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El corazón del Papa Francisco vuelve a Lampedusa

El corazón del Papa Francisco vuelve a Lampedusa

Inclinarse sobre el necesitado con ternura y comprensión

Mensaje del Papa Francisco a monseñor Francesco Montenegro, arzobispo de Agrigento, con ocasión del I aniversario de la visita papal a Lampedusa (8-7-2014)

Al Venerado Hermano
Mons. Francesco Montenegro
Arzobispo de Agrigento


El aniversario de mi visita a la isla de Lampedusa evoca en mi ánimo sentimientos de gratitud hacia el Señor por darme la posibilidad de acudir a ese extremo de la tierra siciliana a rezar por las demasiadas víctimas de naufragios; a realizar un gesto de cercanía hacia los inmigrantes que buscan una vida mejor y a despertar la atención acerca de sus dramas; a expresar gratitud a los habitantes de Lampedusa y de Linosa, comprometidos en una encomiable labor de solidaridad y apoyados por asociaciones, voluntarios y fuerzas de seguridad. En aquel encuentro tan preñado de significado, junto a la Iglesia que está en Agrigento se percibió la presencia espiritual y afectiva de todas las comunidades católicas italianas, que, a diferentes niveles y de muchas maneras,  forman parte activa de la acción de acogida de los migrantes.
Un año después, el problema de la inmigración va agravándose, y, por desgracia, otras tragedias han ido sucediéndose con un ritmo trepidante. A nuestro corazón le cuesta aceptar la muerte de estos hermanos y hermanas nuestros, que afrontan viajes extenuantes para huir de dramas, de pobrezas, de guerras, de conflictos a menudo relacionados con políticas internacionales. Una vez más, me adentro espiritualmente en el mar Mediterráneo para llorar con cuantos están sumidos en el dolor y para arrojar las flores de la oración de sufragio por las mujeres, por los hombres y por los niños que son víctimas de un drama que parece no tener fin y que exige ser afrontado no con la lógica de la indiferencia, sino con la lógica de la hospitalidad y de la compartición, con el fin de tutelar y promover la dignidad y la centralidad de todo ser humano.
Animo a las comunidades cristianas y a toda persona de buena voluntad a inclinarse sobre el necesitado para tenderle la mano, sin cálculos, sin temor, con ternura y comprensión. Al mismo tiempo, espero que las instituciones competentes, especialmente en el ámbito europeo, sean más valientes y más generosas a la hora de socorrer a los desplazados.
Con estos deseos, imparto a usted, querido hermano, a cuantos participen en los diferentes momentos de oración y de reflexión y a toda la comunidad diocesana, la implorada bendición apostólica.

Vaticano, 23 de junio de 2014.

Fraternalmente.

FRANCISCUS

(Original italiano procedente del archivo informático de la Santa Sede; traducción de ECCLESIA)

 



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