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Rincón Litúrgico

El grano de Trigo

«Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto» (Jn 12, 24)

Señor Jesús, hoy muchos ponen en peligro su vida. Ahí están los deportes de alto riesgo, la necesidad de nuevas y más fuertes sensaciones, la seducción de la velocidad y la adicción a los productos y acciones que pueden considerarse como drogas.

Además, nos llegan las noticias de secuestros de personas, de horribles chantajes, de denuncias que se revelan como falsas tras haber ocasionado un asesinato, de la detención de miles de personas en insufribles campamentos para inmigrantes.

No podemos ignorar la legalización del aborto y la eutanasia, así como el llamado suicidio asistido. Hemos de reconocer cuánta razón tenía san Juan Pablo II al declarar que estamos entrando en la “cultura de la muerte”.

Al mismo tiempo, una ola de retraimiento nos arrastra a buscar la seguridad. Tenemos miedo a contagiaros de una pandemia inexplicada. Nos horroriza pensar que estamos tan solo a un palmo de la muerte.

Por eso nos retiramos a nuestro refugio. Evitamos el encuentro con los demás. Aun el ejercicio de las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales, nos parece extremadamente peligroso para  nuestra salud.

Sin embargo, tú nos dices que todo el que pretende conservar su vida la perderá. Con tus paradojas habituales nos dices que es preciso entregar nuestra vida para conseguir asegurarla.

Es muy elocuente la imagen del grano de trigo. Si un grano no acepta caer en la oscuridad del surco permanecerá infecundo. Así nos revelabas el sentido de tu misión.

Señor de la verdad y de la vida, te damos gracias por el ejemplo de todos los que se han entregado a los demás, exponiéndose a perder su propia salud y hasta su vida.

Hoy te suplicamos que nos concedas el don de la generosidad para que nos decidamos a entregar lo mejor de nuestra vida al servicio de la vida de nuestros hermanos. Amén.



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