Revista Ecclesia » El arzobispo de Zaragoza recuerda a los fallecidos de covid en el Día del Pilar
Operarios municipales colocan la Cruz de Lorena en el manto de la Virgen del Pilar de Zaragoza donde hoy se celebró la tradicional Ofrenda de Flores, aunque más reducida, con la participación de 20.000 personas en lugar de las casi 150.000 de otros años. EFE/Javier Belver
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El arzobispo de Zaragoza recuerda a los fallecidos de covid en el Día del Pilar

«Recordamos y ponemos bajo su mantoprotector, que hoy vuelve a lucir después de tantos meses por culpa de la pandemia, a los difuntos, enfermos, convalecientes y a sus familias y a todos los que de un modo u otro lucharon contra la pandemia». Son palabras de Carlos Escribano, en su primera celebración de la Virgen del Pilar como arzobispo de Zaragoza. «Este año las celebraciones se ven restringidas por la lógica prudencia sanitaria, pero eso no quita para que vivamos esta celebración con singular intensidad», ha indicado durante la Eucaristía en la catedral zaragozana.

«La devoción a la Virgen del Pilar nos hace vibrar siempre con la cercanía de la Madre, sabedores de que su consuelo y estímulo nunca nos va a faltar. Ella irrumpe en Zaragoza a orillas del Ebro, según la venerada tradición pilarista, para animar al Apóstol Santiago a continuar evangelizando a pesar de las dificultades y el desánimo que se estaba apoderando de él y de los varones apostólicos que le acompañaban», ha expresado.

En este Año Santo Compostelano, la relación del Apóstol, patrono de España, y de la Virgen María «nos sigue alentando ante el reto de la evangelización que seguimos afrontando, con el objetivo de anunciar a nuestra sociedad la alegría del Evangelio».

Camino de Santiago y camino sinodal

En esta ocasión «el Camino Jacobeo que a tantos peregrinos reúne, se convierte en figura magnífica de otro camino que el Papa Francisco nos llama a recorrer a toda la Iglesia: el Camino Sinodal».

Coincide la celebración de este 12 de octubre «con el arranque de esa tarea: caminar juntos en un proceso de escucha para seguir construyendo una Iglesia distinta».

Así, ha comentado, el pasado 9 de octubre se celebró la apertura del Sínodo en Roma por el Santo Padre y el próximo domingo se abrirá en todas las diócesis del mundo, poniendo en marcha la fase diocesana del Sínodo.

«Es providente el hecho de que celebremos este año la Solemnidad de la Virgen del Pilar entre estos dos domingos. Apoyados en Santa María nos gustaría reproducir lo que hemos escuchado en la segunda lectura: hoy como entonces, la Iglesia está expectante junto a María, en Zaragoza y en este día, abrazados a su Pilar, con la intención de acoger el don del Espíritu en este Camino Sinodal».

Necesidad del Espíritu de Dios

Ha aludido también al Papa Francisco para afirmar: «Porque tenemos necesidad del Espíritu, del aliento siempre nuevo de Dios, que libera de toda cerrazón, revive lo que está muerto, desata las cadenas y difunde la alegría. El Espíritu Santo es Aquel que nos guía hacia donde Dios quiere, y no hacia donde nos llevarían nuestras ideas y nuestros gustos personales».

«Caminemos juntos, a la escucha del Espíritu y de la mano de Santa María que camina siempre con nosotros”, ha propuesto, agregando que “una de las claves de esa escucha del Espíritu la sugiere el Evangelio».

Además, ha explicado que «el texto evangélico habla de la grandeza de María como mujer de fe, como ejemplo de aquellos que cumplen la voluntad de Dios, entrando así en una nueva y novedosa relación de familia con el mismo Dios. La grandeza que supone su maternidad se ve engrandecida por su fe. En su maternidad, María es acogida, protección y ayuda; en su fe, María es modelo y ejemplo para todos los que queremos seguir a Cristo».

La figura de María

«La figura de María cobra especial relevancia en este arranque del Camino Sinodal» que comienza «en Roma y en todas las diócesis del mundo».

«Aquella mujer que nos narra el Evangelio, exalta ante Jesús, a su madre. Sin pretenderlo, es la capacidad que Dios tiene siempre de sorprendernos, se encuentra con una revelación en la que Jesús le dice: también tú puedes ser mi familia. La condición es la escucha y el cumplimiento de la palabra de Dios».

Así lo había asumido la Virgen. «Ella toma conciencia de que ser la Madre de Dios es un don del mismo Dios, la voluntad del Altísimo desde la eternidad. Y formula su respuesta positiva a esa revelación, a esa Palabra. El Señor apoyado en María nos muestra que podemos pertenecer a esa nueva familia engendrada desde la fe. En la escucha de la Palabra de Dios y la aceptación de su voluntad en nuestra vida nos descubrimos como familia de Dios».

Fiesta de la hispanidad

Monseñor Carlos Escribano ha mencionado la celebración, este martes, de la Fiesta de la Hispanidad, “recordando, junto a la Virgen del Pilar, a tantos países hermanos con quienes compartimos nuestra fe. Y poner a Zaragoza y a Aragón ante su patrona. Aragón y Zaragoza se presentan hoy ante ti con corazón anhelante, confiando en tu ayuda y protección para seguir creando fraternidad entre nosotros, cuidar la dignidad de todos sus ciudadanos, construir juntos el bien común y poder potenciar nuestra tierra que, como el resto de España, ha sido tan golpeada por la pandemia”.

También ha recalcado que este martes también se celebra la Fiesta Nacional de España. Ha recordado a los habitantes de la isla de La Palma, afectados por la erupción del volcán Cumbre Vieja. «Hoy es un día propicio para rezar por todas nuestras autoridades nacionales, autonómicas y locales y, singularmente, por el Jefe del Estado, Su Majestad el Rey Felipe VI», ha aseverado.

Para el bien común

«En este día de la Virgen del Pilar y de nuestra fiesta nacional quiero traer unas palabras de Benedicto XVI, el último papa que hasta ahora ha visitado España, en su visita con motivo de la JMJ de Madrid: ‘Deseo expresar mi admiración por un país tan rico de historia y cultura, por la vitalidad de su fe, que ha fructificado en tantos santos y santas de todas las épocas, en numerosos hombres y mujeres que dejando su tierra han llevado el Evangelio por todos los rincones del orbe, y en personas rectas, solidarias y bondadosas en todo su territorio’. Es un gran tesoro que ciertamente vale la pena cuidar con actitud constructiva, para el bien común de hoy y para ofrecer un horizonte al porvenir de las nuevas generaciones».

No vivir para sí

Escribano ha dicho que «el sucesor de Pedro nos recordaba la grandeza de nuestra nación y de nuestra historia, al tiempo que nos invitaba a sentirnos orgullosos de ser parte de las mismas. La identidad española se hace de hombres y mujeres que fueron capaces de no vivir para sí, sino para los demás».

«Nuestra historia y nuestra cultura son la expresión de un alma grande que no se encierra en sí misma, sino que está abierta a toda la humanidad. Al irse de nuestro país el Pontífice nos decía: España es una gran nación que, en una convivencia sanamente abierta, plural y respetuosa, sabe y puede progresar sin renunciar a su alma profundamente religiosa y católica».



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