Editorial Revista Ecclesia
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Opinión

El camino de la sinodalidad, camino que Dios espera para la Iglesia – editorial Ecclesia

El camino de la sinodalidad, camino que Dios espera para la Iglesia – editorial Ecclesia

            Si ya en la apertura de esta nueva asamblea sinodal, el Papa pronunció una homilía y un discurso verdaderamente emblemáticos y memorables (páginas 29 y 30 y 31 y 32), sobre los que versó el Editorial de ecclesia de hace dos semanas, ahora Francisco acaba de legarnos otro impresionante y extraordinario discurso. Ha sido en la celebración del cincuentenario de la creación del Sínodo de los Obispos,  institución «que constituye una de las herencias más preciosas de la última reunión conciliar».

         ¿Qué es lo que dijo Francisco el sábado 17 de octubre? En primer lugar, el Papa reitera no solo su aprecio y valoración por la figura eclesial del Sínodo de los Obispos, sino que, incluso con citas de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, quiere su potenciación y mejora. Este tema, ya en el debate eclesial desde hace más de una década, encuentra con el actual Papa argumentos y perspectivas que, desde la misma índole teológica y misión pastoral del Sínodo de los Obispos y desde la misma naturaleza y quehacer de la Iglesia, han de implementarse de manera concreta, progresiva y eficaz, desde el primado, además, de la comunión eclesial.

         En segundo lugar, Francisco ha delineado, una vez más y ahora de un modo  nítidamente interpelador,  por dónde habría de ir esta reforma, esta mejora del Sínodo de los Obispos. Sin entrar en cuestiones puramente metodológicas y formales, importantes, sí, pero secundarias, el Papa llama a la Iglesia a una reconversión en clave sinodal.  Y es que, con palabras de san Juan Crisóstomo, retomadas por Francisco, «Iglesia y Sínodo son sinónimos», de modo que no cabe duda de que   «el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio».

         En tercer lugar, «una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha, con la conciencia de que escuchar es más que oír. Es una escucha reciproca en que cada uno tiene algo que aprender. Pueblo fiel, Colegio Episcopal, Obispo de Roma: uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo». Esta luminosa afirmación y recordatorio del Santo Padre reclama,  igualmente, que la entera realidad eclesial -comunidades, diócesis, conferencias episcopales…- se apreste más y mejor a poner en marcha y a practicar instrumentos, medios y modos de escucha, de reciprocidad, de corresponsabilidad, en suma, de sinodalidad, que no es otra cosa que eclesialidad. Francisco pide «una saludable descentralización». Y esta para ser real y eclesial habría de darse en todos los niveles de la vida y organización de la Iglesia.

         Este camino de sinodalidad, en cuarto lugar, significa vivir y sentir la Iglesia siempre «cum Petro et sub Petro», ambas a la vez, sin dicotomías, en clave, de nuevo, de misterio, comunión y misión, sabiendo que esto «no es una limitación de la libertad, sino una garantía de la unidad». A este respecto, no podemos por lo menos que subrayar y agradecer la clara conciencia que el Papa Francisco tiene de su ministerio petrino y de su  anexa y altísima responsabilidad y cómo esta emerge singularmente en situaciones como las presentes, en medio, ahora concretamente, del Sínodo sobre la familia.

Y también en este sentido, no debemos tampoco pasar por alto -más allá de titulares periodísticos siempre ávidos de sensacionalismos y de intereses ideológicos- la «necesidad y la urgencia», reiteradas ahora por Francisco, «de pensar en una”conversión del papado”», fruto lógico de este proceso y sin que ello signifique desnaturalizar su contenido.

         Todo lo anterior, además y en quinto lugar, han de ser interiorizado y exteriorizado en la vida de todos los miembros del Pueblo de Dios (pastores, sacerdotes, consagrados y laicos) desde una clave encarnada –subrayemos lo de «encarnada»– de servicio y de humildad (páginas 33 y 34), porque «para los discípulos de Jesús, ayer, hoy y siempre, la única autoridad es la autoridad del servicio, el único poder es el poder de la cruz».

         La reconversión de la Iglesia en clave sinodal que quiere Francisco es asimismo una demanda y un servicio de cara al inaplazable compromiso ecuménico de búsqueda de la unidad de los cristianos. Y será igualmente signo e  interpelación para la entera humanidad que, «aun invocando participación, solidaridad y transparencia en la administración pública, a menudo entrega el destino de poblaciones enteras en manos codiciosas de pequeños grupos de poder».

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