José Gabriel Funes
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El ex director del Observatorio Vaticano calcula cómo mejorar la posibilidad de contacto con extraterrestres

Quizá, la mejor manera de contactar con una civilización extraterrestre sería cambiar los programas SETI de manera que buscara «vías de mensaje alternativas». Esta es una sugerencia práctica que firma el jesuita José Gabriel Funes, astrónomo y ex director del Observatorio Vaticano. Y no lo hace en cualquier sitio, sino en el último número del International Journal of Astrobiology, editado por la Universidad de Cambridge. Los programas SETI son aquellos que buscan vida inteligente, y el primero fue inaugurado por la NASA en los años 70.

Funes es uno de los tres autores de un artículo que lleva por título Monte Carlo estimation of the probability of causal contacts between communicating civilizations (Estimación Monte Carlo sobre la probabilidad de contactos causales entre civilizaciones que se comunican). Como el título indica, Funes y sus dos compañeros investigadores (Lares y Gramajo) han calculado cómo de probable sería contactar con otra civilización extraterrestre.

Para ello han utilizado una técnica de simulación matemática llamada «Monte Carlo», que utiliza el azar para sustituir fórmulas con valores difíciles de computar o desconocidos. Precisamente, esta es una de las novedades de sus cálculos, tal y como explican Funes y sus compañeros en el artículo. Normalmente se utilizaba otro método, la ecuación de Drake, para hacer estas operaciones. El ex director del Observatorio Vaticano señala que, precisamente, nuestra ignorancia sobre los valores a determinar en esa fórmula hace que los resultados tengan poca validez, ya que se los elementos de cálculo se fijan arbitrariamente.

La ecuación de Drake se propuso en 1961, y calcula el número de civilizaciones con las que podríamos comunicarnos teniendo en cuenta 5 factores: cuántos planetas habitables hay en la Vía Láctea; cuántos de ellos tienen formas de vida; de las formas de vida, cuántas tienen civilizaciones con tecnología para enviar un mensaje al espacio; y cuántas de estas últimas existen en el momento actual. El problema es que no se pueden comprobar estos valores de manera empírica y es uno de las mayores debilidades de esta ecuación.

El tiempo de las civilizaciones es la clave

La simulación matemática que hicieron Funes y sus compañeros calculaba procesos de comunicación con origen en diferentes puntos de la Galaxia seleccionados al azar. Al ver los resultados, llegaron a una conclusión principal: el tiempo es el factor clave. La explicación a ello hay que buscarla en Einstein: la velocidad máxima que puede haber en el Universo tiene un límite, que es la velocidad de la luz. Nada puede ir más rápido. Por ejemplo, un mensaje de una civilización que estuviera a 500 años luz de nosotros necesitaría de una civilización que durase mil años. Medio milenio para llegar hasta nosotros y, si fuéramos capaces de responder al instante, otro medio milenio para que les llegara la respuesta. Por supuesto, esto podría significar que el «acuse de recibo» interestelar llegase cuando los primeros ya no existieran, o hubieran tenido un retroceso tecnológico que les impidiese recibir la señal.

Y aquí es donde cobra sentido la sugerencia  de cambiar los programas SETI. Atendiendo a su simulación matemática, uno de los resultados es que el momento de mayor probabilidad de recibir una señal es, justo, el momento en el que se enchufa el receptor.  Podría haber sucedido, según arrojan los cálculos, que el mensaje extraterrestre ya hubiera pasado por la Tierra… pero con otra tecnología de emisión diferente. Por ello, dada nuestra limitación en el tiempo, lo más sabio sería probar vías alternativas de poder recibir un mensaje alienígena.

Así lo explican en las conclusiones de su artículo: «El corto intervalo entre el auge y caída de las civilizaciones, comparado con la extensión de nuestra Galaxia, es una limitación fundamental para el número de contactos. La dimensión temporal, que falta en la ecuación de Drake, es un factor clave para entender la red de contactos en diferentes escenarios».

¿Hay vida extraterrestre?

Siendo director del Observatorio Vaticano, José Gabriel Funes ya afirmó que la existencia de vida extraterrestre era una teoría científica que merecía ser tenida en consideración. Fue una de las conclusiones de las jornadas de 2009 de la Academia Pontificia de las Ciencias de la Santa Sede.

Sin embargo, ese es un dato que, hasta el momento, se desconoce. Ciertamente, conforme avanza la astronomía se encuentran indicios de que puede o ha podido existir vida fuera de nuestro planeta, como la presencia de agua en Marte, ya certificada hace tiempo. Se sabe que incluso en un tiempo pasado fluyó en estado líquido.

Con este artículo, Funes arroja algo de luz al conocimiento y posibilidad de conocer vida alienígena, aunque pueda decirse que enfría las expectativas. Al dar tanta importancia al tiempo, dado el ingente tamaño de la Vía Láctea, se releva el periodo de vida de una civilización inteligente a una magnitud ínfima. Además, y en cuanto al método utilizado, este artículo supone pasar de una fórmula mecánica en la que se definen los valores de una ecuación, a una mentalidad que trabaja con el azar y tiene en cuenta aquello que no conocemos.

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