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El IESE analiza la aportación de Álvaro del Portillo a la formación de los directivos

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El IESE analiza la aportación de Álvaro del Portillo a la formación de los directivos

UNA EMPRESA QUE CONOZCA Y RESUELVA NECESIDADES PERSONALES 

El IESE, de la Universidad de Navarra, celebró anoche el centenario de Álvaro del Portillo, que “siempre vio la empresa como ocasión para conocer y satisfacer las necesidades de las personas” y defendió “la lealtad y la veracidad como claves para la convivencia ciudadana”.

 

En la sede madrileña del IESE los profesores Carlos Cavallé, Antonio Argandoña y Alberto Ribera analizaron con el director del centro, Jordi Canals, la figura de Álvaro del Portillo, que fue Gran Canciller del Centro desde 1975 a 1994 y será beatificado en Madrid el 27 de septiembre, ciudad en la que nació en 1914.

 

La mesa redonda “La dirección de empresas y la transformación de la sociedad”, reflejó cómo el futuro beato promovió iniciativas sociales muy variadas, desde escuelas para directivos, dispensarios, hospitales, escuelas agrícolas o institutos técnicos, “gracias a su fe en Dios, optimismo y confianza en las personas, a las que planteaba si podían hacer más en favor de su entorno”·

 

Cavallé dijo que “Álvaro del Portillo fue ciudadano pleno en una sociedad compleja, que cumplía sus deberes y exigía sus derechos. Era un ciudadano fiable, que construía sociedad sobre los pilares de la lealtad y la veracidad”.

 

Los tres ponentes recordaron encuentros personales con el próximo beato, que fue el primer sucesor de san Josemaría Escrivá en el Opus Dei. “Pude acompañarle -recordó Alberto Ribera- a Filipinas y Congo y recuerdo su impresión ante las desigualdades sociales tan extremas. Nos animó a impulsar iniciativas que enseñaran a trabajar a los jóvenes y a formar dirigentes que pensaran en el bien común y fueran honrados”

 

VISIÓN Y SENTIDO PRÁCTICO

 

Antonio Argandoña habló de “su optimismo y sentido de la libertad, con la defensa de los derechos de todos a participar en los debates, con el diálogo, destacando lo que une y evitando el enfrentamiento”. Dijo que Álvaro del Portillo huía de la queja y construía sobre “la verdad de lo que es el hombre, como hijo de Dios”.

 

Carlos Cavallé aludió a una sugerencia del  que fuera obispo y prelado del Opus Dei, cuando le animó a “poner sentido cristiano en todo lo que hagáis, es decir, a trabajar con competencia y servicio, de forma que deis respuesta cristiana a los grandes problemas sociales”. Cavallé recordó cómo el Venerable Álvaro del Portillo alentó numerosas escuelas de negocios, que enseñaran la doctrina social de la Iglesia y donde la caridad se practicara realmente y no fuera un simple recurso teórico”.

 

Junto a una visión cristiana de la persona como clave en el pensamiento de Álvaro del Portillo, Ribera recordó su confianza en las personas, “confiaba en la capacidad de cada uno, daba siempre nuevas oportunidades si algo fallaba. Hubiera sido un gran profesor porque sumaba  visión y sentido práctico. Sabía que liderar era servir y que ética y empresa deben ir unidas”.

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