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El derecho es a la vida y a los cuidados paliativos, no a la eutanasia – editorial Ecclesia

El derecho es a la vida y a los cuidados paliativos, no a la eutanasia – editorial Ecclesia

El Pleno del Congreso de los Diputados de España aprobó, el martes 26 de junio,  por 206 votos a favor, 132 en contra y 1 abstención la próxima tramitación parlamentaria de una proposición de ley del PSOE para regular la eutanasia. Esta aprobación del 26 de junio ha sido el primer paso para reformar al respecto nuestro Código Penal y  para su entrada en vigor como derecho. Ya el  3 de mayo pasado,  como contó y analizó el Editorial de ECCLESIA del número 3.934-35, esta proposición de ley quedó registrada en la Cámara Baja. Entonces, se aprobó con el voto en contra del PP y la abstención de Ciudadanos. Ahora el PP ha reiterado su voto contrario y Ciudadanos se ha sumado al resto de fuerzas políticas favorables a la legalización de la eutanasia.

Al día siguiente, el Papa Francisco escribió este mensaje en su cuenta en Twitter: «Estamos llamados a custodiar a los ancianos, los enfermos, los niños por nacer: la vida debe ser tutelada y amada siempre, desde la concepción a su ocaso natural”. Y esto –promover la vida de todos y de toda la vida humana- lo demanda no solo el Evangelio, sino también la misma ley natural y la ciudadanía auténticamente de bien y de progreso.

El derecho es a la vida y no a la eutanasia.  Como afirmó el secretario general de la CEE «no se pueden ir haciendo derechos de laboratorio que no nazcan de la dignidad y la naturaleza humana». La eutanasia «es un mal moral y un atentado a la dignidad de la persona». Por ello, añadió Gil Tamayo, «no podemos hacer corredores de la muerte,  que ya tenemos bastantes y que han de desaparecer». «Nuestra defensa de la vida  -apostilló- debe ser integral, desde su origen a su ocaso». Y de ahí, por ejemplo, también el rechazo eclesial a la pena de muerte, como tantas veces clama asimismo Francisco.

«La eutanasia -recordaron los obispos españoles el pasado 21 de mayo (ecclesia, número 3.937, página 11)- es ajena al ejercicio de la medicina y a las profesiones sanitarias, que siempre se rigen por el axioma de “curar, al menos aliviar, y siempre acompañar y consolar”». Es más, añadía la Subcomisión Episcopal de Familia y Vida, «el artículo 36,3 del Código de Ética y Deontología Médica de la Organización Médica Colegial española afirma que “el médico nunca provocará intencionadamente la muerte de ningún paciente, ni siquiera en caso de petición expresa por parte de éste”».

Así, pues, y como está haciendo buena parte de la comunidad médica y científica, el derecho que hemos de reclamar a los gobernantes y a los partidos políticos es el de defender mejor la vida. Y hacerlo, en este caso concreto, a través de una implementación universal y eficaz de los cuidados paliativos.

Nada más aprobarse esta toma en consideración parlamentaria a la proposición socialista, el doctor Marcos Gómez Sancho, pionero de los cuidados paliativos en España y primera e indiscutible autoridad en materia, declaró que «lo urgente y prioritario es atender a los 75.000 enfermos que en España están pasando por un sufrimiento intenso, que sería evitable si tuvieran acceso a una unidad de cuidados paliativos». Y añadió contundentemente: «Es una irresponsabilidad política regular la eutanasia antes de tener resuelta esta atención o las ayudas a los dependientes. Es escandaloso que cada día mueran un centenar de enfermos esperando ayudas a la dependencia».

Por ello, «si todo esto no se resuelve antes y se aprueba la eutanasia, los más frágiles e indefensos se sentirán coaccionados». Y, aun con mayor claridad, el doctor Gómez Sancho argumentó: «La defensa de la vida está enraizada en la profesión médica. Un médico gestionando la muerte por orden del Estado es una vergüenza, como ocurrió en la Alemania nazi o cuando hubo doctores aplicando la inyección letal en Estados Unidos».

Y es que  la eutanasia no es ningún derecho, ni ningún avance o  progreso para la sociedad. Matar a los que sufren nunca puede ser progresista; acabar con los enfermos indefensos es reaccionario y lo progresista es cuidarlos. Porque toda la vida entera y la vida de todas  las personas debe ser siempre acogida, protegida, promovida y custodiada. Y la defensa de esta tan justa causa es exigencia de la  razón, de la ética natural y de la conciencia cristiana.

 

 

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  • El derecho a la vida de todos es un bien indiscutible que debería protegerse siempre. El derecho a la vida es sagrado. El Estado no puede decidir quién vive y quién no por Decreto-Ley.

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