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El cardenal don Marcelo González Martin y la liturgia, por Julián López Martín, obispo de León

El cardenal don Marcelo González Martin y la liturgia, por Julián López Martín, obispo de León

Este sábado 25 de agosto se cumplen los 14 años de la muerte del que fue arzobispo de Toledo el cardenal D. Marcelo González Martín. En el año en el que celebramos el centenario de su nacimiento, el obispo de León y presidente de la Comisión Episcopal de Liturgia D. Julián López Martín escribe sobre D. Marcelo y su trabajo en el campo de la liturgia. 

 

EL CARDENAL D. MARCELO GONZÁLEZ MARTIN Y LA LITURGIA

Recordatorio en el centenario de su nacimiento

El 16 del pasado mes de enero se cumplieron 100 años del nacimiento en Villanubla (Valladolid) del cardenal D. Marcelo González Martín, Arzobispo de Toledo y Primado de España, fallecido el 25 de agosto de 2004 en Fuentes de Nava (Palencia). Con motivo del referido centenario se celebró una solemne Misa funeral en la catedral que había sido su última sede episcopal. Tuve la suerte de participar en aquella hermosa liturgia con otros obispos muy cercanos a D. Marcelo. La asamblea era muy numerosa destacando más de un centenar de sacerdotes concelebrantes y los alumnos de los Seminarios toledanos, incontables también.

Personalmente no pude por menos de recordar la dedicación de D. Marcelo a la liturgia de la Iglesia como testimonio de un hombre de Dios que sobresalió en todos los aspectos del ministerio episcopal: la predicación de la palabra divina, el ejercicio del sumo sacerdocio y el gobierno pastoral. No es posible abarcar en un breve artículo la rica personalidad humana y espiritual de quien se dedicó de lleno a la gloria de Dios y a la santificación de los hombres sabiendo mantener siempre la independencia de la Iglesia y ganarse, a la vez, el respeto de los poderes de este mundo. El paso del tiempo contribuye a que su figura se perfile y agrande y a que se conozca mejor su persona y su obra.

Mi conocimiento de D. Marcelo se inició poco después de su elección como presidente de la Comisión Episcopal de Liturgia durante la XXXIV Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española del 23 al 28 de febrero de 19811. Deseoso él de llevar a cabo esa misión con el sentido de la responsabilidad que siempre demostró y como expresión de su profundo amor a la Iglesia a imitación san Agustín de cuya iglesia romana llevó el título cardenalicio, convocó en junio de aquel año en Toledo a un grupo de delegados diocesanos de liturgia entre los que yo me encontraba. La reunión resultó muy estimulante y prometedora.

D. Marcelo dijo alguna vez, modestamente, que él no sabía liturgia. Quiso decir que no había hecho especiales estudios sobre esta materia. Sin embargo, quien había participado activamente en las cuatro etapas del Concilio Vaticano II sin faltar a ninguna sesión, no podía ser ajeno al espíritu y a la letra de la renovación litúrgica determinada por aquella gran asamblea. Su aprecio por el culto divino obedecía a la conciencia que tenía de su ministerio pastoral. Por eso, cuando fue elegido Presidente de la referida Comisión, supo darle un impulso vigoroso y constante así como al entonces denominado Secretariado Nacional de Liturgia presidiendo personalmente “Jornadas Nacionales”y “Encuentros anuales”de delegados diocesanos de dicha área pastoral y obsequiándonos siempre con homilías e intervenciones llenas de enjundia y calor. Las últimas Jornadas que moderó fueron las de 1989 y el último de los Encuentros el del mismo año, celebrado precisamente en Toledo y como homenaje a su persona.

Del episcopado de D. Marcelo merecen ser recordados, en el ámbito litúrgico, algunos acontecimientos: el I Congreso Internacional de Estudios Mozárabesen Toledo (1975), la celebración de los aniversarios XX y XXV de la Constitución “Sacrosanctum Concilium” del Vaticano II en 1983 y en 1988, el Congreso de Presidentes y Secretarios de las Comisiones Nacionales de Liturgiaen Roma (1984), en el que se gestó a su vez la hasta ahora única reunión de los Presidentes y Secretarios de las Comisiones litúrgicas de los países de lengua española, también en Roma, en febrero de 1986 y cuyo fruto más significativo fue la unificación del texto castellano del Ordinario de la Misacon las plegarias eucarísticas y el Padrenuestro. Cabe destacar, así mismo, la iniciativa de la revisión y actualización del venerable Rito Hispano-Mozárabebajo su atento cuidado como Superior Mayor del mismo y cuyos primeros frutos fueron las ediciones del Misal Hispano-Mozárabe y del Leccionarioo Liber Commicus, una obra que lo equiparó al Cardenal Cisneros, creador de la Capilla Mozárabe de la catedral primada. Después vendría la fundación delInstituto de Estudios Visigótico-Mozárabes de San Eugenioy la renovación de la Liturgia Hispánica. Esta decisión fue fruto del I Congreso Internacional de Estudios Mozárabescelebrado también en Toledo en septiembre de 1975. Por iniciativa de D. Marcelo así mismo y por primera vez en la historia un papa, san Juan Pablo II, celebró la Santa Misa siguiendo ese Rito en la Basílica Vaticana el 22 de mayo de 1992.

D. Marcelo consideró siempre la liturgia como “fuente primera de la vida cristiana”como la calificó el Vaticano II. Así lo demostraron las Semanas de Teología Espiritualque organizó en Toledo y los numerosos documentos y orientaciones pastorales que publicó la Comisión Episcopal de Liturgia bajo su dirección, a los que hay que añadir las ediciones litúrgicas oficiales y los subsidios como el “Cantoral Litúrgico Nacional” (1982), el “Libro de la Sede”(1984), el “Bendicional”(1985), el “Evangeliario”(1986), las “Misas de la Virgen María”(1987), etc.

En la vida y obra litúrgica de D. Marcelo no puede olvidarse su ejercicio del ministerio de la palabra. Ya desde los primeros años como sacerdote tuvo fama de “orador sagrado”, como se decía entonces. Hoy se diría que era un excelente comunicador de la palabra de Dios. Sus intervenciones cautivaban siempre al auditorio. Pero jamás buscó el aplauso ni la admiración del público. Al dejar la presidencia de la Comisión E. de Liturgia, en enero de 1990, los delegados diocesanos de liturgia de las diócesis españolas, reunidos en Toledo, le ofrecimos un cálido homenaje. D. Marcelo confesó entonces, con la mayor naturalidad, que sentía dejar aquella presidencia porque, según dijo, “había aprendido mucho, en el orden teológico y en el orden práctico.Ceso,añadió,con una sensación de enorme alegría pastoral. Se va logrando una ambientación litúrgica en todas partes, que los obispos se ocupen de la liturgia… Me alegro de haber contribuido con vosotros a todo esto”.Muchas gracias, D. Marcelo.

+Julián López Martín
Obispo de León
Presidente de la C.E. de Liturgia

1Sería elegido de nuevo en 1984 y en 1987.

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