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El cardenal Czerny recuerda a los mártires de la UCA en el 32º aniversario de su asesinato

Hoy martes, 16 de noviembre, se cumplen 32 años del asesinato de los mártires de la Universidad Centroamericana «José Siméon Cañas» de San Salvador (UCA). Por tal motivo, el cardenal Michael Czerny evoca su memoria en una carta en la que recuerda lo que supusieron sus muertes, así como la de otros sacerdotes asesinados en El Salvador como Dean Brackley y Rutilio Grande. Como se recordará, a Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín-Baró, Juan Ramón Moreno, Amando López, Segundo López, Joaquín López (todos ellos jesuitas, los cinco primeros españoles, el último salvadoreño) y a Elba Julia Ramos y Celina Ramos (la cocinera de la residencia y su hija), los asesinaron soldados del ejército en una operación militar diseñada por el alto mando para atribuir el crimen a la guerrilla. El hoy cardenal Czerny, canadiense de origen checoslovaco, fue destinado al país centroamericano tras la masacre. Llegó en 1990 y, según explicó a ECCLESIA en 2019, tomó el relevo de Montes en la dirección del Instituto de los Derechos Humanos (IDHUCA) que este fundó; reemplazó a Ellacuría como vicerrector de proyección social de la Universidad; y se hizo cargo de la parroquia de Martín-Baró.

Beatificación de Rutilio Grande, Solórzano, Lemus y Spessotto

«Uno de los signos eclesiales que inundan de gozo este aniversario —afirma monseñor Czerny— es la beatificación del P. Rutilio Grande, Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus, asesinados el 12 de marzo de 1977 entre Aguilares y el Paisnal, y junto a ellos del P. Cosme Spessotto, fraile menor franciscano, de nacionalidad italiana, asesinado en 1980 en la Iglesia de San Juan Nonualco». «En aquellos años, la represión alrededor de Aguilares fue tan brutal, que no se pudo erigir ningún monumento. Pero alguien plantó tres lisos palos en el lugar del martirio, y unos años después, cuando fui allá a rendir homenaje y a rezar, pude contemplar lo siguiente: ¡los palos habían florecido con las hojas frescas de la Resurrección!».

Eucaristía en memoria de monseñor Romero y de Rutilio Grande.

El actual subsecretario de la Sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral recuerda que el asesinato del Padre Grande tuvo una importancia decisiva para san Oscar Arnulfo Romero, entonces arzobispo de San Salvador. Romero —indica— «pasó gran parte de la noche del velatorio frente al cadáver de Rutilio, a quienes unía una larga amistad en el Señor. El asesinato de Rutilio impactó también la conciencia de nuestros mártires que hoy celebramos. Experimentaron una profunda conmoción por los sucesos de Aguilares, y algunos incluso aumentaron su cercanía y compromiso con los pobres después del martirio».

La beatificación de Grande, Lemus, Solórzono y Spessotto tendrá lugar el sábado 22 de enero de 2022. La celebración será presidida por el cardenal salvadoreño Gregorio Rosa Chávez en calidad de delegado especial del Papa Francisco.

«Grave deterioro de los pobres en El Salvador»

«Rutilio —rememora el purpurado— visitaba con frecuencia la residencia universitaria de la UCA, y con su estilo jocoso y simpático les llamaba con cariño “Los maestros de Israel”. El ministerio y el martirio de Rutilio Grande y de Mons. Romero confirmaron en la fe a nuestros hermanos jesuitas que justo hoy nos convocan a la santa memoria de su sacrificio».

El cardenal recuerda asimismo que de los 53 santos con que cuenta la Compañía de Jesús, 34 son mártires; que entre sus 152 beatos hay asimismo 145 mártires; y que en «el camino hacia la santidad» hay también 10 «venerables» y 162 «siervos de Dios», de los que 116 son mártires.

El purpurado denuncia por último la difícil situación que viven hoy los salvadoreños. «No podemos olvidar en este XXXII aniversario el grave deterioro de la vida de los pobres en El Salvador, afectados por la pandemia y la miseria, la cual se acentuará por el alto costo de la vida y por la pérdida de la autosuficiencia alimentaria provocada en buena parte por el deterioro ambiental, y afectados también por el debilitamiento de las instituciones políticas y la creciente confrontación social».

Cardenal Michael Czerny, subsecretario de la Sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Desarrollo del Servicio Humano Integral.

Preguntado en su día por ECCLESIA sobre su etapa salvadoreña, monseñor Czerny respondió: «Todos ellos [Ellacuría y sus compañeros] triunfaron en su muerte; gracias a la gracia del martirio pudieron realizar su sueño, pues dos años después se firmó la paz en El Salvador, que era lo que buscaban».



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