Coronavirus Iglesia en España

El cardenal Omella, en permanente contacto con el Gobierno español para coordinar la vuelta de las misas presenciales

«La pregunta que mucha gente me hace en estos días es: ¿cuándo podremos volver a participar presencialmente de las eucaristías?», así comenzaba su homilía de ayer el arzobispo de Barcelona y presidente de la CEE, cardenal Juan José Omella. «Como obispo de esta diócesis y como presidente de la CEE he hecho esta petición al Gobierno. Estamos trabajando conjuntamente en ello», aseguró, pidiendo paciencia y oraciones por las autoridades: «Hemos de ser pacientes, rezar por nuestras autoridades y colaborar con ellas, y, todo ello, con el fin de evitar nuevos contagios, especialmente de las personas con más riesgo. Estamos ante un virus con una gran potencia de contagio». Precisamente estos días diferentes católicos piden a los obispos que se abran las iglesias y poder comulgar, y el presidente de la CEE reconoció el deseo: «Existe la comunión de deseo, que se llama comunión espiritual. Algunos dicen que no es lo mismo y es verdad». «Mirad lo que santo Tomás de Aquino, el doctor eximio de la Eucaristía, llega a afirmar de la comunión espiritual: «Es tal la eficacia de su poder que con sólo su deseo recibimos la gracia, con la que nos vivificamos espiritualmente”». Además, preguntó: «¿Es que el Señor no puede entrar en verdad en tu corazón cuando haces la comunión de deseo? Para Dios no existen las barreras de la distancia, de las puertas. Él puede entrar en tu corazón si lo invocas con fe y deseas de veras que Él entre hoy en tu casa y te cure».

Diálogo constructivo

Por otra parte, el cardenal Omella publicó ayer una carta en La Vanguardia en la que pide directamente a los políticos y representantes de las diferentes instituciones de la sociedad que «pongan todo lo que está de su parte para alcanzar unos acuerdos que promuevan el bien común de todos». Remarcando que la sociedad les necesita más que nunca, el cardenal reflexiona sobre el distanciamiento físico y la comunicación que ha aumentado a través de los diferentes medios. «Dicen los expertos que para un diálogo fructífero es necesario que haya unos interlocutores, un lugar apacible, una temática definida y la voluntad de dialogar y de llegar a acuerdos», asegura. Para él el tema actual se centra en promover el bien común de los ciudadanos ante la crisis que se avecina y así afirma que «los interlocutores han de ser capaces de escuchar y hablar con respeto y de manera constructiva. Han de ser hombres y mujeres con mucha paciencia y con la mirada puesta en los más frágiles de nuestra sociedad. Y, finalmente, la voluntad de llegar a acuerdos y de aplicarlos». Esto es lo más importante y lo pide no solo para los políticos sino para «todos los ciudadanos, que ayuden a hacer posible un diálogo constructivo y eficaz. Oremos para que los muros sean superados, para que los egos, los intereses particulares, las ideologías sean dejadas a un lado. Oremos para que cuando los interlocutores se encuentren juntos en la misma sala, se miren a los ojos y perciban nuestro clamor y ánimo: «adelante, ustedes pueden…». Esperemos que fruto de estos encuentros emerja también la complicidad, que el gesto de afecto facilite el acercamiento de posturas. Oremos para que el virus de la división, el diabolos, que estará siempre al acecho, no consiga romper el buen hacer de todos los interlocutores».

Termina su carta invocando al Espíritu Santo, que «es el forjador de la armonía y quien, de manera velada, nos ofrece la propuesta de Dios en este momento de la historia». «Vivimos un momento crucial, ya que tenemos delante el reto de la reconstrucción económica y social, no solo de nuestro país, sino también de Europa y del mundo. ¡Manos a la obra! Todos unidos. Y que Dios nos bendiga y acompañe siempre».

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