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El cardenal Osoro, en defensa de los Pactos Globales sobre Migrantes y Refugiados: «Salvemos el valor supremo de la hospitalidad»

El cardenal Osoro, en defensa de los Pactos Globales sobre Migrantes y Refugiados: «Salvemos el valor supremo de la hospitalidad»

El cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, ha reunido este lunes, 18 de junio de 2018, a las principales autoridades madrileñas en un acto sobre los Pactos Globales sobre Migrantes y Refugiados, que la Asamblea General de la ONU intentará alcanzar en diciembre en Marrakech con el objetivo de lograr una «emigración segura ordenada y regular».

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, y el presidente de la Comunidad, Ángel Garrido, han participado en un encuentro del que, finalmente, se ha excusado por motivos de agenda la nueva ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio, que inicialmente tenía previsto participar en el acto, celebrado en el Centro Cultural Conde Duque.

Ha participado también la filósofa valenciana Adela Cortina, quien se ha felicitado por «el brote de entusiasmo» que se ha producido ante los migrantes procedentes del Aquarius y ha pedido un gran acuerdo entre los «poderes políticos, económicos y ciudadanos» en defensa de la dignidad del migrante.

Citando la parábola del Buen Samaritano, Cortina ha asegurado que hoy nos encontramos en una primera fase: pararnos ante la persona herida. Pero tras este «primer movimiento de acogida», es necesario «llevar a la persona a la posada»; «institucionalizar la ayuda», y «para eso se necesita el concurso de todos», en línea con el objetivo del acto convocado por la Mesa por la Hospitalidad del Arzobispado de Madrid.

Las migraciones como «gran oportunidad»

En su intervención, el arzobispo de Madrid ha descrito las migraciones como «una gran oportunidad y riqueza para nuestra sociedad», si bien ha advertido de que «plantean serios interrogantes a nuestra forma de vida» y exigen «un cambio de mentalidad» que implica «pasar de mirar al otro como una amenaza a nuestra comodidad, a valorarlo como alguien que puede aportar mucho».

El Papa Francisco –ha recordado– ha pedido a la Iglesia que se involucre en este proceso, en diálogo con gobiernos y organizaciones internacionales. Para ello la Santa Sede ha elaborado un documento con 20 puntos de acción, y después cada Iglesia local pone el acento en aquellos aspectos que más directamente le afectan.

El cardenal Osoro ha destacado la petición de que los estados prohíban «cualquier forma de expulsión arbitraria y colectiva». «Es necesario respetar el principio de no devolución», ha añadido. Y ha pedido «revisar la práctica de las expulsiones sumarias» y, por el contrario, «ampliar el número y las formas de vías jurídicas alternativas para una migración y un reasentamiento seguro y voluntario».

El purpurado ha abogado también por «el acceso a los servicios básicos» de los migrantes, cono el «derecho a la salud primaria», y «alternativas al internamiento de los extranjeros» que llegan de forma irregular. En lo que respecta a los menores no acompañados –ha dicho–, «convendrá adoptar alternativas a la detención obligatoria, que nunca es el mejor interés del niño».

Para poder avanzar en estas líneas –ha concluido entre citas del Papa Francisco– es condición necesario «no perder “la gracia de llorar por la crueldad que hay en el mundo” y salvar el valor supremo de la hospitalidad, columna basilar de nuestra civilización y exponente de nuestro nivel de coherencia y de dignidad moral».

Poco antes, el cardenal Osoro había recordado a las personas fallecidas al intentar llegar a Europa. «Estos hermanos y hermanas nuestras intentaban salir de situaciones difíciles para encontrar un poco de serenidad y de paz; buscaban un puesto mejor para ellos y para sus familias, pero han encontrado la muerte», lamentó. «Sus voces llegan hasta Dios», pero «hoy nadie en el mundo se siente responsable de esto: hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna… Nos hemos acostumbrado al sufrimiento del otro».

Sumar esfuerzos

En esa línea ha continuado Vladimir Paspuel, presidente de la asociación de ecuatorianos Rumiñahui, quien ha resaltado que, al apelar a un «Padre nuestro», reconocemos al otro como hermano, «y al hermano no se le da una cardad, se le practica la justicia de acogerlo».

Tras sus palabras, ha llegado el turno de las autoridades políticas, comenzando por la alcaldesa Carmena, quien ha ofrecido en el acto dos exclusivas. La primera, la nueva Tarjeta de Vecindad que, ha anunciado, el consistorio empezará a repartir en la primera semana de julio y servirá tanto para la identificación de la persona como para el acceso a algunas prestaciones, como servicios sociales, bibliotecas, polideportivos… La tarjeta será entregada a migrantes que vivan desde hace al menos seis meses en Madrid y servirá para acreditar el arraigo. El Ayuntamiento pedirá al Ministerio del Interior que se utilice de cara a medidas de regularización extraordinarias de migrantes.

Manuel Carmena ha anunciado además que propondrá un nuevo logo de la ciudad, consistente en un icono en el que dos brazos rodean la palabra Madrid. Se trata –ha subrayado– de poner en valor la «hospitalidad y capacidad de acogida» como signos distintivos.

Y tras mostrar su «agradecimiento profundo al Papa Francisco» por su liderazgo moral en este asunto, ha defendido la colaboración de todos los partidos en migraciones. Ante «una problemática tan difícil», ha subrayado, «la unanimidad no es lo mejor». Eso sí, «todos debemos estar unidos por la vocación única de salvar vidas, aceptando que «todos los partidos políticos queremos eso», no hay unos buenos y otros menos buenos, pero no todos tenemos la misma solución» y «debemos ser capaces de dialogar».

«Madrid va a seguir tendiendo la mano» en defensa de «la dignidad humana», ha añadido el presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido. Para el máximo responsable del ejecutivo autonómico, es «imprescindible sumar esfuerzos para articular una respuesta conjunta, integral y lo más eficaz posible», que incluye también a «las organizaciones sociales y a la sociedad civil», con la Iglesia en «un lugar muy destacado», puesto que trabaja ayudando a las personas migrantes «cuando ni siquiera existían todavía las ONG».

Infomadrid / R. Benjumea / Fotos: José Luis Bonaño

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