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El claretiano Fernando Prado destaca la misión profética de la vida consagrada

«La profecía de la vida consagrada está en lo que es en sí y en lo que hace. Está, sobre todo, en su vivencia de los votos, su carácter comunitario y en cómo se plasma eso en acciones y servicios en las diferentes fronteras y periferias». Así se expresaba ayer el director de Publicaciones Claretianas, Fernando Prado, quien participó en ‘Jueves del ITVR’, reflexionando sobre ‘La misión de la vida consagrada. Epifanía del amor de Dios en el mundo’.
En referencia al tema de la profecía, Prado añadió que «el profeta, ciertamente, marca una diferencia en su modo de vivir y actuar. Pero ¡ojo!: esta diferencia, este carácter alternativo o contracultural de la vida profética no significa que se trate de una vida ideológicamente contestataria o irracionalmente antisistema, sectaria, excéntrica o rara, incapaz de resultar creíble y de atraer. Todo lo contrario. La profecía es atractiva, es admirable; en ella se intuye y se trasluce la autenticidad y la verdad. Jesús, profeta por antonomasia, es siempre atractivo y «seductor». Su vida y sus obras nos indican un camino alternativo, auténtico, lleno de verdad, que llama la atención».

El carácter profético de la vida consagrada

«La vida consagrada lleva adelante esta misión profética intentando responder con creatividad a los signos de los tiempos, a las necesidades de la humanidad y de la Iglesia. Las tareas concretas pueden ir variando –los carismas son realidades vivas– pero la esencia de la profecía es siempre la misma, y aparece siempre arraigada en una profunda experiencia de Dios que lleva a las personas consagradas a un compromiso con los demás, especialmente con los pobres, preferidos de Dios».

La vida consagrada en la misión de la Iglesia

«Partimos de una visión de la vida consagrada inserta en el cuadro más amplio de una eclesiología de comunión renovada, en la que entendemos esta forma de vida como parte de la vocación común de todos los bautizados. Somos parte de la comunión de la Iglesia y a ella servimos. La clave está en ese servicio. Las tres notas más características, que marcan su identidad y que de sobra conocemos son el testimonio de los votos, la vida de comunidad y el carisma fundacional particular».

La vida consagrada no es ingenua

«Los valores evangélicos a veces contrastan con los valores al uso en medio de una sociedad cada vez más marcada por la indiferencia religiosa, cuando no por un ateísmo práctico que ha sustituido a Dios por otros ídolos, olvidándose de muchos que quedan al borde del camino o son descartados. La vida consagrada denuncia con sus obras y palabras estos ídolos que el mundo se ha fabricado (y que a veces lo esclavizan) e invita a los hombres y a las mujeres a levantar la vista para mirar más allá de lo meramente terreno e inmanente, que nos tiene demasiado apegados a lo material, sofocando tantas veces la esperanza. La vida consagrada quiere denunciar la idolatría de las riquezas, el bienestar a toda costa y los intereses personales que pueden desplazar a Dios y dejar a un lado a los demás, especialmente a los preferidos de Jesús: los pobres».



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