Cultura

El Cristo de Medinaceli en la nueva novela de Jesús Sánchez Adalid: «Treinta doblones de oro»

El Cristo de Medinaceli en la nueva novela de Jesús Sánchez Adalid: «Treinta doblones de oro»

Alguien diría que Jesús Sánchez Adalid, que estudió Derecho y ejerció de juez un par de años, es hombre de vocaciones tardías. Porque después de esa experiencia profesional se hizo sacerdote y, bastantes años más tarde, se dedicó a escribir novelas históricas.

En lo último tuvo éxito desde el primer momento, y hoy es uno de los nombres españoles más importantes dentro de este género, con títulos como El mozárabe o El caballero de Alcántara. Su editorial habitual, Ed. B, confía tanto en él que la presentación a los medios del más reciente, Treinta doblones de oro, ha incluido un viaje a la ciudad marroquí de Mequinez, donde transcurre parte de la novela.

El argumento de ésta tiene que ver con la crisis finisecular del siglo XVII, durante el reinado del desdichado Carlos II, con un episodio militar en una posesión española en la costa africana y con el lucrativo negocio del secuestro ejercido por los moros y la consiguiente labor de rescate de los cautivos. Y al final y sobre todo, como si el 80 o 90% de la narración fuera un gran macguffin, con la sorprendente historia del Cristo de Medinaceli, esa imagen que tanta devoción popular suscita en Madrid y muchos otros lugares de España.

 

«Si la historia no fuera tan novelesca, no la hubiera contado», dice Sánchez Adalid. «Y lo bueno es que todo es rigurosamente cierto y se conserva la documentación«. No hace falta preguntarle si se documenta para escribir sus novelas. Es más que evidente y él mismo da cuenta de sus investigaciones al final del libro; reconoce que ha leído cientos de documentos de todo tipo: memoriales, colecciones epistolares…

Basada en la verosimilitud

Y es que Jesús Sánchez Adalid tiene muy claro lo que debe ser la novela histórica. «Me interesa contar la historia de personas anónimas y que los hechos históricos sean el escenario», dice. «La buena novela histórica debe estar basada en la verosimilitud. En España no tenemos tradición de novela histórica, porque las del siglo XIX que tenemos por tales, no lo son realmente, son novelas románticas. Ahora este género es muy demandado por los lectores, hay un deseo de la sociedad de conocer y disfrutar con la historia, se ve también en las visitas a los museos, y se ha producido el pendulazo, todo el mundo escribe novela histórica: periodistas, políticos… pero las aguas volverán a su cauce. La novela histórica requiere mucho trabajo, y, desde luego, no se trata de rescribir la historia, para eso están los historiadores».

En cuanto al lenguaje, Sánchez Adalid, que se reconoce lector de clásicos, cree que «no se trata de hacer un pastiche, porque todo tiene su tiempo, pero sí hacer guiños con una forma de hablar que tiene su gracejo. No sometería al lector a la carga de leer una novela con el lenguaje del siglo XVII, pero la novela sí debe tener una reminiscencia de aquel lenguaje. Eso tiene su trabajo y su técnica, que, básicamente, consiste en darle ese tono sobre todo al principio y luego irlo reduciendo».

El sentido del humor, espolvoreado aquí y allá para desdramatizar una historia en la que abundan las calamidades («la literatura del siglo XVII también es así», precisa él), y una visión de las personas como seres complejos, con luces y sombras, alejada del maniqueísmo, completan la que podría ser la fórmula del éxito que viene acompañando a Sánchez Adalid en los últimos años.

Fuente: www.elmundo.es

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