Portada » Sin categoría » El fin de la Iglesia no es ella misma, sino amar, servir y evangelizar – editorial Ecclesia
Sin categoría

El fin de la Iglesia no es ella misma, sino amar, servir y evangelizar – editorial Ecclesia

Editorial Revista Ecclesia
Editorial Revista Ecclesia

El fin de la Iglesia no es ella misma, sino amar, servir y evangelizar

            Tal y como estaba previsto, como ya anunciábamos y como hoy contamos en las páginas 8 y 9 y 34 y 35, la segunda semana de febrero ha resultado especialmente intensa en la vida y en la actualidad vaticana. Del 10 al 12 de febrero hubo una reunión del Consejo de Cardenales, a la que siguió una plenaria del Colegio Cardenalicio y los días 14 y 15 las celebraciones correspondientes a la creación de veinte nuevos cardenales. Estos tres eventos han tenido a la reforma de la Curia Romana –reforma  «vivamente deseada por la mayoría de los cardenales en el marco de las congregaciones generales  anteriores al cónclave» de marzo de 2013- como su argumento principal.

         Precisamente y en el mismo contexto, al mes exacto de su elección,  Francisco creó el ya citado Consejo de Cardenales -el llamado C9- con un doble objetivo: colaborar con el Papa en el gobierno de la Iglesia universal y caminar hacia la reforma de la Curia. Desde la constitución formal del C9, en octubre de 2013, se han sucedido ya ocho reuniones conjuntas de trabajo, se ha orientado al Santo Padre en la reforma –tan apremiante, y ya iniciada, de algunos organismos económicos de la Santa Sede-, se ha revisado el funcionamiento de la práctica totalidad de los dicasterios curiales y se ha esbozado el amplio resto de su reforma, que se seguirá implementado gradualmente y que no estaría concluida antes, al menos, de 2016. Así, sabemos, ya de modo oficial, la voluntad de crear dos grandes organismos  -todavía no se sabe si serían Consejos Pontificios o Congregaciones-, en los que se integrarían los actuales servicios de laicado y familia, por un lado, y de pastoral social y de la caridad, por otro.

         Con todo, si importante y necesaria puede ser esta reforma, mucho más lo es el espíritu auténtico que debe animarla y que Francisco expresó con las siguientes palabras, el jueves 12 de febrero, a más de un centenar y medio de cardenales, convocados en consistorio: «La meta que se ha de alcanzar sigue siendo la de favorecer una mayor armonía en la labor de los diferentes dicasterios y oficinas, al objeto de contar con una colaboración más eficaz, en esa transparencia absoluta que edifica la sinodalidad auténtica y la colegialidad».

         Y es que, y como el mismo Papa recordó, la reforma de la Curia «no es un fin en sí misma, sino un medio para dar un fuerte testimonio cristiano; para favorecer una evangelización más eficaz; para fomentar  un  espíritu ecuménico más fecundo; para alentar un diálogo más constructivo con todos». La verdadera reforma de la Curia y de todas las curias –diocesanas, religiosas y de todo tipo de organismos eclesiales- es Evangelio y más Evangelio y siempre Evangelio. Y han de ser las personas que ocupen los distintos cargos de los organigramas curiales las que, con su vida, con su permanente conversión personal y pastoral, cambien las estructuras y hagan de ellas casas de comunión, espacios de fraternidad, foros de escucha, diálogo y acogida y no «aduanas», como escribiera el mismo Francisco en la Evangelii gaudium.

         Y en esta línea, el Papa aprovechó sus dos homilías en el consistorio de creación de nuevos cardenales para recordar y abundar en lo que, desde el Evangelio, se espera y demanda de los cardenales y, por ende, del resto de ministros de la Iglesia, que no es sino vivir en primera persona y desde ahí transmitir que «en la Iglesia, toda presidencia proviene de la caridad». Una caridad que tiene como primeros destinatarios a los pobres y a los marginados y que, con las palabras de san Pablo (cf. 1 Cor 12, 31),  es «magnánima» y «benevolente», «no tiene envidia, ni presume, ni se engríe», «no es mal educada ni egoísta», «no se irrita; no lleva cuentas del mal»,  «no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad», «disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites».

         Sí, este es el camino, el único camino. No son “sermones”, ni tópicos, utopías o pietismos, sino Evangelio, puro Evangelio. Y esto, repetimos, es lo que nos corresponde vivir y transmitir. Y entonces, la reforma de la Curia Romana y de las demás curias vendrá por añadidura, será mejor, más efectiva y más creíble. Y será un poderoso y luminoso instrumento de evangelización.

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
El fin de la Iglesia no es ella misma, sino amar, servir y evangelizar - editorial Ecclesia, 9.5 out of 10 based on 4 ratings
Print Friendly, PDF & Email