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Opinión

El arzobispo Blázquez, acompañando a la JEC, en la XXXVI asamblea de la JEC

El arzobispo Blázquez, acompañando a la JEC, en la XXXVI  asamblea de la JEC

Recuerdo que fue hace años, en la sede de la Conferencia Episcopal, mientras estábamos reunidos para un encuentro de pastoral universitaria a nivel estatal. Vimos llegar al, entonces, presidente de la misma, Don Ricardo Blázquez, y quien me acompañaba subrayó la sencillez con la que entraba en el edificio, con su traje normal, discreto y sencillo, y su maletín en la mano, sin más compañía ni adorno. Se acercó a nosotros, se tomó su café de máquina y allí estuvimos hablando con cercanía de muchos temas y recordando cosas vividas juntos unos y otros. Así ha sido también su presencia en la XXXVI asamblea de la JEC (Juventud Estudiante Católica) celebrada en Valladolid, del 31 de julio al 4 de agosto.

D. Ricardo llegó con antelación a la celebración en su utilitario, sin avisar previamente, se acercó y compartió saludo amablemente con todos. Se revistió con austeridad para la celebración, nos sirvió a los sacerdotes albas y estolas para la concelebración como quien recibe en su casa; departimos de cómo había ido la asamblea y celebró una liturgia de cercanía, donde participaron los jóvenes militantes con alegría y ganas, empujados por la fuerza del espíritu que se había derramado sobre todos en esos días de reflexión, formación y trazado de las futuras líneas de acción del movimiento.

Han sido días  de intensidad teológica, eclesial, social y personal. José María Olaizola ha sido el guía del marco de reflexión para contemplar las nuevas y necesarias imágenes de Dios para el mundo actual, la  concepción y visión de Iglesia en el creyente joven, así como el análisis de los dolores de este mundo roto y la necesidad de construir un “yo” abierto a Dios,  a la Iglesia y al mundo para ser -con alegría- hijos de Dios en la vivencia de una fraternidad comprometida con el Reino que soñamos y queremos. El trabajo a partir de sus indicaciones ha sido arduo y profundo, la búsqueda e inquietud de esta cincuentena de jóvenes militantes que oscilan entre los dieciocho y treinta años ha sido luminosa y esperanzadora. Palabras claves como “escogidos, bendecidos, rotos y partidos, entregados a favor de los demás”, han ideado líneas de orientación que llenarán de vida el compromiso de jóvenes estudiantes en los institutos y las universidades de distintas diócesis –han asistido de nueve realidades-. Ahora toca la consolidación, el fortalecimiento de los grupos de revisión de vida, la extensión y la conexión con las problemáticas y sufrimientos actuales en la escuela y en el mundo, especialmente de los jóvenes.

En la asamblea estatutaria hemos vivido momentos de emoción apostólica intensa. Por una parte, se despedían de responsabilidades generales tanto la presidenta, Ana Escobar, como la ecónoma, Alejandra Villalte: jóvenes liberadas en Madrid, dedicadas en cuerpo y alma al movimiento echando de lo que tienen para vivir en los mejores años de sus vidas. Nos han hablado de cómo el movimiento y el servicio han sido cauce de salvación para ellas, que han crecido y madurado en el compromiso y en la radicalidad de ser coherentes con su fe y seguimiento de Jesús. Maravilloso ha sido también el relato de las monografías de los que se mostraban disponibles para sucederles en este servicio de entrega y animación a los jóvenes estudiantes desde la organización del movimiento. Han sido Álvaro Mota y Carmen Ledesma, de origen extremeño –de la diócesis de Mérida-Badajoz-, los que se han puesto en la mesa para ser escogidos, bendecidos, partidos y entregados-enviados por la asamblea, haciendo de su vida eucaristía. En su plena juventud, se lanzan a esta compromiso de presidir y coordinar con todo su ser esta realidad que, según contaban, habían descubierto como un tesoro. Confesaron que, por la alegría que ellos habían recibido, sentían el impulso del Espíritu, alimentado en el seguimiento de Jesús, para mostrarse disponibles en la patena de la sede para ser apóstoles incansables al servicio de los jóvenes estudiantes y de todos los que sufren en la sociedad, a través de los militantes del  movimiento en sus distintas diócesis.

En la Eucaristía, Álvaro y Carmen fueron abrazados y enviados por toda la asamblea. Pero quiero destacar el abrazo cariñoso y cercano de Don Ricardo a estos dos jóvenes, alegrándose de su disponibilidad y servicio, reconociéndolos apóstoles jóvenes para los jóvenes en los medios estudiantiles. Me emocionó que se abrazaran la sencillez del pastor -que reconocía  desde los años de profesor mío en Salamanca y otros encuentros posteriores siendo ya obispo-   y la sencillez de Carmen y Álvaro- que son un verdadero signo sacramental del valor y la riqueza que suponen los procesos vitales y creyentes de los jóvenes que pasan por este movimiento que, sin dejar de ser grano de mostaza, es verdadera levadura en medio del ambiente estudiantil y de toda la sociedad, generando esperanza y dando testimonio del resucitado.

Bendigo  a Dios por estos jóvenes coherentes, comprometidos, formados, animados y alegres que no tienen miedo al riesgo y que quieren dar la vida por lo que ellos mismos son: juventud esperanzada y esperanzadora. Si Dios quiere, cuando D. Ricardo firme su nombramiento, no lo hará sobre un nombre desconocido y frío, y cuando lo reciban ellos –y el movimiento-  veremos la firma de una pastor sencillo que estuvo  con nosotros, que se ilusionó con la gracia de la vida de estos jóvenes y que los abrazó para darles ánimos y bendecirlos apostólicamente en el envío a su misión.

José Moreno Losada. Sacerdote de Badajoz



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