Editorial Revista Ecclesia
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Opinión

El ébola no es solo problema de África, es deber de todos el combatirlo – editorial Ecclesia

El ébola no es solo problema de África, es deber de todos el combatirlo – editorial Ecclesia

Ébola es el nombre de un río en la República Democrática del Congo, en el corazón, pues, de África, donde en 1976 fue identificada por primera vez una epidemia con altísimo grado de mortalidad. Fallecieron entonces, hace 38 años, los primeros infectados, entre ellos un científico belga, y Occidente se quedó tan tranquilo y apenas se avanzó en la investigación para su prevención y sanación ya que, se pensaría, el mal era solo propio y caldo de cultivo del África profunda.

En diciembre de 2013, hace ahora diez meses, el ébola reapareció con virulencia, sobre todo, en Sierra Leona y Liberia, pero Occidente siguió sin querer enterarse. Este verano el ébola entró a formar parte con fuerza de la aldea global cuando fueron afectados ciudadanos norteamericanos y españoles. Y entonces Occidente ya no se puso de perfil, sino que le entró más miedo, egoísmo e hipocresía que otra cosa y algunos de sus gurús comenzaron a rasgarse las vestiduras y a atemorizar a la población.

Y mientras tanto,  el ébola ha acabado ya, en las últimas semanas, según recientes datos de la OMS, con la vida de 2.917 personas y se han registrado 46.263 casos de contagio. Y la  tasa de mortalidad en esta epidemia sigue siendo del 71%.

Para España han tenido que ser, sí, dos extraordinarios y tan beneméritos misioneros y médicos españoles quienes, con el testimonio de su propia vida y de su propia muerte, nos hicieran entender que la lucha contra el ébola no podía esperar y que nos afecta a todos. El martes 12 de agosto falleció el primero de ellos, Miguel Pajares, y ahora, el 25 de septiembre, acaba de morir el segundo, Manuel García Viejo. Los dos eran hermanos de San Juan de Dios y los dos llevaban décadas dedicados al servicio sanitario y a la evangelización de los más pobres y preteridos de la tierra, en la olvidada y humillada África.

Como escribió en twitter el secretario general de la CEE, apenas se supo de la muerte de García Viejo,  “su ejemplo de amor evangélico a los demás como misionero es su mejor herencia”.  O como  señaló  el portavoz de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios el “estimulante ejemplo de humanidad y de fe” que demuestran vidas y muertes como estas significa que “una vida dedicada a los demás merece ser vivida”.

En las vísperas del DOMUND 2014,  estos misioneros españoles fallecidos por ébola –y otros como George Combey, Patrick Nshamadze, Chantal Pascaline…-, al igual que los que permanecen en estos asolados países, son, aunque pudiera parecer contradictorio –la fuerza del Evangelio reside siempre en la debilidad y en la cruz-, el mejor pregón, el mejor cartel, la mejor verificación de que siguen existiendo tantas personas que, como Jesucristo, aman y sirven a los demás, aun a costa de sus propias vidas. Sus testimonios, como ha escrito el director en España de Obras Misionales Pontificias, son “un necesario punto de referencia”, necesario, sí, y evangélico y alentador.

Y mientras que en España, la noticia de la tarde del jueves 25 de septiembre era, como queda ya dicho, que el ébola había acabado con la vida del misionero y médico Manuel García Pajares,  a esas horas – el mediodía en Estados Unidos de América-, en Nebraska, un médico norteamericano, Rick Sacra, de 51 años,  también contagiado semanas atrás en Liberia por este virus, ofrecía una rueda de prensa para comunicar que había superado la enfermedad.  El ébola, pues, tiene curación, como también ha acontecido con Mamadee, un niño liberiano de 11 años. Nadie más debería volver a morir de ébola. Depende de la comunidad internacional, que debería sentirse avergonzada que, tras casi cuatro décadas, siga sin haber una vacuna contra el ébola. Depende de que Occidente no olvide y no piense que el ébola es solo una enfermedad de África, que solo nos afecta e interesa cuando llega a nuestros lares. Depende de todos.

         En las páginas 11 y 16 y 17 de este número, ecclesia informa y reflexiona también sobre este tema, haciéndonos asimismo eco del llamamiento a la oración y a la solidaridad efectuado por el Papa, el miércoles 24 de septiembre. “Espero –subrayó Francisco- que no falte la ayuda necesaria de la comunidad internacional para aliviar el sufrimiento de estos hermanos”. Y así debe ser.  Está en juego la credibilidad moral de nuestra sociedad.

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