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El arzobispo de Valencia, Carlos Osoro, escribe sobre el Corazón de Jesús

El arzobispo de Valencia, Carlos Osoro,  escribe sobre el Corazón de Jesús e invita a una espiritualidad y mística de “ojos abiertos”

Por Antonio DIAZ TORTAJADA, sacerdote-periodista

Monseñor Carlos Osoro Sierra, arzobispo de Valencia nos indica en su carta semanal dedicado al Sagrado Corazón de Jesús que “el corazón de Cristo nos invita a vivir la santidad y a ir por todos los caminos que tiene el hombre con el ímpetu de la nueva evangelización, que crea formas de vida dignas del hombre y, ciertamente, la “civilización del amor”.

“La fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, dice monseñor Osoro, nos trae a la memoria muchos momentos de la vida del Señor en los que se nos manifiesta, claramente, cómo nuestra vida tiene que ser un eco permanente de la llamada que Él nos hace para caminar por esta historia, movilizando todas las energías que nacen de nuestro bautismo, es decir, de haber sido engendrados a una vida nueva en Cristo”.

“Cuando nos acercamos a Jesucristo, contemplando su corazón, dice el arzobispo, y nos dejamos contagiar por su ritmo, las palpitaciones son de tal calado en nuestra vida que los males del materialismo, consumismo y secularismo quedan rotos, malparados y aniquilados. Los hombres y mujeres, con el dinamismo del corazón de Cristo, transforman este mundo. Tengamos la valentía de buscar siempre vivir en la comunión y con la misión que el Señor nos ha entregado al darnos su vida.

“Todos tenemos una tarea, añade más adelante, en la misión de anunciar que “el reino de Dios está cerca” Pero todos sabemos que será imposible anunciarlo con un corazón cuyos latidos son fruto de nuestras fuerzas personales. Entrar en todas las situaciones de nuestra convivencia diaria anunciando a Jesucristo, solamente se puede hacer desde una comunión viva con Él. Así podemos entrar, también, en todos los ambientes del mundo para transformarlos: la cultura, la economía, la política, las ciencias, el arte, la familia, la educación, el trabajo… Sí, urge entrar en ellos. Corazones palpitando al ritmo de Cristo son los que tienen el dinamismo evangélico para ser sal y luz en esta historia. La fuente de la animación cristiana de este mundo se encuentra en la unión de cada cristiano con Cristo. ¿Cómo es y cómo cultivamos esa unión-comunión con Cristo?”

Después que el arzobispo valenciano nos indica que para entrar en el dinamismo de la “nueva evangelización” se precisa una gran dosis de osadía y de impulso creativo, pero, sobre todo, se necesitan hombres y mujeres con una fe vivida, añade que “tener el corazón de Nuestro Señor Jesucristo supone expresar con palabras el misterio cristiano y proclamarlo. Así entra en el corazón de cada persona y del pueblo, de tal manera que viva manifestando y pregonando por todos los rincones que Cristo es el Hijo de Dios, el Salvador, que ha resucitado y es el centro de la creación y de la historia humana. De este modo, la fe recibida en el corazón de cada persona se expresa en una cultura impregnada por el espíritu evangélico, que es el espíritu de las bienaventuranzas y del mandamiento del amor”.

Mas adelante nos subraya la “tarea” e “invita” a convertirnos “en recipientes que contengamos el amor de Dios”. “El rostro verdadero de ese amor y quien nos lo ha manifestado y revelado es Cristo, dice monseñor Carlos Osoro. “Hemos sido llamados a ser recipientes o vasijas que se llenan del amor verdadero que es Cristo”

“La fiesta del Sagrado Corazón nos recuerda de qué tiene que estar lleno nuestro corazón. Es una especie de intercambio, pues ese amor que se recibe y se da o se devuelve siempre a todos los hombres, es un amor que nunca se gasta, es un manantial permanente porque viene de Dios mismo. De ahí, la urgencia de encontrarse con quien nos revela su amor, porque Él mismo lo es, y nos lo regala y lo pone en nuestro corazón. Si no hacemos propio el amor de Jesucristo, si es que no hacemos nuestro su corazón con sus medidas reales, no podemos asumir el reto que tiene la Iglesia, el de la “nueva evangelización”, y ayudar al hombre de nuestro tiempo a experimentar y construir toda esta historia con las medidas del amor del Señor. ¿Cómo hacer posible que todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que están sedientos de algo que vaya más allá de lo inmediato, se encuentren con el amor de Cristo que viene siempre a ellos? Diciendo y mostrando que “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4, 4). Por eso, para poder vivir la experiencia de un amor que nos invade, hemos de tener espacios nuevos para el silencio, la oración, la contemplación, para volver a los sacramentos especialmente la Eucaristía y la Penitencia, como fuentes de amor, de libertad y de esperanza”.

Concluye su carta semanal el arzobispo de Valencia afirmando que “una de las características de quien palpita al unísono con el corazón de Cristo es el tener una mística que yo llamo `de los ojos abiertos´, es decir, que le lleva a vivir la presencia del misterio de Dios manifestado en Cristo y que recorre todos los entramados de la historia de los hombres, viendo esa presencia y la necesidad de acercar el amor de Dios a algunos de los rincones de vidas humanas y de la historia. Vivir palpitando con el corazón de Cristo nos hace descubrir que toda la realidad está llena de la presencia de Dios y que donde se juega, aunque sea un ápice, el destino humano, allí hay necesidad del corazón de Cristo para expresar su amor. Dios, que se hizo hombre, estuvo en esta historia al lado de los hombres, codo a codo con ellos, y participó de sus problemas y de sus creencias. Mostró su corazón en el que todos tenían un hueco para acogerse a su amor. Él es quien nos contagia, también, a tener un corazón con sus medidas, que vive atento y diciendo como Él a los demás: ¿qué quieres que haga por ti?”

 



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