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El español Jesús Ruiz Molina, nuevo obispo de Mbaïki

El Papa Francisco ha nombrado esta mañana obispo de Mbaïki, en República Centroafricana, al misionero comboniano burgalés Jesús Ruiz Molinasegún informa la Santa Sede. Tomará posesión de la diócesis ante la aceptación de la renuncia de quien hasta ahora ha sido su pastor, Guerrino Perin. Hasta ahora, Jesús Ruiz era obispo auxiliar de Bangassou, colaborando con el obispo español Juan José Aguirre en una de las zonas más conflictivas del planeta.

El misionmerp Ruiz Molina nació el 23 de enero de 1959 en La Cueva de Roa (Burgos), donde estudió tanto en el seminario. Completó sus estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Mayor de Moncada y amplió sus estudios de Teología en París y posteriormente en Salamanca. Hizo sus primeros votos con los misioneros Combonianos el 25 de mayo de 1985, y los votos solemnes el 24 de abril de 1988. Fue ordenado sacerdote 11 de julio 1987. Ha sido formador en el postulantado comboniano y responsable de los Laicos Misioneros Combonianos  en España entre los años 2002-2008 y provincial de la nueva Provincia en el Chad en 2008. De 2013 a 2015 fue también consejero de la Delegación de la congregación en África Central. El 11 de julio de 2017 fue nombrado obispo auxiliar de Bangassou, siendo consagrado obispo el 12 de noviembre del mismo año.

Una cruenta guerra civil

La archidiócesis de Burgos ha recordado que allí, el burgalés ha sido testigo de una cruenta guerra civil que sufre la población desde 2013 y que ha enemistado a musulmanes y no musulmanes, con los cristianos en medio del drama. Es más, Ruiz Molina tuvo que recibir su ordenación episcopal lejos de su diócesis al estar ocupada la catedral como refugio de decenas de musulmanes que huyen de la guerra. El Fapa Francisco lo recibió en el Vaticano en septiembre de 2018 agradeciendo su entregado trabajo en lo que calificó como «el foso de los leones».
En 2018 expresaba que «la dificultad más grande es la violencia y el odio que se ha instaurado en este pueblo entre musulmanes y no musulmanes. Desde hace casi un año, en la catedral, hemos dado refugio a dos mil musulmanes que el grupo antibalaka –a los que la prensa considera cristianos– quería exterminar. En estos momentos la convivencia entre nuestros huéspedes –que sufren y por eso se han radicalizado– y nosotros es un verdadero calvario: no podemos celebrar la Eucaristía ni tener ninguna actividad en un radio de un kilómetro a la redonda; han destruido nuestras casas, han saqueado nuestros bienes; han secuestrado a uno de los sacerdotes que vive conmigo… Por una parte los musulmanes nos agreden, y por otra los antibalaka nos persiguen por haberlos albergado. La caridad tiene un precio, y recibimos golpes de todos».



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