Opinión

El 2 de febrero celebran las HH. Trinitarias de Madrid los 134 años de su fundación

El 2 de febrero celebran las HH. Trinitarias de Madrid los 134 años de su fundación

El lunes 2 de febrero de 1885 están citadas las Trinitarias y las señoras protectoras, a las ocho de la mañana, en la iglesia de la Encarnación de Madrid. Aquí desempeña el cargo de párroco de la Parroquia Ministerial del Palacio Real el P. Méndez. En el crucero, al lado izquierdo, había un altar dedicado a Nuestra Señora de las Victorias 1, donde se iba a celebrar la Eucaristía.

Esa advocación de la Virgen estaba en pleno auge desde que en su altar de Notre Dame, de París, se había fundado la Archicofradía del Corazón de María para la conversión de los pecadores. ¿Por qué ese altar y esa Virgen? La obra que comienza va paralela a la de Nuestra Señora de las Victoria, extendida ya por toda la Iglesia.

Aquel lunes amanece el cielo nublado. A las nueve se levanta el viento y a las doce se desata y comienza a llover. En algunos barrios de Madrid la lluvia se mezcla con la nieve hasta las nueve de la noche 2. Al atardecer, el Manzanares revienta en una gran riada que va en aumento durante la madrugada. Por la noche se hacían señales de alarma con bocinas para prevenir a los habitantes de las viviendas situadas en las márgenes del río.

“Aún no eran las ocho de la mañana –leemos en un relato-, y siete jovencitas 3 –que por su modo de vestir indican pertenecer a la clase media y alta de la sociedad-, corren presurosas y, apenas sacudida la nieve, entran en la iglesia de la Encarnación y postradas ante el altar de Nuestra Señora de las Victorias se ponen en fervorosa oración. El recogimiento de su vista, la modestia de su postura, indican claramente que, aunque sus cuerpos están en la tierra, tienen su pensamiento en el cielo” .

Mariana, que va a ser la primera Presidenta, escribe así los recuerdos de aquellas horas:

“Se dio principio a tan hermoso día celebrando el Sr. Méndez, a las ocho de la mañana, el santo sacrificio de la misa con tal fervor y unción que hacía participantes de su piedad a las seis jóvenes que iban a tomar parte activa en la Obra y a las señoras invitadas a su cooperación. Dicha misa se celebró en el altar de Nuestra Señora de las Victoria, en la iglesia de la Encarnación, donde se recibió la Sagrada Comunión”.

En uno de los relatos del Fundador se profundiza en la finalidad teológica de esa eucaristía y de su advocación mariana. Se trataba de una elección divina, de una Obra muy ardua, de una lucha abierta contra muchos poderes de este mundo. Por la fortaleza, inyectada a través del Sacramento, y por la intercesión de la Virgen llegaría la victoria.

“… Las que habían de empezar dentro de pocas horas la Obra Trinitaria… comprendiendo lo arduo de la empresa, acudían a pedir las fuerzas necesarias a donde únicamente se encuentran. Por eso –oída con devoción la santa misa que en dicho altar se celebró para este fin, y recibida la Sagrada Eucaristía, después de dar gracias a Dios por el señalado favor que las hacía, eligiéndolas para ser las primeras en empresa de tanto valor –pidieron a la Santísima Virgen su protección, esperando confiadamente les concediera la victoria sobre el demonio y les alcanzara el feliz resultado, si era la Obra conforme la voluntad divina”. (…)

Una Trinitaria
Q.E.M.P.

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