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Cartas de los obispos

El encuentro con el Resucitado en Emaús, José Manuel Lorca Planes

En este domingo tenemos la prueba de que Dios no está muerto, sino que vive y sale al camino de la vida, a nuestro encuentro. El Resucitado es quien nos da la paz. Jesucristo vuelve a tomar la iniciativa para caminar contigo. Este es el mensaje del Evangelio de hoy, que Jesús también sale hoy a tu encuentro en la calle, en tu casa, en el trabajo… para ofrecerte su Palabra, su misericordia, el perdón, la paz, la vida eterna…

El divino caminante, como el Buen Pastor, se ha acercado a dos discípulos que huyen, ellos creen que todo ha terminado y se van sin esperanza. Es Jesús quien se acerca a ellos, camina con ellos y establece un sencillo diálogo que les provoca hablar; manifiestan la admiración por las palabras y signos de Jesús, pero se lamentan de que todo acabara en la crucifixión. A pesar de su débil esperanza, le veían como un posible libertador de Israel, todavía no tenían claro el alcance de la misión de Jesús, porque aún tenían los ojos y los oídos cerrados y no entendieron nada, solo se quedaron en el discurso humano: “Era muy buena persona, tenía mucho poder de seducción con sus palabras y grandes obras, pero lo mataron y aquí terminó la historia. Nuestro gozo en un pozo”. A pesar de las diversas señales, ellos seguían desconectados, no atendieron el testimonio de las mujeres, solo mostraron extrañeza porque “algunos de los nuestros” comprobaron el relato de las mujeres, pero como a Él no le vieron, dejaron estar las cosas.

Para estos personajes la muerte de Jesús lo ha paralizado todo. ¡Ojo!, que de la percepción de estos discípulos participa mucha gente de hoy y por eso están rechazando las señales de resurrección y de vida, van desesperanzados a sus refugios, a sus cosas, porque se sienten fracasados y así le han cerrado las puertas a la Salvación. Pero aún hay más oportunidades, Jesús tuvo que reconstruir la confianza de los de Emaús, la historia de la salvación planteada por Dios, con una paciencia infinita y con un gran amor misericordioso… y les abrió los ojos hasta que se dieron cuenta de que era el Señor: por medio de su palabra y por medio del signo de la fracción del pan. El Resucitado les abrió los ojos para que vieran las cosas con sencillez, humildad, lucidez y coraje, y les impulsó a la misión, pero antes tenían que ver.

Hoy se nos invita a estar a la escucha, abrir el corazón a Dios siempre para ver lo sencillo que es fiarse de Dios y las múltiples oportunidades que nos da todos los días para creer. Me maravilla cómo el divino caminante se les acerca y les hace gustar la Palabra de Dios, donde encontrar la razón de la verdadera fe, la Verdad y la Vida, para saber de Él, para conocerle mejor. Otro aspecto importante es que Jesús abre puertas, ensancha el corazón, para practicar la hospitalidad, la caridad, y cómo les ha valido esta virtud para alcanzar la gracia de la fe. En tercer lugar, les ha hecho apreciar el sentido profundo de la Eucaristía, de valorar la importancia de tener delante al Señor, de reconocerle y darle gloria por la salvación que nos regala, por el alimento de su Cuerpo y de su Sangre. Aquí se encontraron con Él, en la Eucaristía le reconocieron e inmediatamente salieron a dar testimonio de que estaba vivo. Verdaderamente es maravilloso cómo el episodio de Emaús se repite tantas veces, causando admiración y despertando la fe. Aprovechad la Palabra, la Eucaristía y la caridad vividas con amor y respeto, porque son lugares de encuentro del Señor.

Que os bendiga y os conceda la fe y la misericordia.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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