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El cardenal Omella destaca que el confinamiento ha ayudado más a sentir la comunidad-fraternidad y «a salir de nosotros mismos»

El arzobispo de Barcelona, cardenal Juan José Omella, recuerda en su última carta pastoral que los católicos estamos llamados a ser Iglesia en Salida y que por eso «la pandemia del coronavirus no ha sido un paréntesis en nuestra vida». «El tiempo de confinamiento ha sido un tiempo muy duro en muchos sentidos y la crisis económica y social que ha provocado es muy grave. Sin embargo, tengamos en cuenta que el Señor se ha encarnado en toda nuestra historia y siempre está presente. Y, precisamente, en este tiempo de confinamiento hemos celebrado la cincuentena pascual. Cristo Resucitado nos da una vida nueva en plenitud que nada ni nadie nos puede secuestrar ni confinar», indica. Para el cardenal, «en este tiempo de confinamiento hemos entrado más en la comunidad-fraternidad y eso ha supuesto un salir de nosotros mismos».

Centrándose en la Iglesia en Barcelona, enumera las experiencias de Iglesia en salida, como «el compromiso y esfuerzo de tantos cristianos profesionales de la salud y servidores públicos que han manifestado de manera coherente y profunda su compromiso por los demás». También la preocupación por los enfermos y los ancianos, la apertura de las Cáritas «para acoger y ayudar a los más vulnerables, con un cuidado especial por las familias con problemas vinculados a la vivienda y a la alimentación». Además, la solidaridad y el agradecimiento se vivió desde el balcón, en las redes sociales, durante la comunión eucarística espiritual y «valorando mucho más a los profesionales de los trabajos esenciales y a algunos de nuestros vecinos que se han ofrecido para ayudar a los más necesitados».

Carta completa

El plan pastoral en tiempo de confinamiento

El tiempo de «confinamiento» ¿acaso ha sido un momento de «hibernación» de nuestro Plan Pastoral Diocesano? ¿Lo hemos metido en el «congelador»? La pregunta es más que razonable cuando el Plan se titula ¡Salgamos! Tal vez ha parecido que lo hemos guardado en un cajón una temporadita y ahora, cuando progresivamente vamos saliendo del confinamiento, lo retomamos.

La pandemia del coronavirus no ha sido un paréntesis en nuestra vida. Ciertamente, el tiempo de confinamiento ha sido un tiempo muy duro en muchos sentidos y la crisis económica y social que ha provocado es muy grave. Sin embargo, tengamos en cuenta que el Señor se ha encarnado en toda nuestra historia y siempre está presente. Y, precisamente, en este tiempo de confinamiento hemos celebrado la cincuentena pascual. Cristo Resucitado nos da una vida nueva en plenitud que nada ni nadie nos puede secuestrar ni confinar.

Sin duda, durante los días confinados en casa se han paralizado algunas de nuestras actividades pastorales habituales, pero el Señor no ha estado ausente. Por ello, permitidme que os sugiera una pregunta: ¿qué significa en tiempo de pandemia ser Iglesia en salida? ¿Cómo afecta la pandemia a nuestro Plan Pastoral? ¿Volveremos a la «normalidad pastoral» de siempre?

Si nuestra mirada no se queda en un nivel superficial, nos daremos cuenta de que precisamente estos días hemos vivido experiencias de Iglesia en salida a pesar de la Covid-19, algunas de ellas inimaginables hace meses.

Como Iglesia en Barcelona, muchos hemos «salido»:

En el compromiso y esfuerzo de tantos cristianos profesionales de la salud y servidores públicos que han manifestado de manera coherente y profunda su compromiso por los demás.
– A través de una renovada preocupación e interés por los enfermos y por los ancianos.
– Manteniendo las puertas abiertas de nuestras Cáritas parroquiales para acoger y ayudar a los más vulnerables, con un cuidado especial por las familias con problemas vinculados a la vivienda y a la alimentación. Y como muchos voluntarios eran personas de riesgo, muchos jóvenes se han ofrecido para ayudar.
– Saliendo al balcón para vivir la solidaridad y el agradecimiento.
– A través de las redes sociales (que han dejado de ser instrumentos de los especialistas y de los jóvenes) hemos vivido pluralidad de experiencias comunitarias, de Iglesia universal e incluso de comunicación íntima.
– Haciendo experiencia de una renovada vivencia de la «comunión eucarística espiritual».
– Valorando mucho más a los profesionales de los trabajos esenciales y a algunos de nuestros vecinos que se han ofrecido para ayudar a los más necesitados.

Es evidente que esta realidad nos ha hecho salir de nuestras propias seguridades y prioridades. Muchos me habéis comentado que habéis echado en falta comulgar el Cuerpo de Cristo presente en la Eucaristía. Los pastores también hemos echado de menos poder celebrar con la presencia del Pueblo de Dios. Hemos experimentado la fraternidad desde la distancia, que hemos vivido acompañándonos, interesándonos los unos por los otros, llamándonos, solucionando dificultades, apoyándonos…

Queridos hermanos y hermanas, en este tiempo de confinamiento hemos entrado más en la comunidad-fraternidad y eso ha supuesto un salir de nosotros mismos. En definitiva, todo esto nos dice claramente que el Plan Pastoral no ha quedado «fuera de juego» en tiempo de pandemia, sino todo lo contrario, hemos estado saliendo como nos pide el Plan Pastoral.

† Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona



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