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El drama social del aborto, por Fidel García Martínez

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El drama social del aborto, por Fidel García Martínez

De nuevo el drama social del aborto vuelve a ser tema de enfrentamiento de las fuerzas políticas con el fin de desviar la atención de lo que en realidad es, un genocidio censurado.

Según la manipulación de los políticos, quieren hacer que los ciudadanos comulguemos con ruedas de molino, y recurren a la demagogia populista acusando a la Iglesia Católica de querer imponer a la sociedad sus posturas religiosas sobre la defensa del concebido cuyo derecho fundamental y troncal es nacer, y del que nadie puede privarle por motivos legales. No hace falta practicar ninguna religión para rechazar el aborto, porque es un principio de derecho natural que el concebido y no nacido es un ser humano al que se le debe garantizar el nacer. El filósofo izquierdista radical Norberto Bobbio, nada sospechoso en materia religiosa, sino todo lo contrario, afirma: me sorprende que los laicos dejen a los creyentes el privilegio de defender la vida humana desde el inicio de su concepción.

El papa Francisco tan manipulado por los que quieren arrimar el ascua a su sardina política, afirma en su proyecto pastoral de Pontificado Evangelii Gaudim, más citado que leído, “Quiero ser completamente sincero en la cuestión del aborto, porque es una cuestión que hace referencia a la coherencia interna del mensaje sobre el valor de la persona humana, no debe esperarse que la Iglesia cambie. Este no es un asunto sujeto a supuestas reformas o “modernizaciones”. No es progresista pretende resolver problemas eliminando la vida humana. Pero también es verdad que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres, que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una solución rápida a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida humana que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza.

Existe un argumento que repetido sin cesar quiere hacernos admitir no sólo que el aborto no es un ataque directo a la vida de un inocente, sino que es un derecho de la mujer a abortar y que a ninguna mujer se le impone abortar. Ella es libre para hacerlo. Este es lenguaje de lo políticamente correcto, impuesto por la ideología de género. Este es lenguaje que quieren imponer los organismos internacionales incluida la ONU. Y parece ser que es el tributo que hay pagar por aceptar las libertades democráticas. Hace algunos años el gran filósofo Julián Marías: LA ACEPTACIÓN SOCIAL DEL ABORTO ES, SIN EXCEPCIÓN, LO MÁS GRAVE QUE HA ACONTECIDO EN EL SIGLO XX” Y eso que en el Siglo XX tuvieron lugar las matanzas más grandes de la historia perpetradas por el nacionalsocialismo y por el nacionalcomunismo, con sus respectivos campos de exterminio incluidos. El Gran Miguel Delibes nada sospechoso de reaccionario (Cinco horas con Mario) afirmaba sin complejos y con rotundidad: Los más progresista que se puede ser es defender la vida humana en el mismo seno materno. Por lo tanto lo más reaccionario que se puede ser es legalizar un crimen, lo haga quien lo haga y lo legisle, quien lo legisle.

Resulta sorprendente que quien se oponen a la pena de muerte, al maltrato de los animales, con razón y argumentos, sin embargo, no tengan ninguno para privar al concebido y no nacido de vivir sin torturado y aniquilado en el seno materno y – luchen hasta la extenuación para legalizar la muerte de los más inocentes los concebidos y no nacidos, cuando el derecho a la vida es sagrado y troncal. Lo que debería ser para el nasciturus lo más seguro del mudo se convierte en una cámara de tortura y de muerte, practicado por clínicas abortivas que han hecho de la sangre de los inocentes un negocio, pero cuyos empleados saben muy bien los trastornos psicológicos y morales que sufre la madre que aborta, además de privar al fruto de sus entrañas del derecho de todos los derechos: el de nacer. Estudios psiquiátrico muy cualificados han analizado los traumas postaborto que sufren las mujeres.

Fidel García Martínez, Doctor Filología Románica Licenciado en Ciencias Eclesiásticas

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