Julián López
Iglesia en España

El año nuevo bajo el amparo de Santa María, por Julián, obispo de León

El año nuevo bajo el amparo de Santa María, por Julián, obispo de León

                 Queridos diocesanos:

¡Qué hermoso y estimulante es comenzar un nuevo año civil bajo la protección de la Santísima Virgen María! ¿Quién no conoce la sencilla y bella invocación mariana: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios…”? Esta plegaria parece nacida a raíz del Concilio de Éfeso (a. 431), el que definió la fe de la Iglesia sobre la maternidad divina de María y consagró, para invocarla, la expresión Theotokos, Madre de Dios. El último día de la octava de Navidad la Iglesia celebra esta fiesta de Santa María como cumbre de la conmemoración del Nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre y cuando se recuerda también la circuncisión y la imposición del nombre de Jesús -Dios salva- al Niño recién nacido (cf. Lc 2,21).  

 

La liturgia subraya, en la segunda lectura de la Misa, la necesaria colaboración de María al proclamar la afirmación del apóstol san Pablo de que Jesús nació «de una mujer» (cf. Ga 4,4). Al destacar la figura de María, verdadera Madre de quien es Dios y hombre verdadero, se nos hace ver que no se celebra una idea abstracta, sino un acontecimiento histórico y un misterio de fe: Jesucristo nació de María en lo humano, pero era una persona divina, el Verbo de Dios encarnado. Por eso su madre es la Madre de Dios, toda Santa como la proclaman los cristianos orientales. El término de la maternidad es la persona no la sola naturaleza humana. Y junto a ese título esencial de María, la fe no olvida otro igualmente importante que proclama también la plegaria “Bajo tu amparo…”: Se trata de que María es también la “siempre Virgen, gloriosa y bendita” o, como afirma la fórmula tradicional vinculada a San Ildefonso de Toledo y a la fiesta de Santa María en la Liturgia Hispánica: virgen antes del parto, virgen en el parto, y virgen después del parto”.

 

Esta fiesta de María el día primero del año posee, así mismo, un trasfondo muy sugestivo, a saber, la conveniencia de asociar el culto y la devoción a Nuestra Señora a la celebración anual de los misterios del Señor, poniéndose de manifiesto la unión de María con “lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo”. De la misma manera se facilita la contemplación de María, asociada a Cristo, como el fruto más espléndido de su obra de salvación y el modelo perfecto para todo cristiano y aun para la misma Iglesia, incentivando a la vez la confianza y el amor del pueblo cristiano que no deja de invocarla como Madre nuestra en el orden de la gracia, por voluntad del propio Señor, manifestada desde la cruz (cf. Jn 19, 26-27), y de acogerse a su ternura e intercesión.

 

Todo esto sugiere la bellísima invocación que he citado al principio. En ella se pone de relieve no solo la grandeza de María sino también su cercanía a todos los cristianos que no nos cansamos tampoco de llamarla “vida, dulzura, esperanza nuestra” y de presentarle nuestras súplicas y necesidades. Encomendémonos a ella, para que guíe nuestros pasos en el nuevo año y nos ayude a ser auténticos seguidores de su Hijo:

 Bajo tu amparo nos acogemos,

Santa Madre de Dios;

no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!

 

Con mis mejores votos para el año que comienza y mi bendición:

+ Julián, Obispo de León

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