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Cartas de los obispos Última hora

El Domingo de la Palabra De Dios

Cuando se fija una jornada para recordar o celebrar algo, se corre el peligro de limitar a un solo día la importancia del motivo que se intenta destacar. Y generalmente los promotores de dichos recuerdos, sean de salud, de tráfico o de problemas universales, pretenden hacernos caer en la cuenta que reflexionemos con más intensidad ese día pero que nos acompañe el resto del año para que nuestro actuar sea concorde con las pretensiones anunciadas, bien sea la salud mental, el día del árbol o la jornada de la paz.

Los católicos celebramos en este domingo la JORNADA DE LA PALABRA DE DIOS, que es una iniciativa auspiciada por el papa Francisco hace dos años. Por supuesto que no se trata de inventar ahora un nuevo motivo para la vida cristiana. La Palabra de Dios ha estado en el corazón de todos los cristianos, en las explicaciones de todas las comunidades y, en definitiva, en todas las celebraciones de la propia Iglesia. Es una parte esencial de nuestra fe. Se proclamaba de forma emotiva y solemne en las catacumbas o en los domicilios particulares de las primeras familias cristianas, ha sido el alimento espiritual a lo largo de los siglos hasta llegar al momento presente donde todos os percatáis de la gran cantidad de pasajes bíblicos que se proclaman en nuestras celebraciones.

Con todo lo expuesto anteriormente el Papa todavía ha dado un paso más y desea que aumente en todos nosotros la importancia de la Palabra en nuestras vidas. El conocimiento, el cariño y la aceptación de las orientaciones que en ella se contienen no terminan nunca. Siempre pueden ir a más. Necesitaremos su escucha para que ilumine la actuación diaria y nos guíe en las relaciones con Dios y con los demás.

La lectura de la Palabra no está pensada para aumentar la erudición, para situar mejor los datos geográficos o para conocer más profundamente la historia de las comunidades humanas sino para comprender el designio de Dios sobre la humanidad y, concretando un poco más, para que nuestra vida sea más auténtica, más coherente, más evangélica.

Me consta y me alegra que cuando se programa algún curso de formación o se proponen charlas informativas, son muy bien aceptadas aquellas que hacen referencia a la Palabra de Dios. Hay como una especie de curiosidad por acercarse al texto bíblico que, por otra parte, debe ser superada por el interés, por el aprovechamiento personal y por la profundización comunitaria. Vale la pena que este domingo nos estimule a todos a un intenso acercamiento a la propia Revelación:

Al obispo y a los sacerdotes preparando bien las homilías con estudios bíblicos. A los religiosos meditando y aplicando en sus comunidades los pasajes diarios de la Biblia que les permiten desarrollar y transmitir sus carismas. A los catequistas, grupos de oración, equipos de acción caritativa orando siempre con textos bíblicos. A los profesores de religión animando a los alumnos a la lectura semanal. A los padres y a las familias en general disponiendo de una Biblia en casa para que sus hijos y todos los miembros la consulten con naturalidad. A todos aconsejando al menos cinco minutos de lectura diaria de la Palabra de Dios.

Aparte de las muchas iniciativas que se proponen, deseo invitar a todos a dos actividades que la diócesis ha preparado: la presentación de la Semana el próximo martes, a las 18.30 h. en la Casa de la Iglesia y una plegaria el próximo jueves, a las 19 h. en el IREL.

+ Salvador Giménez Valls
Obispo de Lleida



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