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«El abrazo hacia una cultura del encuentro»: El homenaje de la Fundación Pablo VI a Mikel Azurmendi

«El abrazo hacia una cultura del encuentro». Con el eje central de la obra de Mikel Azurmendi, la Fundación Pablo VI homenajeó su figura bajo el lema «Un hombre de razón y corazón abiertos».

Su itinerario personal, en el que quizá su faceta más conocida sea la de cofundador del Foro de Ermua y de ¡Basta Ya! se suma al de luchador incansable por la paz y el encuentro en tierras vascas en la época más negra del terrorismo.

Pasa por sus inicios en la ETA puramente ideológica, que abandona cuando deciden utilizar la violencia, luchando ya siempre por su final, el exilio obligado de su tierra por las amenazas recibidas, y que conduce jubilosamente a toparse  —como él decía—  con el movimiento Comunión y Liberación en el que encontrará la fé renovada, seguramente no abandonada del todo desde su época de seminarista.

«El otro siempre es mi bien»

 Jesús Avezuela, director general de la Fundación Pablo VI abrió el acto con unas emotivas palabras sobre Mikel y sus circunstancias, recordando unas palabras de Cristina López Schlichting a propósito de Mikel: «El otro siempre es mi bien, que resume en una fórmula antropológica  —no olvidemos que fue profesor universitario de la materia—  un lema que ha impregnado su vida».

Un regalo inesperado

La viuda de Mikel, Irene, leyó unas palabras repletas de emoción y amor por el hombre de su vida, que explicaban desde la corta distancia la sensibilidad y la mirada siempre atenta del protagonista hacia el bien de los demás. «Fuimos el uno para el otro un gran regalo inesperado», destacando como agradecía la vida en cada instante.

El repetía «no tengáis miedo de amar, seguid a los que os hacen crecer en el amor, y de ahí vendrán milagros, quizá no los que esperáis pero sí los que necesitáis».  Concluyó señalando que terminó al final enamorado de Cristo, feliz y en paz.

Fernando Savater, Jon Juaristi e Ignacio Carbajosa

Tras un video en el que su hijo Nahiko y amigos muy próximos hablaban de cómo era Mikel, un ser humano excepcional, Fernando de Haro, moderador de la mesa redonda, fue proponiendo facetas de la personalidad y de la trayectoria vital de Mikel Azurmendi, a tres personas que le conocieron muy bien y que además son primerísimas figuras de la vida intelectual española, los catedráticos Fernando Savater, Jon Juaristi e Ignacio Carbajosa, delegado responsable en España del movimiento Comunión y Liberación, con el que se topó, como el propio Mikel decía, en los años postreros de su vida.

Fernando Savater señaló que Mikel mejoró con el tiempo, algo muy raro, porque uno no suele mejorar sino pudrirse; sin embargo, él se hizo más reflexivo, más compasivo , más maduro. Era muy fácil quererle, uno quería quererle, darle la razón. Fue adquiriendo vocación para creer.

Jon Juaristi, con el el que coincidió en la primera ETA puramente ideológica y que abandonaron cuando deciden utilizar la violencia, puso de manifiesto cómo conocieron a aquellos que querían inmolarse absurdamente por la patria vasca.

Realzó la influencia en Mikel de otro antropólogo vasco, Julio Caro Baroja, quien fue un ilustrado contra las ideologías, y que sin llegar a ser un positivista valoraba mucho el dato concreto pero sin hipótesis taxativas y que resumía en aquello de «si usted cree, crea, pero crea poquito». Al final de sus días, en su visión del otro como un bien para Mikel el otro era el rostro de Dios.

Ignacio Carbajosa puso de manifiesto como Mikel hizo un camino de conversión paradigmático, tenía una inmensa capacidad de abrazo. Para él Mikel vuelve sobre su historia, como él decía «me di de bruces con una tribu que desafía a mi razón», refiriéndose al movimiento Comunión y Liberación, gente que no hace un discurso lógico, y él en el capítulo final de su último libro, «El abrazo: hacia una cultura del encuentro», desafía un dogma de la sociología.

«Tú no te puedes dejar tocar por el objeto de análisis y sin embargo él lo hizo». El contacto directo con los drogodependientes de la Cañada Real «cuando les llevábamos bocadillos, le hizo reflexionar sobre esa realidad». En ese sentido, Jon Juaristi señaló que en la evolución intelecual de Mikel hubo un encuentro con gente muy especial, como cuenta en su libro. Se produce un fenómeno un poco paleocristiano.

Savater indicó que Mikel fue siempre un gran conversador, que buscaba siempre esa hermandad de conversación, y que permitía a los otros «caminar a hombros de gigantes», como lo fue Mikel.



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