Revista Ecclesia » El duelo, a análisis en el Encuentro de Diaconado Permanente de la CEE
José Carlos Bermejo (izq.) y los obispos Vives (centro) y Vidal.
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El duelo, a análisis en el Encuentro de Diaconado Permanente de la CEE

Encuentro de Diaconado Permanente en la Conferencia Episcopal Española. Encuentro condicionado, lógicamente, por la pandemia, con un puñado de participantes de manera presencial, todos de Madrid, y el resto por videoconferencia. Primeras jornadas con los diáconos permanentes del arzobispo-obispo de Urgell, Joan-Enric Vives Sicilia, en calidad de presidente de la nueva Comisión de Clero y Seminarios. A su lado, en la presentación de los ponentes, el obispo auxiliar de Madrid, Jesús Vidal, presidente de la Subcomisión Episcopal de Seminarios, y los directores de secretariado de ambos departamentos, Juan Carlos Mateos (Clero) y Sergio Requena (Seminarios).

Y un ponente de lujo para comenzar la sesión, José Carlos Bermejo, religioso Camilo, doctor en Teología Pastoral Sanitaria, Máster en Bioética, director del Centro de Humanización de la Salud de Tres Cantos (Madrid), conferenciante y autor de más de 50 obras…, quien ha disertado sobre el duelo, los tipos de duelo, y los retos que plantea la nueva era digital en la pastoral de acompañamiento. Antes de iniciar, se ha recordado que algunos diáconos se han dejado la vida en los últimos meses en este acompañamiento a los enfermos de covid-19.

Bermejo ha comenzado señalando que no iba a centrar su intervención «en nuestra fe en la Resurrección de Cristo, que debería ser el centro de nuestra reflexión», sino en la cuestión psico-social. Ha recordado que el primer «centro de escucha» en esa pastoral nació en 1997 y que hoy son ya 32 los centros de esta clase que funcionan para organizar la diaconía de la caridad con quienes han perdido a un ser querido.

El autor de obras como Esperanza en tiempos de coronavirus y Duelo digital, escritas ambas durante la pandemia, ha descrito y explicado los distintos tipos de duelo —normal, anticipatorio, ambiguo, complicado (retardado, crónico, enmascarado), patológico, etc.— y ha subrayado que el duelo es «un proceso de adaptación» que, en principio, no tiene por qué requerir de actuaciones especiales, pues la sociedad ya cuenta con mecanismos para afrontarlo. Ha hablado de la esperanza cristiana (entendida no como «mero deseo» o «mero optimismo», sino como «ancla» para el doliente) como elemento para ayudar en este proceso.

Duelo digital

Especialmente interesante han resultado sus palabras sobre el duelo digital. «En el mundo digital, muertos y vivos conviven de una manera extraña, sin diferencias entre ellos», ha explicado. En Facebook, por ejemplo, hay 30 millones de perfiles de «muertos», personas, sin embargo, que pese a haber fallecido siguen vivas de alguna manera porque continúan generando mensajes al haber heredado alguien sus contraseñas… Hay ya velatorios electrónicos, cuentas «in memoriam», cementerios cuyas lápidas disponen de códigos QR que permiten que el muerto aparezca vivo en nuestro móvil con una sucesión de fotos y pasajes de su vida… Hay ya selfies pre y post mortem, y cada vez «más despedidas programadas». E igualmente, comienza a hablarse de los «legados» y «testamentos digitales», que contienen las voluntades del difunto con respecto a su «huella digital»…

Bermejo ha hablado de los duelos retardados (aquellos en los que no se lloró la pérdida a su debido tiempo), de los que se cronifican (cuando la persona es incapaz de volver a una vida social normal), de los enmascarados o encubiertos (que se manifiestan a través de enfermedades como dolores de cabeza, estómago, problemas dermatológicos, alergias, etc.), y de los «indecibles», por no estar bien vistos socialmente: por ejemplo, cuando se trata de relaciones homosexuales o cuando el fallecido es un/a amante.

«El dolor compartido es menos. Nombrar lo que se siente, desahoga. Hay que dar expresión a los sentimientos. Adaptarse al nuevo ambiente generado tras la pérdida e invertir energía emotiva en otras relaciones», ha dicho antes de resaltar la importancia del llamado «duelo anticipado» (el sufrimiento, por ejemplo, de un hijo que ve cómo su padre o su madre se apagan, o de un cuidador hacia la persona que ha atendido durante muchos años) para atenuar el duelo post-mortem.

Suicidios

Uno de los duelos más traumáticos es el que conlleva el suicidio. Cada año se suicidan en España 3.900 personas. «El suicidio —ha explicado— añade un sufrimiento particular: la culpa. Y tiene también un elemento vergonzante». Antes se recomendaba no publicitar los casos de suicidio por el supuesto efecto contagio que generaban. Hoy las indicaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) son diferentes: dicen que hay que no hay que ocultarlos. Los suicidas no van al infierno, se van de un infierno. Tienen un grado de desesperanza tan grande que consideran que su única salida es quitarse la vida, ha dicho.

La ponencia ha dejado un buen número de preguntas interesantes. ¿Cómo se puede ayudar a las personas que no son religiosas en su proceso de duelo? ¿Debe permitirse que se grabe un funeral para que pueda tener acceso a ese último adiós un ser querido —un hijo, por ejemplo— que no ha podido estar presente? ¿Hay más negación o más cercamiento a Dios, por parte de quienes sufren un proceso de duelo?

Con respecto a la primera cuestión, Bermejo ha constatado que el único rito cristiano que crece en participación es el fúnebre, pues en él participan también los no creyentes como «acto social», personas que pese a que en la iglesia se proclaman verdades de fe que no comparten acuden a ella, lo cual —ha dicho— supone una gran oportunidad pastoral. La grabación de un funeral es cuestión delicada a la que «creo que hay que poner límites». «Hay empresas fúnebres que ya ofrecen este servicio, en Brasil mucho».

Las jornadas se reanudan esta tarde con sendas ponencias de Francisco José López Sáez, profesor de la Universidad Pontificia Comillas y de la Universidad Eclesiástica San Dámaso, sobre «La epiritualidad del servicio diaconal. Bases antropológicas y espirituales».



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