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El camino no ha hecho más que empezar, por Dolores García Pi

¿Un año? ¿Ya pasó un año? ¡¡Increíble!! Todavía tenemos grabado en nuestras pupilas el Pabellón de Cristal con ese variopinto «Pueblo de Dios en Salida» y, sobre todo, la fuerte experiencia de comunión vivida tanto en la fase precongresual, como aquellos días.

Y aunque las circunstancias que vivimos en estos meses son tan extraordinarias que parecen distanciar años luz lo anterior, el «renovado Pentecostés» del Congreso se ha convertido en un faro de esperanza y empuje en nuestro compromiso como laicos en la sociedad.

El Congreso fue una ocasión fecunda para visibilizar la calidad de nuestra realidad eclesial, pero ¡¡aún queda mucho camino!! La pandemia ha activado acciones que, con mucha creatividad y sin programar, han impulsado los itinerarios del Congreso y sobre todo no ha frenado el compromiso por la sinodalidad, implicando a un número creciente de agentes de pastoral de la Iglesia en la periferia.

Desde el «observatorio» privilegiado del Foro de Laicos somos conocedores del trabajo de muchos laicos por escribir esa «página en blanco» a la que hacía referencia el Papa Francisco en su mensaje al Congreso. De ahí la multiplicación de iniciativas de encuentro, oración y celebrativas, de cercanía en la familia, con jóvenes y adolescentes, con los ancianos… Los teléfonos, las redes e Internet se han convertido en púlpitos de la Palabra de Dios y en redes capilares para el acompañamiento en la soledad y en la enfermedad.

También crecieron las propuestas formativas, fundamentalmente con recursos online, entre las que destacan: materiales de catequesis, planes sobre discernimiento, escuelas de acompañamiento o sobre temas como la cultura del encuentro.

Fundamental el uso de las redes sociales u otras herramientas comunicativas, que despertaron la imaginación para actividades en el campo del primer anuncio. En algunas entidades este tipo de acciones ha cristalizado en la creación de nuevos grupos o consolidado los existentes en distintas ciudades.

Se ha dado asimismo un mayor compromiso público, en redes de solidaridad de barrio, en la acogida de inmigrantes, en la defensa de los más pobres y con situaciones más precarias, al igual que ha crecido la cooperación entre grupos y el apoyo mutuo. No se han detenido actividades que ya se hacían anteriormente, como la presencia en órganos de representación civil, en los medios, en ámbitos universitarios, empresariales o del mundo del trabajo. Algún movimiento ha comunicado un incremento de participación en la vida pública, especialmente a nivel municipal. Y todo sin olvidar los grandes temas también presentes en estos meses como la eutanasia o la educación y sobre los que hemos tratado de hacer sentir nuestra voz. Además, siendo conscientes del paso grandísimo que supuso el Congreso y en un ejercicio de corresponsabilidad, en varias entidades se programaron acciones de difusión del «patrimonio» de ese momento y del proceso sinodal (ahora mismo la Guía del Poscongreso) y se está dando una mayor implicación en distintos ámbitos diocesanos.

Existe un mayor deseo de reforzar la vida comunitaria, con la certeza de ser parte de un solo cuerpo, potenciando la escucha, compartiendo la vida del Evangelio y los bienes materiales, saliendo de nosotros mismos para enriquecernos con las aportaciones de los hermanos, en vistas a ser fermento en la sociedad. Preocupa cuidar y acompañar a los mayores y también saber estar cerca de los más jóvenes.

Mucha vida y esperanza, muchas inquietudes y situaciones frágiles que fortalecer, para discernir lo que Dios quiere para llevar adelante, con nuevas formas, nuestro ser laicos hoy.

Termino recordando a los que nos han dejado en este tiempo, que son «raíz de vida nueva» de nuestro camino.

Ánimo, ¡¡esto no ha hecho nada más que empezar!!

Por Dolores García Pi
Presidenta del Foro de Laicos



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