Blog del director JMJ 2011 Madrid

El don y el reto del Pentecostés de la JMJ Madrid 2011 (Editorial Revista ECCLESIA, 27 agosto 2011)

Quienes -miles y millones de personas- de un modo u otro, con mayor o menor intensidad, hemos participado en esta XXVI Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en Madrid del 16 al 21 de agosto, es seguro que tenemos la sensación y la conciencia de haber asistido a un acontecimiento extraordinario e inolvidable, a un auténtico “kairós” del Espíritu, a un inmenso Cenáculo de gracia. 

Y con el salmista bien podemos exclamar que “el Señor ha estado grande, muy grande, con nosotros y estamos alegres, muy alegres”. La JMJ 2011 Madrid ha sido un incuestionable y memorable éxito. Pero ha sido mucho más. Ha sido una colosal y ubérrima siembra evangelizadora. Ha sido una siembra de fe, de alegría, de catolicidad, de testimonio, de vocación y de misión. Ha sido un inmenso don de Dios a su Iglesia y desde ella a la entera humanidad.  Y como don es también ahora un reto.

Desde su creación, hace más de un cuarto de siglo, las JMJ se han convertido en la mayor acción evangelizadora conjunta promovida por la Iglesia, que, ante la magnitud de su convocatoria y respuesta de los destinatarios de la misma, se convierte –mal que les pese a algunos- en reclamo y punto de mira para la entera opinión pública y para toda la sociedad. Las JMJ no son una explosión vana del orgullo católico, sino una siembra  evangelizadora y una puesta en escena de una verdad irrefutable, más allá sus limitaciones y desafíos: la Iglesia está viva y es joven. Y esto, que es así,  no va contra nadie, sino a favor de todos.

Los jóvenes de las JMJ, los jóvenes en concreto de esta magnífica y maravillosa JMJ 2011 Madrid, sus muchachos y muchachos de su tiempo, de su cultura de su “ciudad”. No viven agresivamente su fe  -una fe incluso en casos y en ocasiones en ciernes, con  vacilaciones, dudas e incoherencias- sino que la muestran con la frescura, la fuerza, el dinamismo y la belleza de la juventud. Y para fortalecer esta fe –como ha rezado el lema de la JMJ 2011 Madrid- la Iglesia lanza iniciativas de esta naturaleza a fin de que los jóvenes se arraiguen y se construyan desde Jesucristo, a fin de que la presión ambiental no le robe o contamine el alma, a fin  de que jamás se avergüencen de Él y sepan testimoniarlo, desde la comunión y la misión de la Iglesia, en medio de sus coetáneos los jóvenes, a fin de que sean jóvenes que evangelizan a jóvenes y a los demás.

Por todo ello, la Iglesia, que quiere y necesita a los jóvenes, apuesta  por iniciativas como las JMJ. Fruto de esta actitud y apuesta, la JMJ 2011 Madrid ha prestado un impagable y admirable servicio evangelizador. De justicia y de corazón, vaya nuestro sincero agradecimiento y  efusiva felicitación a la archidiócesis madrileña y de una manera muy particular a su pastor, el cardenal Antonio María Rouco Varela, motor y pieza clave de este éxito, de este Pentecostés.  Este agradecimiento y felicitación,  extensivo a todos cuantos han colaborado con la JMJ 2011 Madrid –y son cientos y miles de personas, empresas, instituciones y administraciones-, ha de llegar igualmente –y muy en primer plano y en primera persona- al Papa Benedicto XVI, quien ya he hecho historia y ya ha dejado huella en las JMJ, una de las más geniales y providenciales iniciativas de su antecesor, el queridísimo y siempre recordado Juan Pablo II. Sin el Papa una JMJ no sería lo que es.

Y como las gracias son para compartir y repartir, ahora llega el momento, mientras a la vez empezamos a preparar la JMJ 2013 Río de Janeiro,  del reto que es revitalizar nuestra pastoral juvenil. No podemos permitir que tanta alegría, que tanta siembra, que tanta esperanza se queden ahí, en el baúl de los recuerdos, aunque sean de los mejores y más imperecederos recuerdos. Nuestra pastoral juvenil tiene tras la JMJ 2011 Madrid un antes y un después. Cuenta con el aval incalculable  de la gracia del Cenáculo de Cibeles y Cuatro Vientos, y ahora ha de tener el reto de hacerlo llegar a todos los rincones. Y el Papa, con su discursos, homilías y gestos de estos días,  nos ha brindado y aportado tantos argumentos, tantas y tan espléndidas y pautas pastorales y espirituales para responder a este reto.

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