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El informe de la comisión de investigación de Montserrat detecta un segundo abusador sexual

La comisión del monasterio de Montserrat encargada de investigar posibles abusos sexuales, acaba de emitir un informe en el que además del caso ya conocido del monje Andreu M. Soler ha detectado a un segundo abusador que había sido responsable de la Escolanía. Se trata de un antiguo monje, que dejó el monasterio en 1980, y que ha reconocido dos abusos de menores, sin que se especifique en el informe la naturaleza de los mismos.
El informe, redactado por la abogada Cristina Vallejo, el médico y ex conseller de Sanitat Xavier Pomés y la psicóloga Begoña Elizalde, califica al monje Andreu Soler, responsable del servicio de escoltes del monasterio, fallecido en el 2008, de ser «un depredador sexual y un pederasta». Los abusos los habría cometido entre los años 1972 y 2000, pero no fue hasta este último año cuando la madre de una de las víctimas, el joven Miguel Hurtado, denunció los hechos al abad Josep Maria Soler. Este envió entonces al monje al santuario del Miracle, pero años después la publicación de un libro elogioso sobre su figura reabrió la herida y motivó una campaña del propio Hurtado que forzó al monasterio a crear a principios de este año la comisión.
En el segundo caso detectado durante la investigación, la comisión ha constatado «dos abusos sexuales en la Escolanía por parte de V.T.M.», entre los años 1960 y 1968 cuando era su responsable. Cuando el entonces abad Cassià Marià Just tuvo conocimiento de los hechos apartó a dicho monje de la Escolanía.
La comisión recomienda al abad un acto público de perdón y el nombramiento de un delegado para la protección de menores.
Paralelamente a la difusión del comunicado de la comisión, que lleva fecha de 6 de julio, se ha dado a conocer otro del propio abad y de la comunidad, en el que «piden perdón a todas las víctimas» y se ponen a su disposición «para ayudarlos en su dolor y sufrimiento». De acuerdo con las recomendaciones de la comisión, y para evitar que hechos como estos se vuelvan a repetir, la comunidad afirma estar elaborando «un plan de protección de menores» y que se nombrará «un delegado de protección de menores, que será un profesional externo al monasterio». También se añade que los resultados del informe serán puestos en conocimiento de la Fiscalía, del Síndic de Greuges y de los organismos competentes de la Santa Sede y de la congregación benedictina.
La comisión señala que en algunos casos el hermano Andreu «utilizó la violencia», y que «se observa con el paso del tiempo un agravamiento del delito y más urgencia en su realización». Los menores que sufrieron abusos contaban entre 15 y 17 años pero en dos ocasiones eran chicos de 18 años. Y aunque se indica que el efecto de los abusos depende de las circunstancias personales de cada menor y de su entorno, constatan que «las consecuencias emocionales y psicológicas para el menor son imborrables». Los firmantes del informe consideran que las conductas de ambos monjes fueron reprobables y condenables, pero que en el caso de V.T.M., de quien solo se dan las iniciales y aún está vivo, con 90 años, se trató de un abuso puntual y hubo arrepentimiento. Por el contrario, del hermano Andreu se dice que su conducta responde a «un patrón repetitivo, sin arrepentimiento, ni propósito de cambio, ni admisión de culpa».

Comunicado de la comunidad religiosa

Informe de la comisión

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