Cartas de los obispos Última hora

El mandamiento supremo

Veremos en las lecturas de la Palabra de Dios de esta semana que el amor es la mejor respuesta, tanto a Dios, que es el que nos ha amado primero y nos ofrece siempre su cercanía y amistad, como a los hermanos, porque el amor a Dios nos lleva necesariamente a amar al prójimo. El mayor ejemplo que tenemos los cristianos es el de Cristo, que nos ha enseñado a amar hasta el extremo, hasta derramar la última gota de sangre por amor. Cristo es nuestro Señor y Maestro, es nuestro Salvador y de Él aprendemos a amar a Dios, a entregarnos sin reservas, con coraje y valentía, dando la cara por nuestra fe, con alegría y sencillez.

La verdad del amor a Dios la comprobamos si amamos a los hermanos. Sí, ha sido Jesús quien nos ha enseñado hasta dónde llega el verdadero amor, más allá de la familia, de los amigos o conocidos, el amor de Nuestro Señor es un amor entregado, de compasión por cualquier persona, especialmente por los necesitados, sanos o enfermos, de cerca o de lejos. Nunca se habla de dos mandamientos, sino de uno solo y único. El amor al prójimo es fruto del amor a Dios y el amor a Dios es la respuesta a la gracia del don de la revelación. Dios es la fuente de todo amor. El que ama al prójimo ama siempre a Dios; el que ama a Dios no puede no amar al prójimo.Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables.

La Palabra de Dios nos ayuda a actualizar este compromiso siempre, nos urge a una verdadera conversión todos los días para saber dónde están nuestros centros de interés. La Palabra nos está abriendo a un tiempo de conversión, por eso,debemos repasar nuestras vidas, nuestras comunidades, parroquias o grupos y ver quién es el que mueve. Puede que nos llevemos una sorpresa y comprobemos que estamos sometidos a las presiones de los “salvadores” del mundo, a la sociedad de consumo, a las ideologías, la fama, el dinero, el poder. Abre los ojos y dime ¿dónde está Dios o tu prójimo?, ¿no hay marginación y pobreza a tu alrededor?, ¿qué mensajes captan mejor los hombres de nuestro tiempo, los de Dios o los de este mundo sofisticado, lleno de lujos y mentiras que ofrecen paraísos? Es evidente que las colas en las administraciones de loterías, el crecimiento de las casas de apuestas y ludopatías, etc., nos están hablando a gritos de cuales son las preferencias de nuestra sociedad. Todavía estamos a tiempo de mirar a Cristo, para poder verle la cara de los hermanos que tengo junto a mí y desarrollar la virtud moral y actitud social de la solidaridad, como fruto de la conversión personal, como dice el Papa Francisco en su encíclica Fratelli Tutti.

Quien conoce a Dios sentirá la necesidad de actuar como Él, cercano y misericordioso con todos. El ejemplo de los tesalonicenses, que nos ofrece san Pablo, es de destacar. Dice san Pablo que ellos recibieron la Palabra y la acogieron, se convirtieron, abandonando los ídolos, se agarraron a la cruz de Cristo y a los frutos de la resurrección, llegando a ser un modelo para todos en medio de las pruebas. Pido a Dios que nos conceda a todos la clarividencia para alcanzar esta gracia y que nuestra conversión sincera nos acerque a Dios y a los hermanos.

Feliz domingo.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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