Noticias Opinión

El mensaje de Navidad de Celso Morga, arzobispo de Mérida-Badajoz

Queridos fieles: Nos acercamos a la Navidad, una de las celebraciones más importantes para los cristianos y origen de muchas manifestaciones culturales en todo Occidente. El nacimiento de Jesús llena nuestras calles de luces, de cantos, las compras se multiplican… Pero todas estas cosas son manifestaciones de una celebración que se queda vacía si no tenemos presente lo que celebramos.

El Papa Francisco acaba de escribir la carta apostólica Admirabile Signum, sobre el significado y el valor del Belén. En ella nos dice que «el modo de actuar de Dios casi aturde, porque parece imposible que Él renuncie a su gloria para hacerse hombre como nosotros. Qué sorpresa ver a Dios que asume nuestros propios comportamientos… Como siempre, Dios desconcierta, es impredecible, continuamente va más allá de nuestros esquemas. Así, pues, el pesebre, mientras nos muestra a Dios tal y como ha venido al mundo, nos invita a pensar en nuestra vida injertada en la de Dios; nos invita a ser discípulos suyos si queremos alcanzar el sentido último de la vida». (Admirabile Signum, 8)

Dios se ha manifestado como un niño, busquémoslo en lo pequeño de la vida, en lo sencillo, y que las ocupaciones, las prisas y el estrés no nos quiten tiempo para encontrarnos un rato diario con el Señor.

El Niño que nace cambió radicalmente nuestro destino como hombres, como mujeres, pero también nuestro presente. Ya no estamos solos, el mismo Dios está entre nosotros, ha cogido de la mano nuestra humanidad y se ofrece a acompañarnos en nuestros proyectos, quiere entrar en nuestra familia, orientar nuestro trabajo.

Precisamente la familia ocupa un lugar destacado en las fiestas navideñas. Suelen ser fechas de encuentros, de regresos, visitas, comidas y cenas compartidas, ratos prolongados de conversación. En todas nuestras familias encontramos miembros que necesitan más atención. Invito a las familias a cuidar especialmente a los más débiles: los ancianos, que no siempre encuentran acomodo, cariño y comprensión en esta sociedad que valora la utilidad por encima de otras consideraciones. Eso mismo le ocurrió a la familia de Belén, que no encontró acomodo en ninguna posada, nadie los quiso acoger.

Hoy que las nuevas tecnologías y sistemas de comunicación nos abren las puertas del mundo, no podemos cerrárselas a las personas que tenemos al lado. Compartir lo que tenemos y, sobre todo, lo que somos, es una muestra de madurez cristiana y de calidad humana de la sociedad que lo practica.

Quiero desearos a todos una feliz Navidad, especialmente a aquellos que estáis solos, enfermos o vivís momentos difíciles por cualquier causa. Que, por el nacimiento de Dios, todos recibamos paz y consuelo en nuestras luchas, que nos sintamos queridos por Él y llamados a ser hermanos, hijos de un mismo Padre.

¡Feliz Navidad!

Print Friendly, PDF & Email