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El arzobispo Dal Toso: «Para el Papa, la contribución de las OMP a la misión universal de la Iglesia es muy valiosa»

«El corazón de las OMP late allí donde late el corazón de la Iglesia». Con esta expresión el arzobispo Giampietro Dal Toso, presidente de las Obras Misionales Pontificias (OMP) y secretario adjunto de la Congregación para el Evangelización de los Pueblos, comenta en una entrevista con la Agencia Fides el mensaje que el Papa Francisco ha enviado a las OMP. El mensaje fue recibido por las OMP «con estupor y gratitud», como un llamamiento que «quiere ayudar a que las Obras se renueven, redescubriendo su esencia original». «El Papa invita a las OMP a vivir la originalidad de su carisma, para una Iglesia verdaderamente misionera», observa Dal Toso.

—¿Cómo han recibido las OMP el mensaje del Papa?
Con estupor y gratitud. Me alegré cuando supe de la intención del Papa de enviar un mensaje a las Obras Misionales Pontificias. Además, como él mismo escribe, su deseo era visitarnos durante nuestra Asamblea General, que se tenía que celebrar en estos días, pero desafortunadamente tuvimos que suspenderla debido a la pandemia aun en curso. En primer lugar, leo todo esto como un signo de atención especial hacia esta institución que tiene casi 200 años de historia y que ha hecho mucho bien a la Iglesia: sin las OMP, la misión evangelizadora de la Iglesia, especialmente en los últimos cien años, no habría tenido los frutos que vemos ahora. Por lo tanto, para mí el Mensaje del Papa es motivo de gratitud y, al mismo tiempo, de reflexión sobre los desafíos que tenemos por delante y que el Papa ha indicado oportunamente. No olvidemos que las OMP son una red universal, con aproximadamente 120 direcciones nacionales y responsables en cada diócesis.

—El mensaje toca la identidad y la naturaleza de las Obras: ¿puede esto ayudar a renovar la misión?
El papa Francisco suele decir con frecuencia que sin raíces no hay frutos. El propósito del Mensaje es exactamente el de ayudar a las Obras a renovarse, redescubriendo su esencia original. En sus discursos ante las OMP en 2017 y 2018, el Papa habló de la necesidad de esta renovación.
¿Porque? Porque el mundo y la Iglesia de hoy ya no son los de hace 50 años y, por lo tanto, esto también nos plantea la pregunta: ¿cómo hablar al cristiano de hoy y cómo realizar la misión en el mundo de hoy? Todos sabemos que el paradigma misionero ya no es necesariamente el que va de norte a sur, sino el de una comunión de la Iglesia que se apoya mutuamente en la misión, compartiendo lo que se posee. El problema no es el de cambiar de identidad —y el Papa lo dice precisamente en referencia al carisma—, sino más bien el de responder, con el carisma, a las necesidades de la Iglesia y del mundo de hoy. En repetidas ocasiones he dicho que, si el Papa Francisco pide una Iglesia misionera, también nosotros debemos preguntarnos cómo puede nuestro carisma, que es un carisma misionero, ayudar a la Iglesia en la conversión misionera.

—En su opinión, ¿cuáles son los puntos más importantes del texto?
Creo que la fe es central: estoy muy animado y alentado por el hecho de que el Papa ha colocado el carisma en el contexto de la misión, y la misión en su referencia a Cristo, y por lo tanto a la fe. La misión existe debido a la fe como adhesión personal a Cristo, tanto del misionero como de la persona que recibe la proclamación de la fe. A este respecto, la institución tiene sentido al favorecer este movimiento fundamental de Cristo hacia el hombre y viceversa. El Papa parte de esta consideración y, por ello creo que este es el punto central del Mensaje. Luego, evidentemente, hay muchos otros aspectos que son de inspiración para nosotros: la acción del Espíritu Santo, el redescubrimiento del carisma original poniendo el énfasis en la oración y la caridad; el apoyo a la Iglesia local; la característica de este carisma que los fieles viven individualmente y por tanto la participación de los bautizados en la misión de la Iglesia; el vínculo específico con el ministerio petrino, del cual somos un instrumento…

—¿Cómo cree que se pueden evitar las «insidias» mencionadas?
Siempre habrá insidias y el Papa nos anima a afrontarlas, como cualquier buen padre con un hijo. Desafortunadamente, también debo reconocer que con demasiada frecuencia se considera solo el aspecto financiero de las OMP. Pero el Papa recuerda que el carisma y la institución se pertenecen mutuamente, y siempre es necesario retomar la frescura del carisma para que la institución mantenga su función fundamental de protegerlo y hacer que su fecundidad misionera sea permanente. La renovación en curso, para la cual el Papa Francisco nos da valiosos consejos, expresa exactamente nuestro deseo de no perder la originalidad del carisma mismo y vivirlo hoy. Para ser más concretos, las OMP llevan un año reflexionando a diferentes niveles, internacional, nacional y diocesano, precisamente para entender dónde situar la renovación y cómo aplicarla. Creo que el camino indicado por el Papa Francisco, es decir, por un lado, la atención a las insidias, y por otro, el consejo para el camino, son los binarios por los cuales la renovación podrá proceder de manera segura.

—¿Qué caminos recorrerán las OMP en el futuro?
El objetivo de las OMP desde siempre ha sido ayudar a todos a vivir una fe misionera y universal. En 2022 cumpliremos 200 años de vida y en estos días hemos recibido la buena noticia de que ha sido reconocido el milagro de la fundadora de la primera Obra, Pauline Jaricot, quién dio una estructura fundacional a toda nuestra actividad. Por lo tanto, ya tenemos un camino marcado. Pensemos en lo que significa la celebración de la Jornada Mundial de las Misiones, que desde 1926 trata de involucrar a todas las parroquias del mundo en la animación misionera. Pienso en las muchas personas enfermas que ofrecen su sufrimiento por la misión en aquellos países donde las OMP trabajan con los enfermos. Pensemos en la ayuda financiera que seguimos ofreciendo, gracias a la colaboración de muchos, y de la cual quiero daros algunos ejemplos, referidos al 2019: para cada uno de los casi 25.000 seminaristas mayores de países de misión (Asia, África, Oceanía y, en parte, América Latina) aportamos una contribución de 450 dólares Usa, que en algunos países cubre casi todo el costo anual de la formación; cada circunscripción eclesial de los países de misión recibe una contribución para gastos ordinarios por un importe total de más de 27 millones de dólares Usa; financiamos proyectos de educación escolar por un valor de alrededor de 7 millones de dólares. O también pienso en el hecho de que cada año contribuimos con más de 11 millones de dólares a la formación y el sustento de los catequistas laicos, que en los territorios de misión son animadores fundamentales de las comunidades cristianas. En este momento estamos ayudando a muchas diócesis que se han quedado sin sustento debido al Covid-19. Este compromiso, material y espiritual, debe continuar, sobre todo porque son las mismas Iglesias locales quienes nos lo piden, pero en ese espíritu que el Papa ha enfatizado: el corazón de la misión es despertar la fe en la comunión de la caridad. Y me gustaría agregar que esto no puede ser un esfuerzo solo de las OMP. Este es un criterio sobre el cual estamos llamados a medir toda nuestra acción eclesial. Y el corazón de las OMP late donde late el corazón de la Iglesia.

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