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El camino de Álvaro hacia Guadalupe

Álvaro Calvente nació en Málaga hace 16 años, es el séptimo de diez hermanos y, por encima de todo, es un amante incansable de la Virgen María. Su mirada, como él, es especial. Tanto, que si te quedas dormido en sus pupilas, enseguida sientes al mismo Dios acariciándote los parpados con ternura. «¡Ah, que ya sabemos lo que tiene! Se llama Syngap1 y tan solo hay 700 niños como él en el mundo. ¿No es una pasada?», me dice su padre Ildefonso. «Que me digan lo que quieran… ¡Alvarito para mí es perfecto!».

El malagueño sabe mucho de entrega y de generosidad. Y, por eso, junto con su padre y su padrino Carlos peregrina —desde Talavera de la Reina— para abrazar a la Virgen de Guadalupe. «Tras la peregrinación del año pasado a Santiago de Compostela, nos planteamos qué hacíamos este año», relata Ildefonso, mientras mete en la mochila de su hijo los últimos detalles para este nuevo encuentro. «Fue una experiencia tan inmensamente bella el ver cómo Dios nos allanaba los caminos, que pensamos en la Virgen, como madre nuestra que es, para ir a su encuentro». Álvaro tiene una relación especial con María. Tan sagrada como sus manos, tan íntima como ese corazón suyo que apenas necesita palabras para expresar cuánto ama… «Nosotros tenemos la capilla de la Virgen del Carmen a la espalda de nuestra casa. Y Álvaro, cada vez que pasa por delante, se para, se pone a hablar con Ella, le cuenta sus cosas… Es parte de su vida. Pero no lo hace como lo hacemos nosotros. Él habla de verdad con su Madre, tiene muy claro quiénes son su Padre y su Madre y por qué está aquí. Él, verdaderamente, entiende algunas cosas que nosotros jamás podremos entender».

 

«Tan solo vamos a dejarnos querer»

El recorrido, que constará de 115 kilómetros, es parte de una misión. «Llevamos entrenado desde febrero y nosotros tan solo vamos a dejarnos querer», confiesa este padre coraje, que no se descose un solo segundo del credo que, cada día, alienta en sus entrañas el Camino Neocatecumenal. «El Papa, cuando nos escribió, nos dijo que la Virgen nos cubriría con su manto. Y así es, de principio a fin, porque yo tengo mi trabajo y lo tengo que dejar todo para ir con mi hijo, pero Ella se encarga de todo». Por eso, con una alegría desbordante, «vamos a llevarle a todas estas peticiones que nos están haciendo y que llevamos apuntadas en dos libretas para, cuando lleguemos, dárselas en mano. Es lo que nos dijo el Papa, y es lo que estamos haciendo». Una Madre a la que esta familia siempre acude al despertar y que ocupa el primer puesto en su mesa de amor: «Gracias a Álvaro nos sentimos mucho más cerca de Su mirada. Álvaro ha cambiado nuestra vida y yo ya no concibo la vida sin compartirla con él, y además tengo nueve más. Unos días te das con más ganas, y otros con menos, pero se trata de hacer la voluntad de Dios».



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