Carta del Obispo

El mensaje del Tabor, por el cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona

Cardenal Martínez Sistach

Carta para el lunes 18 del TO (05/08/2012), fiesta de la Transfiguración del Señor

El 6 de agosto celebramos una fiesta de Jesucristo: su Transfiguración en la cima del monte Tabor. Así lo afirma una tradición muy antigua, que se remonta al siglo III, aunque los Evangelios no dan ninguna indicación topográfica precisa y sólo indican que el hecho tuvo lugar en una “montaña alta”. Parece, por tanto, muy creíble la tradición que sitúa el hecho en la montaña del Tabor, a unos nueve kilómetros de Nazaret.

Este acontecimiento del Tabor tiene lugar en medio de la vida pública de Jesús, cuando después de los primeros tiempos en que la multitud le seguía y le escuchaba, empieza a anunciar que su camino de fidelidad a Dios Padre le conducirá a morir en una cruz. Cada año leemos el suceso en la lectura evangélica de la misa del segundo domingo de Cuaresma, como preparación a la Pascua de Jesucristo, y también lo celebramos en una fiesta de fecha fija, en pleno verano, precisamente el día 6 de agosto.

Jesús sube a la cima de una montaña con sus tres discípulos más íntimos y, en un ambiente de fe y de oración, se transfigura delante de ellos, mientras habla con Moisés y con Elías de su muerte cercana en Jerusalén, esto es, con dos personalidades que personifican toda la Ley y los Profetas.

Los discípulos quedan envueltos por el esplendor de la Transfiguración y tienen ganas de quedarse allí arriba. Pero Jesús les explica que aquello es como una pregustación, como un anticipo de lo que será el final de su camino. Quiere que entiendan que su camino conduce a la muerte, pero que esa muerte abrirá las puertas a la vida plena y luminosa de la Resurrección.

 

Éste es también el mensaje que esta fiesta del Señor nos aporta a todos nosotros. Lo diré con las palabras de un gran maestro espiritual, el beato Columba Marmión, primer prior de la abadía benedictina de Mont-Cèsar, cerca de Lovaina, y después abad de Maredsous, donde murió en el año 1923, dejando el recuerdo de su vida ejemplar de monje y de un profundo magisterio, manifestado en unas obras que han llegado a ser clásicas, sobre todo las tituladas Cristo, vida del alma, Cristo, ideal del monje y Cristo en sus misterios.

Pues bien, en esta última obra, comentando el hecho del Tabor, afirma que “Jesucristo quiso fortalecer la fe de sus discípulos por medio de su Transfiguración”. Explica que “Nuestro Señor preveía que sus apóstoles no podrían soportar sus humillaciones, que su cruz sería para ellos una ocasión de escándalo y de caída; por eso les quiso prevenir contra el escándalo de la cruz y de su humillación”.

“Por el hecho de la Transfiguración –añade el abad Marmión- los apóstoles escogidos pueden comprender que Jesús es verdaderamente Dios, que la Ley y los Profetas dan testimonio de que Jesús es el Mesías anunciado, el Enviado de Dios, aquel que había de venir.”

“Todo el hecho de la Transfiguración –concluye dom Columba- está orientado a consolidar la fe de los apóstoles en aquel a quien Pedro reconoció como Cristo, el Hijo del Dios vivo.” Éste es también para nosotros el mensaje de la fiesta de la Transfiguración.

 

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

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