Revista Ecclesia » El camino y los senderos
Rincón Litúrgico

El camino y los senderos

Señor Jesús, siempre me ha resultado muy sugerente la figura de Juan el Bautista. Es difícil olvidar la exhortación que dirigía a todas aquellas gentes que acudían a escucharle, allá en los límites del desierto y a las orillas del río Jordán: «Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos».

Aquella proclamación de Juan era un eco de aquel otro grito que se recogía en la segunda parte del libro de Isaías: «En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios» (Is 40, 3).

Yo sé que tu gracia siempre nos precede. Tú nos has elegido con un gesto gratuito. Y puedes acercarte a nosotros en cualquier situación. Puedes llegar aun en el momento en que menos podríamos imaginar y aguardar tu venida.

Sin embargo, la voz de esos dos profetas me invita a preparar el camino de Dios, a reparar tu camino, a desbrozar los senderos. Me exige retirar todos los obstáculos que tú podrías encontrar al tratar de buscarme a mí.

En este tiempo de retiro y de relativa soledad, he tenido tiempo para revisar mi vida. Tu Espíritu me ha invitado a bajar al fondo de mi conciencia y me ha pedido que examine mi respuesta a esas invitaciones proféticas.

Dolorosamente, he podido descubrir que en muchas ocasiones no he facilitado tu acceso hasta mi vida. Al contrario, he tratado de ignorar el eco de aquella voz y he ido poniendo cada día más piedras de tropiezo en tu camino.

Al mismo tiempo, he visto con claridad las numerosas ocasiones en que he hecho más difícil tu acceso hasta mis hermanos. No he despejado tu camino ni he enderezado una calzada para ti a través de la estepa de este mundo.

Este es el momento de pedirte perdón. Y de admirar tu generosa bondad. No has llegado a nosotros gracias a mí, sino a pesar de mi necedad. Señor Jesús, ten misericordia de nosotros. Ten misericordia de mí. Amén.



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