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Opinión

El IRPF, las cuentas de la Iglesia y su servicio por una sociedad mejor – editorial Ecclesia

Dos semanas antes de la finalización del plazo para la presentación de la Declaración de la Renta, este pasado jueves, día 13 de junio, la CEE, a través de su vicesecretaría para Asuntos Económicos, ha presentado la anual  Memoria justificativa de actividades de la Iglesia católica en España.

Por razones obvias, la información pormenorizada de la misma no la podemos ofrecer hasta la próxima semana. Con todo y como ya adelantó, días atrás, en entrevista a una agencia de noticias el vicesecretario de la CEE para Asuntos Económicos, “un año más se han incrementado las necesidades, un año más la Iglesia ha tenido que atender a más gente y, un año más, ha habido necesidad de, con algo menos de dinero, atender a más personas”.

Dicha Memoria se presenta año tras año en aras al compromiso y voluntad de la Iglesia por rendir cuentas de cuál en su servicio a la sociedad y de cómo invierte sus recursos, algunos de ellos procedentes del 0,7% del IRPF, que los contribuyentes, libremente y sin ningún recargo ni bonificación, marcan en la Declaración de la Renta para la Iglesia católica. Se trata, sí, de un ejercicio de transparencia, al que aludíamos en nuestro editorial de la pasada semana. Un ejercicio de transparencia no por dar gusto a lo políticamente correcto –que además en este caso (la anunciada Ley de Transparencia que promueve el Gobierno de España) es de justicia-, sino sobre todo como expresión de un deber que brota del Evangelio y por ello de la misma misión e identidad de la Iglesia.

Y es que, y como reza el lema de la campaña de la CEE de la asignación tributaria para este año – “La Iglesia con TODOS por una sociedad mejor”-, la Iglesia está en medio de la sociedad y desde la especificidad de su misión está para evangelizar, sí, y evangelizar es  hacer el bien, es servir la Palabra de Dios, es administrar los sacramentos, es pastorear a su grey. Y misión de la Iglesia, ahora y siempre, es también atender a los necesitados, en quienes –y con palabras del Papa Francisco- se halla, se palpa, se encuentra “la carne de Cristo”.

Creemos que no es necesario abundar en demasiados ejemplos a propósito de cómo nuestra Iglesia es consciente y fiel a esta misión. Con todo, baste mirar cualquiera de las publicaciones estadísticas de la Iglesia, para encontrarnos, como si de la más completa guía telefónica o de servicios se tratará, oficinas y departamentos para todos. En la organización eclesial caben la catequesis, el apostolado, la enseñanza, la caridad, la formación, los medios de comunicación y caben también los más variados servicios para gitanos, inmigrantes, encarcelados, refugiados,  circenses, artistas, mayores, menores, jóvenes, ancianos, enfermos, trabajadores, parados, familias, mujeres, discapacitados, prostitutas, drogadictos, creyentes y no creyentes.

Si, por otro lado, nos preguntáramos acerca de lo que la Iglesia está haciendo en medio de la crisis, también las respuestas, con la elocuente fuerza de los datos, nos indicarían –sin triunfalismos o prepotencias de ninguna naturaleza-  que pocas instituciones están volcándose como ella, en lo poco y en lo mucho, para paliar sus efectos devastadores y también para iluminar sobre sus causas y raíces.  Sin ir más lejos,  en las páginas 26 a 28 y 33 y 34 de este mismo número de ECCLESIA  publicamos tres recientes, valientes, proféticos y emblemáticos discursos del Papa Francisco sobre el tema.

Además, desde comienzos de la crisis son numerosos los sacerdotes, consagrados, laicos e instituciones eclesiales que están detrayendo parte de sus sueldos a favor de necesitados y de los más afectados por la crisis. Y nada de esto es un extra ni una heroicidad para el verdadero cristiano. Ni por ello reclamamos honores y aplausos. Como tampoco es de recibo que algunos nos nieguen el pan y la sal y cacareen, por activa o por pasiva, la mentira de los privilegios económicos de la Iglesia y su supuesta insensibilidad ante la crisis.

         Y esta y no otra es y ha de ser la Iglesia. Una Iglesia con todos y para todos por un mundo mejor. Una Iglesia que ahora rinde cuentas y que pide el pequeño y gratuito gesto de marcar la X en el casillero correspondiente de la declaración de Hacienda para así poder seguir haciendo el bien a todos y con todos, por una sociedad mejor.



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