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El arzobispo de Valencia, Carlos Osoro, propone a los consagrados ser testigos del Resucitado en el mundo

Por Antonio DIAZ TORTAJADA, sacerdote-periodista

Monseñor Carlos Osoro Sierra, arzobispo de Valencia, con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada que se celebra en la Iglesia el 2 de febrero desde 1997, propone a los consagrados una serie de propuestas, coincidiendo con el el Año de la Fe.

Tras expresar monseñor Osoro que “hay una tarea esencial en todos los consagrados, como es vivir con la conciencia clara de que ha sido Jesucristo quien os ha llamado y ha invitado a una unión más profunda con Él. Es verdad que todos los cristianos en el Bautismo renuncian a Satanás y a sus obras, y reciben las gracias necesarias para la vida cristiana y para la santidad”

Y que por “el Bautismo hemos sido injertados en Cristo. Desde ese momento en que recibimos en nuestra existencia la vida de Cristo, brotó en nosotros la gracia de la fe que nos ha permitido unirnos más y más a Dios. Pero deseo que hoy caigáis en la cuenta de lo que supone vuestra Vida Consagrada”.

Añade el arzobispo valenciano que “en el momento de la profesión o de la promesa, la fe os ha llevado a una adhesión total e incondicional al misterio de Jesucristo, cuyos tesoros habéis descubierto. Ese tesoro que es Jesucristo es quien os lleva a realizar la profesión o promesa. De tal manera que, al ver y descubrir esos tesoros, habéis renunciado en total libertad a cosas buenas, a disponer libremente de vuestra vida, a formar una familia, a acumular bienes y así poder entregaros sin reservas de ningún tipo a Cristo y a su Reino. Habéis querido que vuestra vida sea un signo claro de la presencia de Cristo Resucitado en el mundo. Recordad aquel entusiasmo y aquella decisión audaz y valiente que os llevó a iniciar una peregrinación por esta vida, confiando en la ayuda de la gracia sin más y en la certeza que os da Jesucristo de que ser signo claro de su presencia es un bien para todos los hombres”

Y concluye su carta, el arzobispo valenciano proponiendo a los consagrados una serie de subrayados para que puedan ser ser signos de la presencia de Cristo Resucitado en el mundo

“1. Dar gracias a Dios: Son muchos los hombres y mujeres que, desde la Vida Consagrada, son ejemplo permanente y suscitan en el corazón de todos los que les rodean el deseo de seguir a Cristo para siempre de modo íntimo y total. Ellos saben perseverar en medio de las dificultades reales que la cultura, el ambiente y los obstáculos de diverso tipo, plantean en la misión y en el ser signos, Pero es más grande la fuerza y más fuerte la gracia de Dios.

2. Vivir un trato íntimo con el Señor: Solamente de ese trato brota y se alimenta el poder permanecer como signos de la presencia de Cristo en medio del mundo. Nunca caigamos en la tentación de alejarnos de ese trato íntimo con el Señor, a pesar de los múltiples intereses que vengan a nuestro corazón y a nuestra vida. Cultivad la dimensión mística, es decir, mantened siempre vuestra vida unida al Señor a través de la contemplación. Haced lo que enseña la Escritura del “profeta”: primero, escucha y contempla; después, habla dejándose impregnar totalmente por el amor de Dios, con lo que nada teme y descubre que este amor es más fuerte que la muerte.

3. Ser presencia anticipada de los valores del Reino: Fijaos lo que busca y lo que entrega nuestra cultura en la que, a veces, todo se reduce al bienestar, el tener, el placer como objetivo de la vida; que exalta la libertad, pero prescinde de la verdad sobre el hombre creado a imagen y semejanza de Dios. En vosotros siempre, pero más que nunca hoy, la Vida Consagrada tiene que mostrar testigos fuertes de que hay una manera diferente de vivir con sentido. Debéis de recordar con vuestra vida que el Reino de Dios ha llegado regalando el mismo amor de Dios.

4. Ser expresión del rostro vivo del amor de Dios y, al mismo tiempo, hablar de Dios: Para ello conservad el corazón y la mirada fijos en el Señor, de tal modo que todos los miembros de la Vida Consagrada, en las múltiples maneras que la Iglesia aprueba para vivir la consagración, entreguéis con vuestras obras y con la donación de vosotros mismos ese mismo amor de Dios que acogéis en vuestras vidas.

5. Vivir vuestra libertad con la originalidad de Cristo: No busquéis otras originalidades. Habéis sido llamados por el Señor y, libre y voluntariamente, os lanzáis a anunciar el Evangelio con la originalidad propia de vuestro carisma. Sed emprendedores, audaces, con la imaginación que en Jesucristo encontraron vuestros fundadores. Sed generosos. Vigilad las influencias que puedan venir del mundo y vivid siempre desde el primado del amor a Dios y al prójimo.

6. Vivid con fuerza la comunión con la Iglesia: Tal y como el Concilio Vaticano II y el Magisterio de la Iglesia nos pide”.

 



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