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El don de la sinodalidad, por Cristina Inogés

Sabiduría, entendimiento, consejo, ciencia, piedad, fortaleza y temor de Dios son los dones del Espíritu Santo. En este momento en el que iniciamos el camino sinodal, crucial para la Iglesia, aunque algunos no lo vean así, no estaría de más pedirle al Espíritu que ampliara su «oferta» de dones y nos diera también el don de la sinodalidad.

Nadie nace aprendido en esta vida. Se aprende viviendo y la vida abarca muchos aspectos. Aprendemos a caminar, a comer, a hablar, a leer, a escribir… ¿Aprendemos a ser Iglesia? ¿Se nos enseña? Me temo que a ser Iglesia, se nos enseña con el peligroso método de la suma de mezclar teoría y dar por supuestas ciertas cuestiones, y que nos ha traído no muy buenas consecuencias.

A ser Iglesia se aprende siendo Iglesia viva y vivida; teniendo presente y haciendo realidad en la propia vida y en la de los demás la forma de actuar de Jesús de Nazaret y su mensaje, es decir, compartiendo el Pan y la Palabra, que es lo más importante; aceptando las diferencias y peculiaridades de cada uno como posibilidad de enriquecernos todos; escuchando por donde nos indica el Espíritu que debemos ir; estando atentos a los signos de los tiempos; haciendo todo lo posible porque la justicia del Reino de Dios se haga realidad cada día; aceptando aquello que nos puedan decir quienes no se acercan mucho a la Iglesia, pero que tampoco se sienten bien alejados de ella; tropezando, pidiendo perdón y levantándose (porque tampoco nacemos perfectos)… Hay muchas formas y posibilidades.

Ahora, ya casi a las puertas del inicio del Sínodo cuyo tema recuerdo que es Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión, tener el don de la sinodalidad no es para tomárselo a broma porque no sabemos ser sinodales. Nadie nos ha enseñado y será necesario aprender. Hay que hacerlo por la Iglesia, por nosotros, y por las futuras generaciones porque se lo debemos.

Puede que haya quien piense que algunas personas insistimos mucho en el tema de la sinodalidad, y puede que hasta nos consideren unos «frikis» del tema. Pues no está nada mal ser «frikis» sinodales.

En la sociedad civil un «friki» es una persona con un comportamiento peculiar y hasta excéntrico, con gustos que podrían ser calificados de «alternativos» y, consecuentemente, dados a llamar la atención. Curiosamente, en la Biblia, en el Libro de la Sabiduría (2, 15) he encontrado unas palabras que podrían ser la perfecta definición de «friki» en la Iglesia: «Su vida es distinta de los demás y camina por sendas diferentes».

Con arreglo a estas palabras ser «frikis» de la sinodalidad es algo estupendo. Quienes insistimos en el tema estamos en línea con ese comportamiento contracorriente al que nos anima el evangelio, y que llama la atención de quien no conoce la Buena Noticia.

Esta forma de ser «frikis» no es nada superficial y, por eso, necesitamos la ayuda del Espíritu. Además, la sinodalidad es también, y diría que principalmente, un proceso espiritual en el que nos vamos a tener que poner seriamente a la escucha de lo que el Espíritu diga, indique y sugiera. ¡Ánimo con esa participación en la fase diocesana del Sínodo! Por primera vez, un Papa, en este caso Francisco, convoca a todo el Pueblo de Dios. ¡Todos vamos a tener la posibilidad de hablar y ser escuchados! Estamos protagonizando un momento histórico en la Iglesia. Pedirle al Espíritu que nos regale el don de la sinodalidad es importante porque, después de todo, ser «frikis» está bien, pero ser «frikis» preparados es muchísimo mejor.

Por Cristina Inogés Sanz
Laica, teóloga y escritora
Miembro de la Comisión Metodológica del Sínodo
@Crisinogessanz



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