Iglesia en España

El cambio climático centra la campaña contra el hambre de Manos Unidas

«Quien más sufre el maltrato al planeta no eres tú». Este es el lema de la sexagésima primera campaña de lucha contra el hambre que Manos Unidas celebra este domingo, 9 de febrero. Su presidenta, Clara Pardo, la ha presentado a los periodistas hoy, día 4, en un acto en la Asociación de la Prensa de Madrid en la que ha comparecido junto a los religiosos colombianos Janeth Aguirre, Misionera Franciscana de María Auxiliadora en Malí, y Alberto Franco, sacerdote redentorista y defensor de los derechos humanos y ambientales en su país.

Manos Unidas pone este año el foco en la cada vez más evidente relación existente entre el cambio climático y la pobreza y el hambre. «Los desastres naturales se han triplicado desde los años sesenta y causan más de 60.000 muertos al año, sobre todo en los países en desarrollo», ha dicho Pardo, que ha recordado también que solo en los primeros seis meses de 2019 tuvieron que desplazarse forzosamente por fenómenos meteorológicos extremos siete millones de personas. Así las cosas, y de no producirse un cambio de hábitos de consumo y de mentalidad, las migraciones forzosas en el futuro resultarán traumáticas para el Primer Mundo.

«El modelo industrial global de producción y consumo de alimentos —añade— es responsable de la tercera parte del total de las emisiones globales vertidas a la atmósfera». Manos Unidas destinó el año pasado más de dos millones de euros a proyectos directamente relacionados con el cambio climático.

Niños malnutridos en Malí

La misionera colombiana Janeth Aguirre es testigo directo de las graves consecuencias que el cambio climático está causando en Malí, un país de por sí desértico en gran parte, de doce millones habitantes y 1.240.000 kilómetros cuadrados (dos veces y medio España), en el que trabaja desde hace quince años. En Koulikoro, 40.000 habitantes, donde reside, las temperaturas en mayo y junio, los meses más calurosos, han pasado en los últimos cinco años de los 40-45 grados hasta los 50 y 55, al tiempo que la temporada de lluvias se ha acortado de seis a tres meses. Y sin lluvias no hay agua, y sin agua nos hay alimentos. «Uno de los proyectos que tenemos con Manos Unidas es la lucha contra la malnutrición causada por una alimentación deficiente. (…) En nuestro trabajo con mujeres embarazadas y niños menores de dos años constatamos un 70% de malnutrición», afirma.

Aguirre, de 44 años, pertenece a la misma congregación que la hermana Gloria Cecilia Narváez, quien fue secuestrada en este mismo país hace más de tres años por terroristas islámicos. «No tenemos ninguna noticia. La última prueba de vida es de hace año y medio. Todos los días rezamos por su pronta liberación», nos dice. Las Misioneras Franciscanas de María Auxiliadora tienen en Malí dos casas, con seis religiosas en total, que se dedican a la salud, la educación y a la promoción de la mujer. La congregación, de origen suizo, también está presente en Chad.

El Padre Alberto Franco, por su parte, ha vinculado la degradación ambiental que sufre su país, Colombia, y toda América Latina, a la explotación irracional de los minerales y de las riquezas naturales. «La explotación de los recursos naturales es la causa de esta cruda realidad que mata y empobrece el planeta», ha dicho. «El cobre en Chile, el níquel en Bolivia, el petróleo y el coltán en Venezuela, el monocultivo de la soja en Bolivia, Paraguay y Argentina, la palma en Colombia, Centroamérica y Ecuador, etc. explican mejor todo lo que está pasando», dice antes de hacer referencia al envenenamiento de los ríos con mercurio que conllevan muchas de las prácticas extractivas. «Por favor, no escuchemos más a los negacionistas de esta crisis humana y ambiental, porque nos están matando» ha pedido.

La deforestación, los cultivos masivos, los transgénicos, las talas indiscriminadas de bosques (pulmones de la tierra), la contaminación de las aguas y mares, está pasando ya factura, sobre todo a los más pobres, señala Manos Unidas. «Las cifras —remata Clara Pardo— hablan por sí solas: el número de hambrientos, de personas que cada día se acuestan con el estómago vacío, pensando si comerán al día siguiente, lejos de disminuir, aumenta cada año». Ahora son ya 821 millones.

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