El Misterio de Elche y el Año de la Fe, por José-Román Flecha Andrés (Diario de León, 25-8-2012)
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El Misterio de Elche y el Año de la Fe, por José-Román Flecha Andrés (Diario de León, 25-8-2012)

En los medios de comunicación sólo ha aparecido el accidente de la palmera o algunos jóvenes heridos por los petardos que estallan en Elche a lo largo de “la Nit del Albá”. Sin embargo, no se debe olvidar que la fiesta de Elche gira en torno al “misterio” de la Asunción de María a los Cielos.

En este lugar, bordado por las palmeras, el “misterio” es más que un capítulo del dogma cristiano y más que una herencia del teatro medieval. En Elche el “Misteri”  es un acto religioso y como tal ha de ser entendido y dado a conocer. Sin una experiencia de fe cristiana es difícil percibir todo su sentido. 

 

El “Misteri d’Elx” es una celebración íntimamente vinculada a la oración litúrgica de las vísperas de la fiesta de la Asunción de María. Sus orígenes literarios se remontan a los Evangelios Apócrifos. En ellos se narran los hechos que aquí se celebran: la muerte de María, Madre de Jesús, y el reencuentro de los apóstoles que acuden a su entierro, la violencia de los judíos que tratan de impedirlo y la parálisis de uno de ellos al tocar el cadáver, la intercesión de los apóstoles y su curación que motiva la conversión de los judíos, la asunción de María y su coronación en las alturas.

 

El relato se acerca a la leyenda piadosa. Pero evoca la belleza plástica y musical de otras representaciones religiosas como el antiguo “Auto de los Reyes Magos” o la “Pastorada” leonesa.  La religiosidad popular ha sabido plasmar los contenidos de la fe en formas preciosas para nuestros sentidos.

 

El “Misterio de Elche” no puede ser despojado de sus contenidos de fe. En él se refleja todo un decálogo de afirmaciones y vivencias de la experiencia cristiana: la pregunta humana sobre la muerte, la vocación al seguimiento de Cristo, la esperanza de la vida eterna, la raíz apostólica de la comunidad eclesial, la urgencia del diálogo interreligioso, el valor de la confesión de la fe, la grandeza salvadora del bautismo, el encuentro entre lo humano y lo divino, el reconocimiento de María como la mujer redimida por la obra de Jesucristo y finalmente la gloria y misericordia del Dios Trinidad que nos recibe en su intimidad.

 

Y empapando esta maravilla, la celebración del “Misterio de Elche” es toda una lección sobre la oración. Allí oran María y sus compañeras, oran los judíos y los apóstoles. Y ora con todo conmovedor el apóstol Tomás, que regresa tarde de su misión en las Indias. Lo último que ve María al subir al cielo son los brazos en alto de Tomás.

 

En el año de la fe, al que nos ha convocado Benedicto XVI, el texto y la celebración del “Misterio de Elche” podrían ser un instrumento muy valioso para la tarea de la nueva evangelización. Este acto cultural es una celebración de la fe. Y esta celebración de la fe es una preciosa joya de nuestra cultura. En este antiguo y nuevo “pórtico de los gentiles”, la fe de los cristianos se hace ahí oferta de sentido también para los no creyentes.

 

José-Román Flecha Andrés

 

 

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