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El creyente no es arrogante ni intolerante, por Josep Àngel Saiz Meneses, obispo de Terrassa

El creyente no es arrogante ni intolerante, por Josep Àngel Saiz Meneses, obispo de Terrassa

En mis comentarios a la encíclica del Papa sobre la fe he intentando destacar los aspectos prácticos en los que el Santo Padre nos invita a los creyentes a expresar y a dar testimonio de nuestra fe.

En tres ámbitos despliega la encíclica la fecundidad de la fe entendida como la acogida de la verdad de un amor, del amor de Dios Padre manifestado en la cruz y la resurrección de Jesús: en la visión del mundo físico, en el diálogo con las religiones y en la teología cristiana. (Los trata el Papa en los números 34, 35 y 36 del capítulo segundo de la carta encíclica).

Ante todo, frente a quienes ven la fe como una opción meramente subjetiva y temen que se imponga a todos como una forma de pensamiento hegemónico e impositivo, el Papa dice que “si la fe es la verdad del amor, si es la verdad que se desvela en el encuentro personal con el Otro y con los otros, entonces se libera de su clausura en el ámbito privado para formar parte del bien común”.

Aquí  el documento es muy práctico al afirmar que “la verdad de un amor no se impone con la violencia, no aplasta a la persona. Naciendo del amor puede llegar al corazón, al centro personal de cada hombre. Se ve claro así que la fe no es intransigente, sino que crece en la convivencia que respeta al otro. El creyente no es arrogante; al contrario, la verdad le hace humilde, sabiendo que más que poseerla él, es ella la que le abraza  y le posee. En lugar de hacernos intolerantes, la seguridad de la fe nos pone en camino y  hace posible el testimonio y el diálogo con todos”.

En cuanto al primer ámbito, el mundo material y de las ciencias, hace una afirmación que haría feliz a Teilhard de Chardin, si se hubiera hecho en sus años: “La fe ilumina incluso la materia, confía en su ordenamiento, sabe que en ella se abre un camino de armonía y de comprensión cada vez más amplio. La mirada de la ciencia se beneficia así de la fe: ésta invita al científico a estar abierto a la realidad, en toda su riqueza inagotable”.

El segundo ámbito es el del diálogo con quienes no son creyentes pero se preguntan por el sentido del misterio de la vida y buscan a Dios y también, por supuesto, con los seguidores de las diversas religiones. “Al configurarse como vía, la fe concierne también a la vida de los hombres que, aunque no crean, desean creer y no dejan de buscar. (…) Quien se pone en camino para practicar el bien se acerca a Dios y ya es sostenido por Él, porque es propio de la dinámica de la luz divina iluminar nuestros ojos cuando caminamos hacia la plenitud del amor”.

El tercer ámbito en que se ha de desplegar la fe entendida como la acogida de la verdad de un amor es el esfuerzo de la teología. No podía faltar este aspecto en un documento de quien, como Benedicto XVI, ha hecho del trabajo teológico la principal dedicación de su vida. Advierte a los teólogos que “Dios no se puede reducir a un objeto, Él es sujeto que se deja conocer”. Les recomienda humildad, porque “la humildad que se deja tocar por Dios forma parte de la teología y reconoce sus límites ante el Misterio”. Por otra parte, es necesario que la teología, “puesto que vive de la fe, esté al servicio de la fe de los cristianos y se ocupe humildemente de custodiar y profundizar la fe de todos, especialmente de los sencillos”.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

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