parabolas del reino
Rincón Litúrgico

El hallazgo y la compra

«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo» (Mt 13,44)

Señor Jesús, las imágenes del tesoro y la perla me parecen muy sugerentes para reflejar nuestras actitudes ante el anuncio y la llegada del reino de Dios.

Algunos consideran que el mensaje sobre ese reino es una simple utopía ideada para ofrecer aliento a los desalentados y a los oprimidos. Pero  tú nos dices que el reino está ahí, aunque parezca oculto por la tierra del campo o por las rocas de una cueva. El reino de Dios es una realidad valiosa, aunque, parezca una perla polvorienta entre las baratijas que se amontonan en las estanterías de un anticuario.

Pero otros creen que ellos han descubierto la presencia del reino. Por casualidad han tenido esa fortuna. Pero su soberbia los lleva a creer que el reino y su riqueza humana y divina se deben exclusivamente a ellos. Hasta llegan a despreciar a quienes han pasado antes por el campo donde estaba escondido el tesoro o por la tiendecilla del mercader en la que yacía olvidada la mejor perla del mundo.

Yo creo que alguna vez he sentido en mi interior el cosquilleo de esas posturas. La primera es la tentación de la desesperanza. Me aterra pensar en un futuro para el que no estoy preparado. Me asusta tener que anunciar un reino que parece indemostrable.

Y la segunda es la tentacion de la presunción. De pronto descubro un sentido a una afirmación de tu mensaje. Y me llena de orgullo el verme como un privilegiado que ha logrado alcanzar una iluminación que permanecía oculta antes de mí.

En realidad, necesito valorar gozosa y humildamente lo que significa el hallazgo. El reino y su anuncio me han precedido en el tiempo. Su presencia y su eficacia no se deben a mí. Yo solo debo desprenderme de todo lo que he considerado valioso hasta ahora. Solo puedo gozarme de ese hallazgo, comprarlo y compartirlo con todos los que voy encontrando por el camino.

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