Opinión

El Beato Manuel González en diez pinceladas

El Beato Manuel González en diez pinceladas, por monseñor Rafael Palmero, obispo emérito de Orihuela-Alicante

Napoleón -en una de sus pocas frases interesantes- decía que “la verdadera gloria solo la tienen los santos”. Me vino a la memoria esa gran verdad, al leer el texto de una interesantísima conferencia del Obispo emérito de Orihuela-Alicante, D. Rafael Palmero Ramos, a respecto de su predecesor en la Sede episcopal de Palencia, el Beato Obispo Manuel González García, el “Obispo de los Sagrarios Abandonados”.San Juan Pablo II en la bellísima Exhortación Apostólica Post Sinodal “Pastores Gregis” enseñó que. “La Eucaristía es también el centro de la vida y misión del Obispo” que muestra también “su amor a la Eucaristía cuando, durante el día, dedica largos ratos de su tiempo a la adoración ante el Sagrario. Entonces abre su alma al Señor para impregnarse totalmente y configurarse por la caridad derramada en la Cruz por el gran Pastor de las ovejas, que dio su sangre por ellas al entregar su propia vida”.

El Beato Manuel González se impregnó totalmente de su Divino Maestro y se configuró con Cristo Redentor. Es lo que queda claro en el texto de Mons. Palmero titulado “Retrato, en diez pinceladas del Beato Manuel González, Apóstol de la Eucaristía”. Con inteligencia, elegante estilo y con mucho entusiasmo por la figura de su predecesor, Don Rafael va describiendo la personalidad del Obispo de la Eucaristía que lo fue también modelo de fe eucarística: “Don Manuel no solo creyó firmemente en la presencia real de Jesús en la Eucaristía, sino que supo predicarlo, de palabra y por escrito, animando a todos a practicar y vivir esta enseñanza”. Y cita palabras del Beato: “Yo no quiero ser el obispo de la sabiduría, ni de la actividad, ni de los pobres, ni de los ricos, yo no quiero ser más que el Obispo del Sagrario abandonado”.

Obispo de ayer y de siempre es otra pincelada: “Con su doctrina eucarística respecto a la Misa y Comunión se anticipó en muchos años a la enseñanza y praxis de décadas posteriores”. Y “desde el silencio de un sarcófago de piedra colocado bajo la mesa románica del altar, sus huesos después de muerto, lo mismo que su corazón y sus labios en vida, siguen animándonos a vivir como él vivió, reflejando en nuestras vidas el buen olor de Cristo Eucaristía”.

D. Rafael recuerda que fue el Beato “Catequista y formador de catequistas”, a quienes les decía: “!Maestros! Sois los reparadores de alma del niño, pero no cumpliréis solamente enseñando el Catecismo, hay que reparar prácticamente la piedad. Hay que formar muchachos que sepan ir a visitar a Jesús, a sentir a Jesús, a enamorarse de Jesús. Nada se resiste al apostolado del amor”.

Imposible resumir aquí toda la conferencia que también señala al Beato como pastor bueno, maestro del silencio, de la oración, la contemplación y la cruz o como apóstol de la acción social.

Una conferencia que vale la pena leerla y ¡cómo no! ponerla en práctica.

Por José Alberto Rugeles Martínez

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