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Carta del Obispo

El Consejo Diocesano de Laicos, para la comunión eclesial

El Consejo Diocesano de Laicos, constituido recientemente en nuestra diócesis, es un organismo representativo de todos los laicos de la diócesis para la comunión eclesial. El 22 de septiembre tiene su reunión de comienzo de curso. Son miles y miles en nuestra diócesis de Córdoba los fieles laicos que viven su fe en torno a las parroquias, los movimientos apostólicos, las comunidades, los grupos, las cofradías y hermandades, los colegios y las instituciones que los sustentan. Y cada vez somos más conscientes de que los seglares tienen un papel fundamental en la obra evangelizadora de la Iglesia.

Hasta que no hay un grupo suficiente de fieles laicos, podemos decir que la Iglesia no está implantada y arraigada en ese lugar. En el campo de la familia y la vida, en el campo del trabajo, en el campo de la cultura, en el campo de la vida pública con sus asociaciones, sociedades intermedias, e incluso en la política. En todos esos campos, la presencia de los fieles laicos es imprescindible para que la Iglesia pueda ser fermento que transforma el mundo desde dentro, según el Evangelio.

La familia es un campo preferencial. La inmensa mayoría de los fieles laicos son llamados al matrimonio para constituir una familia según el plan de Dios. La unión estable del varón y la mujer, santificada por el sacramento del matrimonio y abierta generosamente a la vida. Hoy más que nunca se hace necesario evangelizar la familia. Dios tiene su plan de amor sobre los hombres, Dios es familia. Y en el misterio del Verbo encarnado, el Hijo se ha desposado con la humanidad haciéndose hombre y congregando la Iglesia como una familia universal. No hay propuesta más bella que la del Evangelio para el hombre que está llamado a constituir una familia. Urge anunciar esta belleza del amor humano, ya desde niños, adolescentes y jóvenes, mostrando que es posible amar, amar para siempre, amar al estilo de Cristo. Sólo él sacia de veras el corazón humano.

El mundo del trabajo necesita ser evangelizado según la doctrina social de la Iglesia. El trabajo no es simplemente un producto o una actividad, sino el lugar donde la persona colabora con la obra creadora y redentora de Dios y donde se estrechan lazos de relaciones humanas. El centro del trabajo es la persona.- El campo de la cultura reclama la presencia de fieles laicos, para que se construya un mundo nuevo abierto a Dios y a la transcendencia. Un mundo sin Dios, es un mundo inhumano.- Y en la vida pública hay que hacer presente el Evangelio para construir un mundo más justo y más fraterno.

El Consejo Diocesano de Laicos reúne a representantes de todos los territorios de la diócesis y de todos los carismas y asociaciones. Quiere ser un lugar de encuentro, de comunicación. No es un parlamento, sino un lugar de comunión eclesial, donde todos nos escuchamos, como se hace en una familia, y cada uno asume la tarea que le corresponde en la edificación de la Iglesia. Traer las preocupaciones de la sociedad y del mundo al corazón de la Iglesia, y llevar la luz y la sal del Evangelio a cada situación humana, esa es la misión de este Consejo Diocesano de Laicos, en estrecha comunión con el Obispo, sucesor de los apóstoles.

No es una organización más. Es un organismo que articula la vida de los seglares en toda la diócesis y su presencia transformadora en el mundo en que vivimos. La andadura de este Consejo pretende que los seglares se conozcan, se comuniquen, se ayuden entre sí sin rivalidades y sin autonomías que hieren la comunión eclesial. La unión hace la fuerza. La diversidad de carismas enriquece la familia de los hijos de Dios, cuando se vive en la unidad y la comunión.

Que en cada parroquia y en cada grupo cristiano crezca el sentido de pertenencia a la Iglesia. Todos nos necesitamos mutuamente. Pedimos a Dios que este Consejo Diocesano de Laicos cumpla su misión, tan necesaria en la nueva evangelización. Y que los laicos asuman su importante papel en esta hora de la Iglesia.

Con mi afecto y bendición:

+ Demetrio Fernández

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