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Opinión

El caso evangélico de la mujer adúltera

El caso evangélico de la mujer adúltera

San Juan relata en su Evangelio: Jesús de Nazaret estando de mañana en el Templo de Jerusalén todo el pueblo acudía a él y sentado les enseñaba. Los escribas y fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, la colocan en medio de la gente y le dicen: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adulteras, tú, ¿qué dices?  Jesús de Nazaret inclinándose escribía con el dedo en el suelo.  Cómo los escribas y fariseos insistían en preguntarle, se puso en pié y les dijo: El que esté sin pecado que lance la primera piedra.

 Se sienta  e inclinado sigue escribiendo otra vez. Los escribas y fariseos al oírlo, se fueron escabullando uno a uno  empezando por los  más viejos, quedando sólo con la mujer que seguía allí delante de él. Jesús se levanta y le pregunta: Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado? Le contesta: Ninguno, Señor. Jesús le dice: Tampoco yo te condeno, anda y en adelante no peques más. (Jn. c. 8, 1-11).

La Ley mosaica en el libro Deuteronomio establece: Si una joven virgen está  prometida a un hombre  y otro  hombre la encuentra en la ciudad  y se acuesta con ella, los sacaréis a los dos a la puerta de la ciudad y los apedrearéis hasta que mueran, a la joven por no pedir socorro en la ciudad  y al hombre por haber violado a la mujer de su prójimo (Dt. 22,23-24).

Desde el principio de la predicación evangélica de Jesús de Nazaret, los escribas y fariseos fueron los primeros y más tenaces enemigos suyos. Le acusaron  de que comía con los publicanos y con  los pecadores y que sus discípulos no guardaban el sábado. A los que respondió: No tienen de necesidad de médico los sanos sino los enfermos, y que lo que quiero es misericordia y no sacrificio, pues no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores, y el hombre no se hizo para el sábado, sino el sábado para el hombre.

Los escribas y fariseos llevan maliciosamente e hipócritamente  ante Jesús de Nazaret a la joven virgen prometida sorprendida en un flagrante adulterio en la ciudad con otro hombre que no era su prometido e insisten astutamente en preguntarle su parecer, en lugar de llevarla al Sanedrín que era la autoridad competente para dictar sentencia y aplicar la Ley mosaica.  Jesús de Nazaret al ver su malicia y maldad se  pone en píe y les dice: El que esté sin pecado que lance la primera piedra.

Con dichas palabras les manifiesta que para  acusarla de pecado hay que estar limpios de pecado, cosa que ellos no están, y que lo que Yavet Dios quiere es misericordia y compasión y no castigos. Entonces, uno a uno se marcha empezando por los más viejos que suelen ser los más maliciosos y dejan a la adúltera sola delante de él. Jesús de Nazaret se levanta y le pregunta: Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado? Le contesta: Ninguno, Señor. Jesús le dice: Tampoco yo te condeno, anda y en adelante no peques  más.

Jesús de Nazaret  al ver que dicha acusación era y es un caso claro y evidente de hipocresía  y  de maldad, no la condena al cruel castigo de la lapidación por el delito de adulterio, sino que la perdona y le pide que no peque más. Los escribas y fariseos eran personas  falsas y mentirosas que no hacen lo que dicen, sino que lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para resolverles sus necesidades y problemas. Este género de personas abunda mucho en este mundo. 

José Barros Guede.

A Coruña, 28 de enero del 2014

 

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