Iglesia en España

El ciego que quería ver, por Eusebio Hernández Sola, obispo de Tarazona

El ciego que quería ver, por Eusebio Hernández Sola, obispo de Tarazona

Queridos hermanos y amigos:

En la primera lectura de la Misa de este domingo (Jeremías 31, 7-9) hemos escuchado el anuncio de la obra del Señor con su pueblo: El Señor ha salvado a su pueblo. Y nos da las señales que va a realizar: los congregaré de los confines de la tierra. Este pueblo que el Señor va a congregar es un pueblo débil, ciegos, cojos, preñadas y paridas y, a la vez, es una gran multitud, con la que el Señor se va a volcar en su gran misericordia, ya que los consolará y será un padre para ellos.

En relación con esta lectura el Evangelio (Marcos 10, 46-52) nos presenta un milagro de Jesús, la curación del ciego Bartimeo. En los Evangelios se nos presentan distintas curaciones de ciegos, la de Bartimeo el ciego de Jericó, la recogen los tres Evangelistas sinópticos  (Mateo 20; Marcos 10; Lucas 18).

En los milagros de Jesús siempre contemplamos el amor de Dios hacia el hombre, Jesús que busca el bien para la humanidad herida y sufriente; ningún milagro de Jesús tiene un carácter negativo o busca la destrucción, todo lo contrario, siempre trae la curación, la salvación, la alegría.

Los distintos milagros de Cristo en los que cura a un ciego tienen dos actitudes previas en aquellos que son beneficiados, hay dos tipos de ciegos en el Evangelio, uno es el ciego resignado a su ceguera, es el caso que nos presenta el evangelista San Juan (9) un ciego de nacimiento que nada pide y se resigna a su situación. Distinto es el ciego de hoy, Bartimeo, que no se ha resignado y como nos dice el texto del Evangelio: Al oír que era Jesús Nazareno empezó a gritar “Hijo de David, ten compasión de mí” de una manera insistente. Es un ciego que sabe lo que quiere y por ello cuando Jesús le dice: ¿Qué quieres que haga por ti?, él inmediatamente responde: Maestro, que pueda ver.

Vivir en la ceguera es vivir en las tinieblas y en la oscuridad, es signo de quien no ha sido iluminado por la luz de Cristo. Es la situación que muchas veces podemos vivir también nosotros, la falta de la luz nos encierra en nosotros mismos, nos aísla de los demás.

Si somos conscientes de esta realidad, el ciego de hoy es una invitación a hacer también nosotros lo mismo. No nos podemos resignar a vivir una vida en las tinieblas; también en el camino de nuestra vida pasa Jesús y también nosotros debemos gritar como él, insistentemente sin cansarnos y sin desanimarnos: Jesús, Hijo de David, que vea.

Ésta puede ser nuestra oración, expresar nuestro deseo con insistencia de que no nos hemos resignado a una vida en la oscuridad, queremos ver, queremos la luz de Cristo que ilumine nuestras vidas.

La Iglesia está llamada a anunciar esta luz, a acercar la misericordia del Señor a toda la humanidad. El próximo año Jubilar de la Misericordia éste debe ser nuestro principal objetivo: que a todos llegue la cercanía del Señor, que un pueblo débil pueda saber que Dios es su Padre que nos guía entre consuelos.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

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