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Rincón Litúrgico

El elegido por Dios

«Mirad a mi siervo, a quien sostengo, mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones». Así comienza el pimero de los cantos del Siervo del Señor que se encuentra en la segunda parte del libro de Isaías (Is 42, 1-4.6-7).

Estos poemas podían referirse a un profeta, elegido por Dios, o bien a un grupo de justos o a todo el pueblo de Israel. Pero la comunidad cristiana reconoció en ellos la imagen de Jesús de Nazaret. Él era el elegido por Dios para anunciar a las gentes la misericordia divina y para promover en el mundo la justicia humana.

En esta fiesta del Bautismo de Jesús, con el salmo responsorial alabamos al Señor que bendice a su pueblo con la paz (Sal 28). Esa paz que ha traído Jesucristo, tras el bautismo de Juan, como reconoce Pedro en casa del centurión Cornelio (Hch 10, 34-38).

EL ANUNCIO DEL PROFETA

En la primera parte del evangelio de hoy se dice que las gentes acudían con expectación a escuchar a Juan Bautista. Pero él no solo bautizaba sino que anunciaba la llegada de otro más fuerte que él. Juan ni siquiera se atrevía a compararse con el esclavo que ataba y desataba las correas de las sandalias de su amo  (Lc 3, 15-16).

Juan bautizaba a sus oyentes con las aguas del Jordán. El rito evocaba la entrada del pueblo de Israel en la tierra prometida. Al mismo tiempo, significaba la purificación necesaria para preparar los caminos del Señor. No podía haber y nunca habrá verdadera conversión sin la purificación del pecado.

Además, según Juan, el que venía detrás de él bautizaría con Espíritu Santo y con fuego. Aquellas palabras no eran una simple alusión a los elementos naturales. Juan sabía bien que el Espíritu presidía la creación del mundo. Y recordaba a las gentes que el fuego representaba la presencia purificadora de Dios.

LOS HIJOS DE DIOS

En la segunda parte se recuerda que en un bautizo general, también Jesús fue bautizado (Lc 3, 21-22). El misterio del bautismo de Jesús es una profunda catequesis:

  • «Mientras Jesús oraba, se abrió el cielo». Es bien conocida la importancia que el evangelio de Lucas concede a la oración. Los cristianos vemos en Jesús al gran orante. Para él y para nosotros, la oración es el medio de acercarnos a Dios.
  • «El Espíritu bajó sobre él como una paloma». Tras el diluvio, Noé soltó una paloma, que encontró tierra donde posarse y un ramo de olivo con el que regresó al arca. Jesús es la nueva tierra y la promesa de una nueva vida.
  • Una voz del cielo proclama a Jesús como el Hijo amado de Dios. En él se revela a los hombres la paternidad de Dios. Jesús es nuestro Señor y nuestro hermano. Gracias al Elegido, también nosotros podemos reconocernos como hijos de Dios.

Señor Jesús, en tu bautismo reconocemos el misterio de nuestro propio bautismo. El agua y el Espíritu nos revelan la grandeza y la belleza de una nueva vida. Y el fuego enciende nuestro corazón en el amor del Padre celestial. Siguiendo tus pasos, queremos vivir y actuar como  verdaderos hijos de Dios. Amén.

 



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