Revista Ecclesia » El barco de Open Arms también tiene capellán
Foto de Jesús Hellín
Internacional Última hora

El barco de Open Arms también tiene capellán

El velero Astral de la ONG Open Arms, que se encuentra en su 85 misión de observación y vigilancia y que ha conseguido poner a salvo a 72 personas en su última operación, también lleva a bordo a Luigi Usubelli, sacerdote que se ocupa de la comunidad italiana en Cataluña y que explica a EFE que ahora también es «pescador de hombres» en el Mediterráneo central.

El «capellán» del Astral se ha convertido en el primer sacerdote que participa en misiones de rescate en el Mediterráneo central tras recibir la autorización del obispo de Bérgamo, Franceso Beschi, y del arzobispo de Barcelona, cardenal Juan José Omella, además de la del Vaticano por parte de Fabio Baggio, subsecretario de la Sección de Migrantes.

Autorización y apoyo

En una entrevista a EFE desde el velero, destaca que no sólo tuvo la «autorización» sino también el «apoyo» de sus superiores por lo que se subió a este velero «representando a la Iglesia católica y a si mismo» y afirma: «Aunque hay una Iglesia comprometida con este relato evangélico de la acogida, a algunos les cuesta más, pero son a esos a los que más quiero».

«Espero que mis hermanos y hermanas de la fe y de otras religiones puedan seguir este camino que Jesús nos enseñó hace 2000 años», apunta.

Este sacerdote, que se volcó durante el atentado de las Ramblas en 2017 con la comunidad italiana en Barcelona, afirma que la metáfora de ser «pescador de hombres» es «una frase muy bonita del evangelio y que pone un objetivo muy alto».

«Fui extranjero y me acogiste»

«Pienso que todos tenemos que ser pescadores de hombres. Tenemos que pescar la humanidad dentro de nosotros. Si no sabemos hacer esto. ¿Para qué vivimos?. ¿De qué sirve la vida?. Una vida deshumanizada no sirve de nada. Hay que ‘salir a pescar’», subraya.
Lo que le impulsó a subirse a un barco de rescate de migrantes fue la frase de Jesús: «Fui extranjero y me acogiste» y agrega: «Es lo mínimo que puedo hacer y mis maestros en la fe que fueron mis padres que me enseñaron siempre la acogida».

Aunque su misión humanitaria y pastoral esta vez durará poco, ya que una avería hará que el Astral concluya anticipadamente sus operaciones, pudo asistir a un rescate cuando avistaron este miércoles una barcaza de madera con cerca 70 migrantes hacinados a bordo, entre ellos cuatro niños y seis mujeres.

Admiración

«Justo ayer, vi con mis ojos, lo que he visto mil veces en la televisión y cambia completamente lo virtual de lo real. Empiezas a sentir las entrañas que se mueven. Algo dentro de ti se mueve y te dice que esto no puede ser así. Que somos todos hermanos y hermanas y nadie puede quedarse con las manos cruzadas», explica.

Destaca que en esos momentos, cuando la tripulación del Astral se lanzó a ayudar con chalecos salvavidas a los migrantes y movió los hilos para que fueran conducidos a Italia por la Guardia de Finanza, sintió «una gran admiración por los que han pensado en esta forma de rescate y de testimonio cada día».

«Estoy en el último lugar»

Sonríe cuando se le pregunta cuál es su misión en el barco: «Estorbar lo menos posible a esta tripulación».

«Normalmente soy yo quien organizo, doy las directivas. Esta vez estoy en el último lugar y esto me ha ayudado mucho porque así lo hace Dios. Dios ve las cosas desde los rincones más bajos de la historia».

En la última misión, el Astral llevó a cabo once intervenciones y salvó la vida a 221 migrantes. Esta vez la misión ha durado poco, pero habrá otras a las que se podrá sumar don Luigi.



O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA

Cada semana, en tu casa