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Iglesia en España

El arzobispo Fernando Sebastián reflexiona sobre el Concilio Vaticano II y España

El arzobispo Fernando Sebastián reflexiona sobre el Concilio Vaticano II y España

Ponencia testimonial del Arzobispo Don Fernando Sebastián en las Jornadas Nacionales de Liturgia de Cáceres

Por considerarla de mucho interés para entender la historia de la Iglesia española del último cuarto del siglo XX, publicamos las notas que tomamos de la conferencia del Arzobispo emérito de Pamplona y Obispo emérito de Tudela, Mons. Fernando Sebastián Aguilar, en las Jornadas Nacionales de Liturgia celebradas en Cáceres del 22 al 25 de octubre, organizadas por la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española.

 ¿Qué significó el Concilio para la Iglesia Española de aquél tiempo?. No quiero hacer juicios ni sobre la Iglesia de entonces ni sobre la de ahora. Tengo gran veneración por la Iglesia española de los mártires. Con aquellos que tenían una firmeza de Fe. Con una firmeza que tal vez ahora no tendríamos.

A mí me ordenaron en el año 1953, y la mayoría de los profesores claretianos los habían martirizado. Fui con 24 a Lovaina. En dos años de estudio en Roma yo no percibí nada. Estudié en el Angelicum.  El año de Lovaina oí a Philips, uno de los redactores de la Lumen Gentium, y a otros grandes y famosos pensadores.

La Iglesia española era sana pero aislada e inmovilizada. Al volver del extranjero sentía un malestar grande. No había variedades de opinión ni en lo político ni en lo religioso. Todo muy predeterminado. Las controversias eran sobre Mariología, grandes cuestiones así, pero sin salir de los escolásticos. No podíamos leer Unamuno u Ortega y Gasset. Vivíamos en un clima aislado y muy proteccionista.

La primera impresión del Concilio, al ser convocado fue de sorpresa. Se entraba en una especie de explosión de vitalidad. Unos lo vivieron con esperanza y otros con temor. Para unos, alivio: algunas cosas van a cambiar, algunas cosas vamos a revisar. Pero una sensación de incertidumbre. Algunos decían que el Concilio sería como el Sínodo de Roma y eso preocupaba.

Los esquemas preparados no daban esperanza. Tanto que de ciento y pico esquemas preparados por la Comisión Preparatoria, solo uno fue aceptado por los padres del concilio.

Dicho esto, paso a exponer mis experiencias ante el concilio como cristiano, como religioso, como sacerdote y como profesor.

a.- Como cristiano. En primer lugar los cristianos de los años 50-60 vivían muy tranquilos. La sociedad española al ser muy aislada, no sabía lo que pasaba en Europa. Pero fuimos los sacerdotes y los religiosos los primeros que pudimos viajar al extranjero. Las diócesis y las congregaciones religiosas mandaban a estudiantes españoles a estudiar fuera. Y ese fue un factor determinante para la evolución tanto civil como eclesiástica. Yo percibí que la Iglesia española estaba atrapada por el régimen de Franco. Y yo no soy antifranquista. Al principio el régimen fue un refugio para la Iglesia, pero luego fue atrapada por el régimen y no podía hacer nada que disgustase al régimen. El estar protegida y cautivada por el régimen hacía que estuviésemos aislados. Teníamos que ir personalmente a la frontera a buscar los libros que no se podían adquirir en España. Y nos preguntábamos que íbamos a hacer pastoralmente con los vencidos en la contienda del 36.

Había que liberarse del régimen. Había que evitar los nombramientos con el visto bueno de Franco. Había que hacer algo además para que se reconciliase el país y darle los derechos políticos a los vencidos. Y había que ofrecer un diálogo con los vencidos. ¿Cómo preparar el primer encuentro evangelizador de la Iglesia con la izquierda?. Y eso no se entendía. Se nos acusaba de rojos, pero no era eso. Teníamos gratitud al Franquismo, pero eso no nos debía impedir tratar pastoralmente a la otra España.

En los años previos al Concilio vivimos con gran gratitud la reforma de la Liturgia de Pío XII. Vivimos en 1953 el Concordato con la Santa Sede. Lo padecimos como un concordato anacrónico pues la sociedad española no era homogéneamente católica.

b. Como religioso: percibía dolorosamente el aislamiento del resto de la Iglesia. Me veía aislado del resto de la Iglesia. No se vivía la Eclesialidad profunda de la vida religiosa.  Eramos muy del Papa, pero pasábamos olímpicamente de los Obispos y de las diócesis. Vivir lo que era la vida religiosa… no. Los mayores nos veían como avanzados. Y los jóvenes como muy moderados. Ser conciliar era ser progresista y rebelde para algunos. La enseñanza de la Lumen Gentium, de la llamada universal a la Santidad, que viene del Bautismo, era novedad para los jóvenes religiosos. Había que explicarles esto. El valor santificador del matrimonio sin invalidar el valor de la virginidad y de la entrega religiosa. Volviendo a lo anterior, los mayores nos veían con desconfianza  y  a la vez teníamos que encausar a los jóvenes, defendiéndolos de los oportunistas y de las exageraciones, de los que querían ser siempre los más avanzados. Con los jóvenes teníamos que ser moderadores. Y para los mayores…éramos demasiado avanzados y desconfiaba adonde iríamos a parar.

c. Como sacerdote: echábamos de menos la participación en la vida diocesana por el hecho de ser religioso. Vivíamos la insuficiencia de la aplicación de la reforma litúrgica. Percibíamos la inadecuación entre vida y Fe. Vivimos la Asamblea Conjunta que fue denunciada a Roma como portadora de cinco herejías. Me llamó el P. Martín Patiño para que preparásemos la respuesta que debería ser entregada a los Obispos al comienzo de la Asamblea Plenaria y entonces yo llamé a tres especialistas, y  nos reunimos y estuvimos un fin de semana en un Parador Nacional, elaborando las respuestas, que se les entregó a los obispos, a la entrada de la asamblea plenaria el lunes siguiente.

d.- Como profesor. En 1967 ingresé en la Pontificia de Salamanca. Al acabar el 68, el Rector nos dijo a Olegario y a mí que en el curso 69-70 no habría clases para nosotros.  Y hubo huelga porque nos quitaban a Olegario y a mí. Y lo que enseñábamos era la  Teología sana y buena, pero ya aplicada al Concilio.  En el año 69 soy excluido. En el 70 soy Decano. Y en el 71 soy Rector. Con el encargo de excluir a los quince que me habían puesto fuera. En dos años quedaba excluida la clase dirigente. Alguno murió de depresión. Para mí fue una situación muy dolorosa. Siempre tuve que calmar a los mayores. Explicarles que no era herejía. Y a los chicos decirles que no se dejaran engañar con cualquier cosa, que no había barra libre para cualquier cosa que se quiera enseñar.

Hubo pues mucha tensión de ideas. La actitud fundamental mía  tuvo que ser el discernimiento. Pues había tanta variedad que uno no sabía a qué atenerse. Porque se rompieron los causes y cada uno iba por donde quería o podía. En aquella época irrumpió en España la Teología de la Muerte de Dios, la teoría de la moral relativista. Había que velar por el futuro de los alumnos y evitar que eso tomara cuenta de ellos.

Temas difíciles que hubo que estudiar

La Colegialidad y la Eclesiología del Episcopado. Que provocada muchas suspicacias. El nuevo estilo de Teología. La Teología de la Vida Religiosa. La reforma de la Mariología. Considerar a la Virgen como miembro de la Iglesia era casi una herejía. La libertad religiosa. La relación Iglesia-Mundo. Hubo que hacer un ejercicio de paciencia con los que nos atacaban de progresistas. Como la revista Qué Pasa, y otros.

Había que enseñar a los seminaristas a entender la reforma del Concilio y a su vez liberarlos de las malas y extremistas interpretaciones de los radicales.

La Iglesia española al asumir el Concilio se vio capacitada para ser la guía moral de la sociedad española en la época de la transición.

Que objetivos eran urgentes en la Transición

a.- Fortalecer la identidad y la independencia en relación con las instituciones civiles.

b.- Defender los derechos civiles de todos los españoles.

c.- Defender la reconciliación de la sociedad, poniendo las bases de una convivencia en paz para el futuro.

Resumiendo

Nos quedan estas etapas por seguir:

1.- Tenemos que seguir fortaleciendo la identidad de nuestra Fe, que se constituye por la Fe y por los sacramentos.

2.- Tenemos que acostumbrarnos en ser una minoría en la Iglesia española.

3.- Siendo minoría tenemos que ser evangelizadores de todos los españoles. Tenemos que ponernos en movimiento de  evangelización para evangelizar y convertir a los españoles uno por uno.

4.- A la vez que nos comprometemos a convertir los españoles, debemos recuperar la cultura. No se puede ser cristiano en una cultura adversa constantemente. La cultura cristiana ayuda a los cristianos  a serlos y a esta tarea nos debemos entregar con todo ánimo y con todo el corazón.

Necesitamos tener cristianos cultos. Lo que necesitamos tener es personas cuajadas en la Fe. No una fe añadida a la existencia sino una fe que sea el eje de toda la existencia. La Fe  cristiana debe ser la columna vertebral de toda la existencia humana. Cuando tengamos un filósofo o un político que tenga su vida intensamente marcada por la Fe; cuando tengamos un pintor cuyo arte sea marcado por su Fe, cuando tengamos otros artistas así… y hagamos suscitar personalidades cristiana capaces de crear cultura cristiana, ahí entonces el marco para surgir cristianos auténticos estaría creado.  Por ejemplo un líder de barrio que fundamentado en su Fe pueda crear costumbres etc.

Es pues necesario salir callejeando la Fe, como dice el Papa Francisco.

 

Por José Alberto Rugeles Martínez

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