando de la Navidad:

“HOY el hombre, cancelada la antigua condena, ha sido liberado de la horrenda noche que sobre él pesaba” (Sermón sobre la natividad del Señor, 1-2: PG 65, 843-846). (Oficio litúrgico de Sta. María en sábado, lectura “agiográfica” o de los santos).

– Liturgia del Domingo de Pascua:

“Señor, Dios, que en ESTE DÍA nos has abierto las puertas de la vida…” (Oración “Colecta de la Misa).

“En verdad es justo y necesario (…), pero más que nunca en ESTE DÍA en que Cristo, nuestra Pascua ha sido inmolado…” (Prefacio).

“Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el DÍA santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo…”(Memento propio del Domingo de Pascua).

-George Tuvard en su escrito “La Cristología de los místicos” nos dice:

“La contemplación de los estados de Jesús pertenece al corazón de la vida cristiana. Los fieles están llamados a participar en los Misterios de la vida del Señor, no como fueron visibles en la vida terrenal de Jesús, sino tal como se hallan ETERNIZADOS en sus estados siempre presentes (…) Los fieles comparten los estados de Jesús y experimentan en ellos mismos las mismas actitudes interiores, en las que Jesús vivió sus Misterios. En este sentido, la vida entera debería estar centrada en Cristo”. (George Tuvard, “De la perpetuidad de los misterios de Jesucristo”, en su artículo: “La Cristología de los Místicos”, Theological Studies, 42, l981).

A lo largo de la Cuaresma, nos vamos disponiendo a celebrar y vivir este Misterio

-Oraciones de la Liturgia de las Horas:

“Te pedimos humildemente, Señor, que, a medida que se acerca la fiesta de nuestra salvación, vaya creciendo en intensidad nuestra entrega, para celebrar dignamente el misterio pascual.” (Laudes del Jueves de la 3ª semana de Cuaresma).

“Llenos de alegría, al celebrar un año más la Cuaresma, te pedimos, Señor, vivir los sacramentos pascuales y sentir en nosotros su eficacia”. (Sábado de la cuarta semana de Cuaresma).

La Iglesia, Madre y Maestra, asistida por el Espíritu Santo, hace pasar delante de nuestros ojos, cada año litúrgico, todos los misterios de la Historia de la Salvación, especialmente los misterios de la vida de Jesucristo, y más especialmente el Misterio Pascual, predicándolos, celebrándolos y comunicándolos sacramentalmente, a fin de que, de forma gradual y progresiva, los podamos ir asimilando y viviendo en nosotros, siempre en nuestra medida de criaturas. Veamos distintos testimonios:

-Oración “Colecta” de la Misa del primer domingo de Cuaresma:

“Al comenzar un año más la santa Cuaresma, concédenos, Dios todo poderoso, avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud”.

S. San Andrés de Creta (s. VIII). El Domingo de Ramos, en la Liturgia de las Horas dice:

“Ea, pues, corramos a una con quien se apresura a su pasión e imitemos a quienes salieron a su encuentro (…) de manera que acojamos al Verbo que viene, y así logremos captar a aquel Dios que nunca puede ser totalmente captado por nosotros”. (Lectura 2ª del Oficio del día).

-S. Juan Eudes (s. XVII). No me resisto a citar a san Juan Eudes, que, con un texto precioso, nos invita a meditar así:

“Quiere completar (Cristo) el misterio de su pasión, muerte y resurrección, haciendo que suframos, muramos y resucitemos con él y en él. Finalmente completará en nosotros su estado de vida gloriosa e inmortal (…) Del mismo modo quiere consumar y completar los demás estados y misterios de su vida en nosotros y en su Iglesia, haciendo que nosotros los compartamos y participemos de ellos, y que en nosotros sean continuados y prolongados”. (Tratado “Sobre el Reino de Jesús”, Parte 3, 4: Opera omnia 1, 310-312). (Oficio litúrgico, 2ª lectura del viernes de la semana XXXIII del tiempo ordinario).

Efectivamente, en la celebración del Misterio Pascual en la Semana Santa, somos invitados a celebrar y vivir en nosotros sacramental y existencialmente, como si ahora mismo sucedieran, estos santos Misterios, en que ya fuimos “sumergidos” en el santo Bautismo.

 

El MISTERIO PASCUAL se recuerda y se actualiza en la Liturgia de la Iglesia

Catecismo de la Iglesia Católica (nº. l085):

“En la Liturgia de la Iglesia, Cristo significa y realiza principalmente su misterio pascual. (…) Es un acontecimiento real sucedido en nuestra historia, pero absolutamente singular: todos los demás acontecimientos suceden una vez, y luego pasan y son absorbidos por el pasado. El misterio pascual de Cristo, por el contrario, no puede permanecer solamente en el pasado, pues por su muerte destruyó la muerte, y todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos y en ellos se mantiene permanentemente presente: el acontecimiento de la Cruz y de la Resurrección permanece y atrae a todo hacia la vida”.

En el Misterio Pascual se revela la sabiduría y el poder de Dios en la Historia salvadora

San Pablo nos descubre esa paradoja. Lo que los enemigos del Señor, en su ignorancia, interpretaban como el fracaso, la derrota y la humillación definitiva de Cristo, por su muerte ignominiosa, es precisamente la máxima revelación de la auténtica sabiduría y poder de Dios, como queda manifiesto por la resurrección, que aprueba, aplaude y premia toda la vida, la enseñanza y la obra de Jesús, como la mayor maravilla obrada por el Padre y que muestra EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA para todos los hombres.

“De hecho, el mensaje de la cruz para los que se pierden resulta una locura; en cambio para los que se salvan, para nosotros, es un portento (poder) de Dios, pues dice la Escritura:

    Anularé el poder de los sabios, descartaré la cordura de los cuerdos (Is 29,14).

(…) Pues mientras los judíos piden señales y los griegos buscan saber, nosotros predicamos un Mesías crucificado, para los judíos un escándalo, para los paganos una locura; en cambio, para los llamados, lo mismo judío que griegos, un Mesías que es portento de Dios y saber de Dios: porque la locura de Dios es más sabia que los hombres y la debilidad de Dios más potente que los hombres”. (1Cor 1, 18-25).

Injertados en el Misterio Pascual por el Bautismo para vivir una vida pascual

El cristiano solo se renueva y resucita, cuando muere, cada día, al hombre viejo y, simultáneamente, resucita. A ello le obliga la identificación sacramental con Cristo en el Bautismo y en la misma celebración de la Eucaristía: en ambos está el Misterio Pascual vivo y operante.

Nos dice san Pablo:

-“¿Habéis olvidado que a todos nosotros, al bautizarnos vinculándonos al Mesías Jesús, nos bautizaron vinculándonos a su muerte? Luego aquella inmersión que nos vinculaba a su muerte nos sepultó con él, para que, así como Cristo fue resucitado de la muerte por el poder del Padre, también nosotros empezáramos una vida nueva. Además, si hemos quedado incorporados a él por una muerte semejante a la suya, ciertamente también lo estaremos por una resurrección semejante.” (Rom 6, 3-6).

-“Con el Mesías quedé crucificado, vive en mí Cristo…” (Gal 2, 19-20).

-“Fue él quien os circuncidó con una circuncisión no hecha por hombres, despojándoos de los bajos instintos de vuestro ser: tal fue la circuncisión de Cristo al sepultaros con él en el bautismo. Fue él quien os asoció a su resurrección.” (Col 2, 11-12).

El Misterio Pascual se celebra y tiene su mejor presencia en la Stma. Eucaristía

En la Eucaristía que celebramos, recibimos y adoramos está el Señor muerto y resucitado, con las llagas gloriosas abiertas (muerte y resurrección unidas) como las contempló Tomás. Ya nos los dijo Jesús: “Siempre que hagáis esto, recordareis mi muerte hasta que vuelva.” (Palabras de la consagración inspiradas en 1Cor 11,26). Y así está presente, aunque en distinto grado, en las demás celebraciones sacramentales u otras acciones litúrgicas.

Afirma un autor:

El centro de la economía o administración de la gracia de la salvación lo ocupa el Misterio Pascual de Jesucristo, que constituye el núcleo de toda celebración litúrgica. En dicho misterio se realizó en plenitud la salvación que la Iglesia anuncia, actualiza y comunica en la Liturgia”.

“Siempre es Pascua, porque todo don y gracia vienen del Padre en virtud de la muerte y resurrección de Cristo con la donación del Espíritu Santo”. (Cfr J. López, La Liturgia de la Iglesia, BAC, Madrid 1994, págs. 20 y 22).

Cristo está siempre con nosotros en su mejor momento, en su mejor amor.

Todo él, sí, pero principalmente en el trance del Misterio Pascual, estará siempre con nosotros, porque así lo prometió: “Yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo.”(Mt 28,20). Esta presencia, que podemos llamar “general”, es espiritual, pero real, y el Señor, incluso en esta su presencia no litúrgica, no puede separarse de su mejor estado y condición: su ser MUERTO Y RESUCITADO por su infinito amor.

_______________________________________________________________________

Valerio Galayo López, párroco emérito de San Esteban, Plasencia (CC), Cuaresma, 2018

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
El Misterio Pascual, 10.0 out of 10 based on 1 rating
Print Friendly, PDF & Email